Estos son mis principios (de momento)

Como corresponde a una bitácora veterana como esta, existen una serie de temas que me interesan que he ido tratando más o menos desde siempre. He reflexionado mucho sobre el paso del tiempo, como corresponde a personas de mi edad. Esta humilde bitácora empezó a publicarse cuando tenía 34 años y ahora tengo 40. Hoy, de nuevo como corresponde a mi edad, he empezado a escribir sobre el miedo, emoción que no conocía del todo bien y ahora tengo que manejar lo mejor que pueda. Ha habido entradas sobre política, música, cine, relaciones interpersonales, filosofía de barra de bar, mi vida e, incluso, alguna que bebía de las fuentes de la conspiranoia más miope.

Hay un tema que ya no volveré a tratar. En parte, porque me aburre cada vez más, aunque en otro tiempo me apasionó. Sobre todo, porque mi posición está ya prácticamente fijada.

Es la situación de la industria de la música.

La última pieza que quedaba para completar el puzzle la encontré el otro día en el blog de Julio de la Rosa.

Julio de la Rosa es un músico de talento. Ya lo probó al frente de El Hombre Burbuja y ahora lo confirma con su carrera en solitario. Es autor, además, de alguna que otra banda sonora y ha publicado un par de libros. Sus letras rompen el aburrido paisaje del pop para adentrarse en territorios más lejanos y prácticamente inexpugnables para sus compañeros de generación. La autoparodia, el humor, el cinismo.... Baste este vídeo para demostrarlo.






Me parece que en el texto de Julio de la Rosa hay mucho con lo que estoy de acuerdo. Es lúcido y racional. Da en el centro de la diana varias veces, como cuando afirma que los intermediarios siempre existirán, y es bueno que existan. O cuando explica el círculo vicioso en el que están metidas las discográficas en la actualidad.

Pienso que las discográficas en su conjunto funcionaron muy bien durante muchos años. Casi podríamos decir que durante todo el siglo XX. Sin embargo, hoy es el sector más retrógado de la industria del ocio. Todavía están anclados en conceptos de propaganda y distribución de hace 20 años. Hablo sobre todo de las multinacionales. No se han adaptado a la realidad del mp3, al Youtube, al P2P. Vieron el progreso como un enemigo, quisieron preservar su negocio en una urna, dejarlo inmutable. Y ya sabemos lo que pasa cuando remas contra la corriente del tiempo. Curiosamente, la industria editorial ha reaccionado mejor a la realidad del libro digital. Quizá porque han aprendido del fracaso de las discográficas.

Los únicos cambios que han acometido las discográficas han sido por obligación. La cuenta de resultados declina, recorto en personal. Es el ABC del capitalismo. Se han limitado a crear unas divisiones digitales a las que han exigido resultados desde el primer momento sin aportar recursos. Han creido que la revolución del mp3 iba a ser como la del CD. Que un formato iba, poco a poco, a sustituir al otro sin sobresaltos y sin cambiar las cosas. No han entendido las posibilidades nuevas que ofrecía el mp3. Y siguen sin darse cuenta del todo.

La industria musical está sufriendo una purga. En el mejor estilo del capitalismo, además. Adáptate o muere, ya no hay otra. Quiero pensar que al final se quedarán los mejores, por eso pienso que esta crisis, que ya lleva una década, es una buena noticia. Cada vez estoy más convencido de ello.

Hay un efecto colateral que sí me preocupa. Una de las conquistas del siglo XX es el derecho de la propiedad intelectual. En el siglo XXI esa conquista está en entredicho o está mal interpretada. Además, se ha parado su evolución. Cuando la industria tiraba mantequilla al techo, el derecho de la propiedad intelectual no se cuestionaba. Tampoco se desarrolló, lo que ha traido los problemas que hay ahora. La ley española apenas es de unos artículos, no está nada detallada. Recoge principios pero no da pautas para hacer reglamentos adaptados a los tiempos. En la actualidad, hay quien niega la existencia de ese derecho o quien lo quiere exarcebar. Es el mismo cuento de siempre. No hay dinero, saquemos de donde hay.

¿Derechos de autor? Sí, por supuesto. Bien explicados. Y justos.
¿El futuro? Brillantísimo, una vez que sobrevivamos al presente.
¿Las discográficas? Reconvertidas por completo. O sustituidas por otros organismos.

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