Prejuicios


Una de las cosas que molan de hacerse mayor es la de poder agarrarte a tus prejuicios. Porque sí, porque tener prejuicios está muy bien. Aún diría más, tener prejuicios es cojonudo. Eso sí, no cualquiera puede tenerlos. Hay que incorporar a tu persona una característica fundamental. Hay que ser inteligente. Un prejuicio es algo muy frágil y hay que saber manejarlo. Está basado en la experiencia de que lo que pasó va a volver a pasar. Sí, lo siento, tu suegra va a volver a reirse de que ganas menos que tu mujer. Lo idiota sería pensar que esta vez la buena señora va a valorar que es importante, para su hija y para ti, que lo importante es ser feliz. Lo idiota sería, en suma, no tener prejuicios con tu suegra.

Este absurdo ejemplo ilustra muy gráficamente un prejuicio de baja intensidad. Se puede gozar de ellos, sí. Aunque lo que más me pone es un prejuicio como una casa. Por ejemplo, juzgar un disco por su portada. Os aseguro que me he equivocado muy pocas veces y nunca de manera flagrante.

Cada día que pasa disfruto más de mis prejuicios. Es posible que el tiempo vaya reduciendo su número, por eso los que quedan son los mejores, los más bonitos, los que más te hacen gozar.

Comentarios

John Constantine ha dicho que…
Chico, curiosa entrada teniendo en cuenta que en la anterior acusabas a otras personas de prejuicios - ose machismo-.

Que conste que a mi me pasa lo mismo, cuanto mayor soy más me gustan mis defectos, entre ellos los prejuicios. A lo mejor es porque los que veo en los demás, a mi pesar, son mucho peores.

De todos modos, pot el tono del blog y el personal propio, creo que nos hacemos viejos.
Vencido ha dicho que…
¿Hará falta precisar que el machismo no está entre mis prejuicios favoritos? Probablemente, no.