martes, 31 de agosto de 2010

¿Qué se puede esperar?

Existe, aquí y ahora, en este país en el que vivo, España, un sentimiento de desarraigo bastante pronunciado. Es de distintos tipos. Por un lado, la periferia no se siente "cómoda" en este estado nación. Y, también, hay una parte de los ciudadanos que tampoco se sienten "cómodos" por culpa del gobierno. En resumen, es muy habitual, en el momento presente, hablar mal de España.

No voy a ser una excepción. Yo también lo haré, con alguna diferencia, eso sí. Eso de usar la versión propia de la historia como arma arrojadiza no va conmigo. Tampoco voy a hablar de política.

El tema de esta entrada es Miguel de Cervantes.


Este señor fue un héroe de acción que revolucionó para siempre la literatura creando el concepto de novela tal y como lo entendemos hoy, casi 500 años después de su muerte. Ojo, he dicho que fue un héroe de acción. O sea, es como si Jean Claude Van Damme se llevara el Nobel de Literatura. Como si Borges hubiera sido, además del autor de "El Aleph", el matón más peligroso de los arrabales de Buenos Aires en la encrucijada de los siglos XIX y XX.

Fue soldado. No sólo combatió en Lepanto, sino que siguió bajo el mando de Ponce de Léon unos cuantos años más. Fue cortesano en Italia, preso en Argel, de donde intentó escapar cuatro veces, estuvo dos veces en la cárcel, fue recaudador de impuestos, sufrió fracasos matrimoniales y, cuando al fin tuvo éxito, con la primera parte de El Quijote, un indeseable se inventó una continuación apócrifa de su más famosa creación. Eso fue el extraño caso del Quijote de Avellaneda, detrás del cual se cree que estuvo, directa o indirectamente, Lope de Vega.

Aquí quería llegar.

A Lope.




Se va a estrenar, esta misma semana, un película sobre Lope de Vega, el renovador del teatro español. Por lo que he podido saber se centra en la juventud del personaje y, sobre todo, en sus líos de alcoba. Puede ser un buen material, por lo menos no habrá que fabular porque está más o menos documentado que el llamado Fénix de los Ingenios era, en sus años mozos, lo que conocemos como... un... "picha brava".

Con Shakespeare sí que hubo que inventarse cosas y, aún así, la película tuvo cierto éxito.



Siempre pensé que faltaba una buena película épica alrdedor de la figura de Cervantes. (En realidad, creo que al cine español le falta épica: ¿Por qué no una película sobre la Batalla del Ebro?). Cuando vi en el cine que iban a estenar una sobre Lope me indigné. No me pareció del todo mal hacerle una suerte de biopic a Lope, lo que me dolió es que sigue sin haber nada sobre Cervantes. Luego me informé y resulta que sí hay dos películas, como mínimo.

"Miguel y William" y "Cervantes".

La primera es reciente, relaciona a Cervantes con Shakespeare y es una ficción sobre la disputa, ficticia, que ambos mantuvieron por una mujer. Está basada en la errónea creencia de que estos dos grandes de las letras murieron el mismo día. La base de esta confusión es que Inglaterra aún se regía por el calndario juliano y en España ya se había adoptado el gregoriano.

La segunda tiene más de 40 años y es una coproducción hispanoitalianofrancesa. El protagonista es Horst Buchholz, inolvidable por su papel en la inmortal "Uno, dos, tres". Se centra el juventud de don Miguel, repleta de acción y drama.

No he visto ninguna de las dos. La experiencia, el olfato, me advierte de que es posible que no sean lo que estoy esperando. Quizá "Cervantes" pudiera ser una opción razonable, aunque su escasa relevancia me hace sospechar.

A pesar de todo, sigo pensando:

¿Qué se puede esperar de un país que hace antes un biopic sobre Lope que sobre Cervantes?
Y, encima, tenía que ser Lope...

martes, 24 de agosto de 2010

Lírica efímera

Procede hacer una advertencia. Me gustan los Smiths, me gusta el pop intimista. Por eso voy a ser híper crítico con las canciones y los discos que hablan de emociones propias, íntimas y, para la mayoría de la humanidad, intrascendentes.



La música popular está concebida para ser devorada casi al instante. Eso no tiene nada de bueno ni nada de malo. Es así y es necesario que sea así. En el tipo de sociedades en las que vivimos desde el final de la II Guerra Mundial nada hay tan valorado como lo que se consume rápidamente. Es la base del crecimiento económico y el ritmo de los tiempos.

