Los súper tacañones

La semana pasada adquirí el Nº 41 de Mondo Brutto, el último en llegar a las tiendas. Ahora cuesta 10 euros y parece que viene con más páginas. De hecho, hay un reportaje-río sobre el cine negro español de los 40 a los 70 que casi, casi, podría ser un libro. Como siempre, el contenido bascula entre lo muy interesante y lo muy "brutto". Siempre es una buena compra.

Hay un par de reportajes con dos personajes, a los que no voy a nombrar, ya veteranos del mundo de la música y los medios. Me caen bien, más o menos. Aún así, no tengo más remedio que ponerlos en la categoría de los súper tacañones.

A mí me pasa un poco lo mismo que a ellos. Hay un salto cronológico entre un servidor y muchas de las personas con las que me relaciono en mi entorno laboral. Inevitablemente, tiendo a ejercer el paternalismo con esa gente. A veces lo hago con gracia, otras con mala leche. También suelo menospreciar sus logros empezando siempre con la frase "Cuando yo yenía tu edad, las cosas eran distintas..."

Eso es un súper tacañón. Yo estoy a tiempo de corregirme. De hecho, esta entrada es un paso en la buena dirección. Los personajes del MB 41 a los que me refiero están más allá de toda salvación. Cuentan, o les hacen contar, batallitas de sus logros de hace un par de décadas y parece que hacían un trabajo casi fundamental para la cultura de este país. Suerte que sólo tenemos la memoria selectiva para juzgar lo que hacían cuando eran jóvenes. No quedarían tan bien parados como ellos creen si pudiéramos juzgarles con los ojos de hoy, me temo.

Ejercer de súper tacañones les funciona como terapia para conjurar los efectos nocivos del paso del tiempo. Vuelven a ser más jóvenes por unos instantes. En no pocas ocasiones, les asiste bastante parte de razón y suelen atinar con los diagnósticos. No está en mi ánimo ser desconsiderado con un súper tacañón. Mi única intención con estas líneas era la de señalar su existencia.

Nada más.

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