País de opinadores

En el año 1979 le ofrecieron a Bruce Springsteen participar en un festival benéfico contra la energía nuclear. Se llamó “No nukes” y fue uno de los hitos de la época. Bruce aceptó y dio uno de los conciertos más importantes de su vida. Esa fue la primera vez que se editó de manera oficial un directo de Bruce y su E Street Band. Sólo fueron unas canciones aunque fue algo memorable por la negativa de Bruce de publicar álbumes en vivo en aquella parte de su carrera. Esa postura provocó que el mayor número de discos piratas de la historia sean conciertos de Bruce Springsteen. De hecho, mis únicos discos piratas pertenecen a grabaciones del roquero de Freehold, Nueva Jersey.


Ese concierto del “No nukes” fue un punto de inflexión para Bruce por otra cosa. Era la primera vez que tomaba una postura claramente política, algo que es más habitual ahora para él. Esa fue la gran duda de Bruce, no sabía si quería adoptar una posición tan clara y estuvo pensándose si meterse en ese corral. Principalmente, lo que Bruce sentía era un enorme inseguridad porque no se sentía cualificado para expresar su punto de vista sobre el tema. Al final, se limitó a dar el concierto y no hizo ningún tipo de comentario.



Ya había publicado cinco discos y tenía 30 años.



En este país nadie o casi nadie tiene los melindres que Bruce demostró hace tres décadas. Todo el mundo cree que puede opinar de todo. Cuanto más serio es el asunto con más facilidad vemos al famoso de turno vomitar sus tonterías. Ya lo dijo Harry el Sucio: “Las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene una”. No es malo que tengamos opiniones, como no es malo que tengamos culo. El problema es que no tenemos que ver el culo de la gente y tampoco tenemos que saber sus opiniones.

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