El pop intimista, como no podía ser de otra manera, participa de esta cualidad. Mucho más de lo que nos parece, mucho más que, sin ir más lejos, el punk. La explosión del 77 ya estaba agotada en el 78. Fue un golpe en la mesa, un recordatorio de qué se estaba haciendo mal, un antídoto para los excesos del rock progresivo y/o sinfónico.




El punk es necesario. Por eso vuelve siempre, con ropas distintas. A veces es ruido, otras silencio atronador. Siempre es un asidero para pensar diferente, para pensar por ti mismo. Eso hizo Dylan cuando proclamó que no había que seguir líderes, cuando electrificó el folk. Eso hizo Freud, cuando inventó el psicoanálisis. El punk es la base de todo, aunque sólo con la base no se hace nada. Hace falta seguir más camino. Esa es la razón por la que el punk es una estrella fugaz. Tiene que serlo, para no caer en el nihilismo.


El pop intimista NO es necesario. Antes al contrario, es contraproducente. Cumple la misma función que un caramelo. Es agradable al principio... indigesto luego. Eso es porque hablar de uno mismo es aburrido para los demás y para uno mismo. ¿Cuantos artistas ya no se creen su propio personaje? Porque repetir lo mismo disco tras disco y de la misma forma no es personalidad, es falta de recursos. Aunque algunos lo hagan tan bien como Darren Hayman, el líder de Hefner.



Bonito, sí. Lástima que todo se agote en un par de discos... Encima, tienen que ser buenos. Casi obras maestras.

sábado, 21 de agosto de 2010

Miedo



"Yo no necesito que me convenzan de que la vida da miedo. 
Tengo cuarenta y cuatro años y todo ha resultado ya suficientemente terrorífico, no necesito que nadie intente arrancarme de mi complacencia"
Nick Hornby - "31 canciones" (2003)


 Desde hace unos pocos años lo paso mal cada vez que viajo en avión. Era una experiencia totalmente inocua, indolora, inodora cuando era un chaval. Las turbulencias sólo significaban que no podía ir al servicio en un rato. El momento del despegue era divertido. Estar metido en un tubo de acero vacío por dentro durante 13 horas y sobre el Atlántico no suponía para mí ningún trauma.

No es lo único que me da miedo y que antes me producía indiferencia. Según voy cumpliendo años mis temores se van haciendo más reales.  La experiencia me ha demostrado que lo malo puede pasar y me lo represento continuamente. Cuando era veinteañero ya lo comprendía perfectamente y, aún así, no anticipaba desastres todo el rato.

Está claro que la gota malaya que es el paso del tiempo ha modificado en mí la habilidad de lidiar con el miedo. La solución sigue siendo la misma. No se trata de ser un inconsciente, se trata de darse cuenta que no todo lo que puede salir como el culo va a salir como el culo. La vida está repleta de cambios y esos cambios no tienen por qué ser a peor. Envidiar el vientre plano que tenías con 16 años no te sirve de nada. Sobre todo porque te olvidas de los desgraciado que te sentías por tener la frente arrasada de acné.

La gestión que hago del miedo es deficiente. Esa es mi mayor asignatura pendiente para los próximos años.


jueves, 19 de agosto de 2010

Frenzy/Frenesí

"Frenesí" es la penúltima película que rodó Hitchcock. La ví de chaval, puede que tuviera sólo 10 ó 12 años. Fue por la tele, claro. Con toda seguridad debió ser en el marco de un ciclo sobre el director inglés al poco de morir. Recuerdo que me gustó aunque siempre fui consciente de que se trata de una obra menor en la filmoteca del creador de "Psicosis".

La volví a ver hace unos días y me gustó menos. Tiene cosas que están bien y otras no tanto. La profundidad de los personajes no es ni la de un estanque. Parece ser que los diálogos son demasiado "americanizados", lo que planteó problemas en el rodaje, y, en cualquier caso, son planos, excepto el humorismo presente en las conversaciones culinarias del comisario y su esposa. Repite el esquema del falso culpable con más o menos acierto, lo que la convierte en una película que todo aficionado a Hitchcock, cosa que yo no soy, tiene que ver.





