Odio


Hace algún tiempo tuve una relación de cierta amistad con un músico de relativa fama. Hoy él ya no disfruta de mi compañía porque traicionó a uno de mis mejores amigos. A pesar de todo, sigue habiendo entre nosotros una fría cordialidad. La penúltima vez que hablé con él hice un comentario jocoso que se resumía en esta lapidaria frase: “Odiar mola”. La última vez que charlamos me dijo que se había inspirado en esas dos palabras para una canción. Una canción que, por cierto, parece que tiene un mensajito cifrado contra el amigo al que había traicionado.

Así que sí, es verdad, coño. “Odiar mola”. A veces, demasiadas, odiar se pone al servicio del mal y permite que los mediocres nos pasen por encima. Así que, los que no lo somos, también debemos odiar para impedir el avance de las fuerzas de la oscuridad. No es agradable, pero hay que hacerlo.

Además, no es justo amar a todo el mundo. Hay quien merece ser amado y hay quien merece ser odiado. Si amamos a los que merecen ser odiados, restamos valor a amar a quienes se lo ganan.

Propósito de enmienda: Pocas bromas conmigo. Si has logrado ser odiado por mí, te vas a llevar tu merecido. De manera intensa, además.

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