Miedo



"Yo no necesito que me convenzan de que la vida da miedo. 
Tengo cuarenta y cuatro años y todo ha resultado ya suficientemente terrorífico, no necesito que nadie intente arrancarme de mi complacencia"
Nick Hornby - "31 canciones" (2003)


 Desde hace unos pocos años lo paso mal cada vez que viajo en avión. Era una experiencia totalmente inocua, indolora, inodora cuando era un chaval. Las turbulencias sólo significaban que no podía ir al servicio en un rato. El momento del despegue era divertido. Estar metido en un tubo de acero vacío por dentro durante 13 horas y sobre el Atlántico no suponía para mí ningún trauma.

No es lo único que me da miedo y que antes me producía indiferencia. Según voy cumpliendo años mis temores se van haciendo más reales.  La experiencia me ha demostrado que lo malo puede pasar y me lo represento continuamente. Cuando era veinteañero ya lo comprendía perfectamente y, aún así, no anticipaba desastres todo el rato.

Está claro que la gota malaya que es el paso del tiempo ha modificado en mí la habilidad de lidiar con el miedo. La solución sigue siendo la misma. No se trata de ser un inconsciente, se trata de darse cuenta que no todo lo que puede salir como el culo va a salir como el culo. La vida está repleta de cambios y esos cambios no tienen por qué ser a peor. Envidiar el vientre plano que tenías con 16 años no te sirve de nada. Sobre todo porque te olvidas de los desgraciado que te sentías por tener la frente arrasada de acné.

La gestión que hago del miedo es deficiente. Esa es mi mayor asignatura pendiente para los próximos años.


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