A mí, en este segundo visionado de "Frenesí", me llamó la atención otra cosa. Se trata de una película estrenada en 1972 y rodada un año antes, en 1971, en Londres. Esa es la época en la que en la capital de Inglaterra está hirviendo el glam rock, en la que la levadura del punk está ya presente. Es un momento en el que la juventud se viste de manera llamativa y se hace notar por la calle. Son los años posteriores al "Swingin' London", el punto álgido de los Kinks y de Carnaby Street.





Por esos años también se estrena "Un hombre en casa", una serie de televisión inglesa de la que se hizo un spin-off quizá más famoso, "Los Roper". "Un hombre en casa" cuenta las aventuras de un chaval jovencito que comparte piso con dos chicas. Mi memoria registra en uno de esos primeros episodios una fiesta salvaje con los Beatles como banda sonora. La primera temporada de "Un hombre en casa" va de agosto a septiembre de 1973.





Mientras veía "Frenesí" no podía dejar de pensar en que en ese Londres retratado por Hitchcock no había ni rastro de los Beatles, de los Kinks, de Carnaby Street, de "Un hombre en casa", ni de nada parecido. Era un Londres muy distinto al que yo me imaginaba. Al principio lo achaqué a que Hitchcock estaba ya mayor y que no fue sensible en absoluto al ritmo de la vida en aquellos años. Puede que esta explicación sea certera. La otra respuesta que se me ocurre es más atractiva porque habla del poder de los medios, de que "parecer ser" se convierte en "ser" sin solución de continuidad. ¿No sería plausible que en el año 1972 todavía existiera un Londres muy parecido al de la posguerra, al de los años 50? ¿No sería plausible que ese Londres avejentado tuviera más preponderancia que el Londres imaginado por mí? ¿No sería plausible que ese es el Londres retratado por Hitchcock, el Londres real del año 1972?

Algo parecido pasa con el Madrid de la Movida. Yo tenía 15 años cuando cerró el Rock Ola. Conozco muchas gente que formó parte de aquella escena. Y, sin embargo, yo puedo afirmar sin temor a equivocarme que la Movida existió en dos garitos y en algunos medios de comunicación. Que eran, como mucho, un par de cientos de personas. En mi barrio, no nos gustaba Alaska, nos gustaba Leño. Por lo tanto, el Madrid de 1980 era como el Londres de 1972. Una ciudad gris y chapada a la antigua en la que cuatro locos trataban de insuflarle sangre nueva. Entre esos locos estaba Radio Futura.


miércoles, 18 de agosto de 2010

Los súper tacañones

La semana pasada adquirí el Nº 41 de Mondo Brutto, el último en llegar a las tiendas. Ahora cuesta 10 euros y parece que viene con más páginas. De hecho, hay un reportaje-río sobre el cine negro español de los 40 a los 70 que casi, casi, podría ser un libro. Como siempre, el contenido bascula entre lo muy interesante y lo muy "brutto". Siempre es una buena compra.

Hay un par de reportajes con dos personajes, a los que no voy a nombrar, ya veteranos del mundo de la música y los medios. Me caen bien, más o menos. Aún así, no tengo más remedio que ponerlos en la categoría de los súper tacañones.

A mí me pasa un poco lo mismo que a ellos. Hay un salto cronológico entre un servidor y muchas de las personas con las que me relaciono en mi entorno laboral. Inevitablemente, tiendo a ejercer el paternalismo con esa gente. A veces lo hago con gracia, otras con mala leche. También suelo menospreciar sus logros empezando siempre con la frase "Cuando yo yenía tu edad, las cosas eran distintas..."

Eso es un súper tacañón. Yo estoy a tiempo de corregirme. De hecho, esta entrada es un paso en la buena dirección. Los personajes del MB 41 a los que me refiero están más allá de toda salvación. Cuentan, o les hacen contar, batallitas de sus logros de hace un par de décadas y parece que hacían un trabajo casi fundamental para la cultura de este país. Suerte que sólo tenemos la memoria selectiva para juzgar lo que hacían cuando eran jóvenes. No quedarían tan bien parados como ellos creen si pudiéramos juzgarles con los ojos de hoy, me temo.

Ejercer de súper tacañones les funciona como terapia para conjurar los efectos nocivos del paso del tiempo. Vuelven a ser más jóvenes por unos instantes. En no pocas ocasiones, les asiste bastante parte de razón y suelen atinar con los diagnósticos. No está en mi ánimo ser desconsiderado con un súper tacañón. Mi única intención con estas líneas era la de señalar su existencia.

