Sex, drugs and R&R (II)

Segunda entrega de la conferencia.

Un judío con cara de acelga y con un talento tan evidente como atípico le cambiará la cara al folk, un movimiento algo artificial que buscará recuperar el blues rural y, sobre todo, el country antiguo dotando a la fórmula de una ideología izquierdista. Por fin, era el momento de Woody Guthrie y de Pete Seeger.



Se puede argumentar que el éxito masivo de los Beatles y el impacto comercial de Bob Dylan pusieron la dignidad artística del R&R a salvo. Pasó de ser un entretenimiento neutro sólo para adolescentes para convertirse en una propuesta más ambiciosa. De hecho, es la culminación de algo que la música lleva intentando desde principios de siglo, dirigirse al pueblo. Cuando a principios de siglo Richard Strauss dirigió una orquesta en la azotea de unos grandes almacenes de Nueva York, y recibió grandes críticas por ello, sólo estaba escenificando el ansia de los músicos por salir de las salas de concierto, de los salones burgueses.

Para las jerarquías dominantes este movimiento era muy peligroso, sobre todo en potencia. Que el arte fuera popular significaba que perdían el monopolio de la cultura y, con ello, un elemento de poder.

¿Cómo fue la relación de Dylan y los Beatles con el sexo y las drogas? ¿Justificaba el miedo de las jerarquías dominantes? En término de alarma social, la verdad es que no. Estaba claro, como ha quedado más que demostrado, que por escuchar a Dylan o los Beatles no te convertías, ni te conviertes ahora, en un fornicador o en un politoxicomano, sino en algo más problemático. Lo dijo Springsteen hace unos años, Elvis nos liberó el cuerpo, Dylan la mente. Si prestabas atención a las letras podías ponerte a pensar por ti mismo y a cuetsionar la autoridad. Uno de los muchos elementos que conformaron la placenta de mayo del 68 fue, sin ninguna duda, el R&R. Está claro que la solemne proclamación de que los tiempos están cambiando, “The times they are a-changin'”, hacía que la juventud tuviera claro que no quería repetir los esquemas de sus mayores. “No quiero ser como mi padre” es un mantra que se repetía esos años con una cierta frecuencia. En ese planteamiento rupturista sí que tenía espacio una relación más apasionada con el sexo y las drogas. Hubo, por lo menos, dos maneras de enfrentarse a ambos elementos.




Esta noche, la tercera parte.

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