Nada más.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Autocensurado

Mucha gente dice de mí que me gusta discutir, que me mola eso de llevar la contraria. Normalmente es lo que me responden cuando se quedan en un callejón sin salida tras un intercambio de opiniones. O cuando, una tercera persona quiere poner paz en una discusión en la que yo he sido tan apasionado como el otro/la otra. Se trata de una salida fácil e indolora o, por lo menos, esa es la creencia común. También suele ser aceptado como una verdad casi absoluta. Soy polemista, me gusta la controversia, esa es la opinión generalizada.

Lo cierto es que, conforme me hago mayor, menos me gusta discutir. Sí me atrae conversar y que mi interlocutor tenga un punto de vista distinto, aunque estoy seguro de que muchos de los que me conocen me consideran un intransigente (y lo soy en muchos aspectos). Diría que en este tipo de diálogos es cuando más he aprendido de la gente y de las cosas de la vida. Es muy saludable oir argumentar a otra persona en dirección contraria a la tuya. No se trata de convencer a nadie, ni de que te convenzan. Mis innumerables cambios de opinión se han producido después, a veces mucho después, de un debate constructivo. Discutir es otra cosa. Soy de naturaleza ardiente y me implico mucho cuando defiendo mis posturas. Cuando un ciudadano/a dice falacias, con o sin conocimiento, me enciendo y entro al trapo como un idiota. Con ese punto de partida es imposible hacer nada, siempre es una experiencia desagradable. Y empeora con el tiempo.

No, no soy polemista. Me subleva oir gilipolleces. Y no, no me gusta discutir, es que mis opiniones suelen estar siempre en una aplastante minoría. En el momento en que me hice del Atleti en un colegio a escasos 100 metros del estadio del máximo rival sellé mi destino.

En los últimos tiempos practico la autocensura como medio de defensa. Fácil no me resulta. No lo logro siempre, además. Nada me garantiza que me vaya yendo mejor con el tiempo. Puede que sólo esté hastiado de tanta estupidez y que pronto vuelva al campo de batalla. Ojalá que no ocurra, porque rebajarme a emplear trucos dialécticos de tercera, como he hecho tantas veces, no entra en mis planes.

Eso sí, aquí, en esta humilde bitácora, no me voy a privar de escribir lo que piense. Ahora que parece que viene menos gente y que no comenta casi nadie, me siento más cómodo que nunca.

sábado, 7 de agosto de 2010

5 viejas y yo

Ese fue el público asistente a la sesión de "Una hora más en Canarias" a las 18:20 ayer en los Princesa. Ya sabía que era una comedia romántica musical y el nombre de David Serrano, director y co-guionista de la peli, me inspiraba confianza. Además, el reparto también me llamaba la atención. Sobre el trío protagonista no tenía nada que decir, los nombres de Angie Cepeda, Juana Acosta y Quim Gutiérrez no me resultaban muy atractivos, aunque después de vista la película he cambiado de opinión. Sin embargo, los secundarios eran de postín, con la enorme Kiti Manver, además de Eduardo Blanco e Isabel Ordaz. Caía la tarde de viernes en Madrid y no tenía nada que hacer, dado que estaba consumiendo las primeras horas de mi periodo vacacional. Ir a ver "Una hora más en Canarias" era una buena opción.

Tengo que decir que me lo pasé muy bien. Se trata de una comedia muy divertida, con algunos diálogos que sólo David Serrano puede escribir. Así como "El otro lado de la cama" era una parodia del musical hecha sin excesivo respeto y metiendo los números musicales con calzador, esta es algo muy distinto. Aquí son paródicos pero no dan vergüenza. Es verdad que no hacen avanzar la acción aunque sí subrayan los aspectos importantes de la trama. Un paso adelante. Sólo un paso, eso sí, aún queda un poco más de camino para hacer la verdadera comedia musical paródica española.

Lo que más gustó fueron los aspectos surrealistas del guión. Me recuerdan a "El lado oscuro del corazón", especialmente los vuelos de Mónica/Juana Acosta. También están muy bien los diálogos entre las dos hermanas, tratándose de usted, llenos de chantajes, segundas intenciones o, directamente, maldades.

"Una hora más en Canarias" sólo tiene un gran defecto. No ha encontrado su público, un público que está dispuesto a ver una película como esta. Una vez más, fallan los intermediarios que han conseguido que 5 viejas y un servidor seamos lo únicos espectadores de una película que está, para mi gusto, varios cuerpos por encima de "El otro lado de la cama", que fue un éxito de taquilla.


viernes, 6 de agosto de 2010

Los suburbios

El otro día me vi con un poco más de dinero de lo previsto y reaccioné exactamente igual que cuando tenía 12 años, que cuando tenía 18, 20, 22, 25, 28, 31, 34, 36, 39,... Es decir, reaccioné igual que siempre, me compré unos discos. En esta ocasión me fundí 50 pavos en dos álbumes en vinilo. Una edición limitada a 299 copias de un disco de The Wave Pictures, y los dos vinilos de "The suburbs", el tercer disco de Arcade Fire.



Yo llegué tarde a Arcade Fire. Me compré en su momento "Funeral" (2004), su brillante debut, y no le pillé el punto. Cuando salió "Neon Bible" (2007), el clamor era tan grande que yo me sentía un bicho raro. Unos meses después de publicarse el segundo disco de Arcade Fire, un amigo me enseñó este vídeo.





Tuve que ver la famosa secuencia de la escalinata y el carrito de bebé con "Intervention" sonando para entenderlo todo. 

Un poco corto sí que soy, no tiene sentido negarlo.

Con la furia de los nuevos conversos me dispongo a batirme en duelo con quien sea para defender la valía artística de "The suburbs". Ya estoy oyendo las críticas.

"No me han sorprendido".
Efectívamente, no lo han hecho, se han cascado un disco sensancional.

"Es igual que los dos anteriores".
Sí, como mínimo, es igual de bueno.

"Ahora que son famosos, ya no me interesan tanto".
Ahora que son famosos, le doy más valor a que sigan haciendo buena música.

"Es un poco largo".
A mí me gusta que lo sea. Es más, me parece valiente apostar por un disco con muchas canciones en la era que ignora el concepto de álbum.

"No tiene canciones"
Yo he contado 16.

"Es que me aburre la épica".
No es mi caso.

Todavía no lo he escuchado suficientes veces. Por lo tanto, lo único que puedo decir es que si quieres emocionarte escuchando un disco, cómprate "The suburbs". Si puede ser, en vinilo.

martes, 3 de agosto de 2010

Toros


Se suponía que no iba a escribir sobre la prohibición de corridas de toros en Cataluña. Hace unos meses lo hice y no tengo mucho más que añadir. Me resistía en parte porque es inútil y en parte porque el debate está muy mal enfocado. 

Me ha hecho cambiar de opinión el hecho de que mis genitales están a punto de estallar de tanta gilipollez que estoy escuchando.
Hay una parte del movimiento anti taurino que es respetable porque es coherente. Son los ecologistas radicales, que ahora también quieren prohibir la caza. Lástima que su armazón filósofico olvida el hecho de que la naturaleza es tan sabia como cruel. Y en ella, todos los días, hay muerte y hay vida. La hubo antes de que llegara el hombre y la habrá cuando ya no existamos.

Hay otra parte del movimiento anti taurino que es cándida. Equiparan al ser humano con el animal porque nuestros sistemas nerviosos son muy parecidos y está demostrado que pueden sentir dolor físico. No creo que sea suficiente.  A mí no me convence demasiado. Es un error aplicar conceptos puramente humanos a otro animal. Somos la especie dominante, no somos como ellos. Ellos ni pueden ni quieren ser como nosotros. Y eso suponiendo que el deseo animal sea equiparable al deseo humano, cosa de la que no estoy muy seguro. Cuando se habla de la dignidad del toro se olvida que el toro no es digno ni indigno. Esa es una categoría humana, el toro está en otra escala de valores.

Con todos estos no tengo problemas. No estoy de acuerdo con sus respectivos discursos pero son bientencionados y tienen una estructura más o menos racional. Con quien no puedo es con otra parte del sector anti taurino. Los ignorantes, los catetos, los que me llaman asesino, los que niegan todo placer estético porque ni entienden ni quieren entender. A esos les digo que no coman carne ni pescado, que no se les ocurra tomar paté y que no disfruten de un buen jamón ni de un delicioso fuet. Sé que utilizar esta argumentación es ventajista, demagógico y poco serio pero es la que tenía que utilizar para ponerme a su altura intelectual.