domingo, 27 de junio de 2010

A unos metros de Dylan

Robert Allan Zimmerman aka Bob Dylan está terminando de tocar "Rainy day women 12 & 35", la primera canción de su set de hoy en Azkena Rock Festival 2010. Ya le ví en 1994, en la Riviera de Madrid, en un concierto al que fui a regañadientes. Desde entonces no he querido asistir a ningún concierto suyo. ¿Para qué?

El hecho, no obstante, es que mucha gente estaría encantada de estar donde yo estoy ahora mismo. En el backstage, muy cerquita de los camerinos, a un paso del coche que se va a llevar a Dylan al hotel unos segundos después de que abandone el escenario.

Me encanta Dylan. Incluso diría que me encanta la etapa actual de Dylan, con ese aire de patriarca de vuelta de todo. Me gusta el descaro con el que sale al escenario mascullando sus temas en lugar de cantándolos.

¿Por qué no salgo ahí fuera a flipar con, por ejemplo, "Just a like a woman"? Quizá porque me hago viejo y soy menos impresionable. Mmmm, esa sería la respuesta autocompasiva. Prefiero pensar que, en realidad, lo que busco es algo nuevo, distinto, único. Eso sí, con todos mis respetos para el tío que compuso "Tangled up in blue".

sábado, 26 de junio de 2010

ARF '10


Hace unas horas amaneció el último día del Azkena Rock Festival 2010. Y está siendo un poco peor que el del año pasado. Los conciertos de The Hold Steady, Gov't Mule y Kiss han sido muy buenos. Perfectos de sonido, de actitud y de canciones. Incluso, tanto el jueves como el viernes, ha habidos inesperados guiños al "Whole lotta love". Han brillado a gran altura Jim Jones Revue o El Vez, el primero "limpiando" su sonido y el segundo demostrando que es mucho más que un brillante imitador de Elvis. Los que han pinchado, no obstante, han sido los veteranos como The Saints, un bolo muy pobre, y como The Damned, que tuvieron que pechar con un sonido malo. Fue una lástima el concierto de Teddy Thompson, uno de los atractivos que tenía este festival para mí. Armado sólo con una acústica, hizo un trabajo muy profesional, apoyado en su estupendo timbre de voz. Sin embargo, se notaba que no estaba cómodo, circunstancia que yo atribuí a la distraccón del público, que hablaba sin cesar. Luego le ví mirando el final de la primera parte del España-Chile y su semblante reflejaba una extraña mezcla de pesadumbre y hartazgo. Al parecer, estaba molesto porque no había podido traer a su banda. De haberlo hecho, su concierto hubiera sido muy distinto. Podemos considerarlo una oportunidad perdida.

Luces y sombras de un festival al que le ha faltado un concierto único, como fue el de White Denim el año pasado o incluso el de unos rejuvenecidos The Zombies (los ingleses), también en 2009.

Creo que tanto Black Lips como Imperial State Electric han estado muy bien, lástima que tocaran muy tarde y que no pude verlos.

Hoy es el turno de Bob Dylan, siempre una incógnita, y el de Chris Isaak. Dicen que va a llover. Ojalá que el ARF'10 llegue, gracias a la jornada de hoy, al nivel que el ARF '09.



Imelda May, en el bolo
gratuito de la Plaza de la
Virgen Blanca. Por la tarde,
ya en Azkena, tampoco estuvo mejor.
Una de las decepciones del festival.


domingo, 20 de junio de 2010

El día de la música

Escribo desde aquí, desde el Teatro Circo Price de Madrid, celebrando el Día de la Música (que, en realidad es mañana). Un Día de la Música que, si la memoria no me falla, es la primera vez que tiene un tramo de pago.

El Día de la Música es una aportación del que fuera Ministro de Cultura francés en los 80, Jack Lang. Data de 1982 y poco tiempo después, se convirtió en el Día de la Música Europeo. La filosofía es sencilla, que la música tome la ciudad, que se inunde de conciertos gratuitos de bandas emergentes.

Hoy, en este país, el Día de la Música está monopolizado por una marca (mala) de cervezas. Y de bandas emergentes apenas hablamos. Y, lo peor de todo, esta tarde va a haber que pagar para ver un concierto.

Este es el concepto de la música que se tiene en nuestra sociedad. Simplemente, un negocio. Un negocio malo, además.

sábado, 12 de junio de 2010

Pachanga en Arganda=Rock in Rio

Es una regla casi infalible. Cuando las personas se enteran de que eres periodista musical, en algún momento, tarde o temprano, te preguntan por una canción que les gusta mucho pero de la que no recuerdan el nombre. Te suelen dar datos ambigüos del tipo de "el cantante es negro" o "es así, marchosilla". Incluso te la tararean o te dicen que es "muy conocida, seguro que sabes cuál es". Lo normal era que la respuesta fuera algo como "Corazón partío" de Alejandro Sanz o "Yesterday" de los Beatles. Hasta hace poco esta situación me incomodaba enormemente. No entendía por qué se suponía que sólo yo tenía la respuesta a una pregunta que sabía casi todo el mundo.

Todo esto es mucho menos habitual que el que un tío, siempre son tíos, te diga que tiene un grupo y te pase una maqueta.

De todas maneras, ya no me enfada que me pregunten estas cosas. Ahora lo veo como si me hicieran un piropo porque parecen que buscan en mí una voz autorizada. No es tan habitual que le sean reconocidos sus méritos a un humilde periodista musical, así que, de un tiempo a esta parte, disfruto más con este tipo de anécdotas.

Por eso, cuando la gente me pedía entradas para el Rock in Rio, yo les sonreía amablemente y les decía que no lo iba a cubrir. No me paraba a explicarles que el objeto de mi trabajo no es Miley Cirus, ni Shakira, que eso es territorio comercial, algo a lo que no me dedico desde hace 2 años.

¿Sabéis lo irónico de todo esto? Que he estado a centímetros de tener que trabajar en Rock in Rio. Así que, otra lección aprendida. Nunca sabes a dónde te va a llevar la vida.

The Hold Steady,
uno de los atractivos de
Azkena 2010,
un festival al que 
iré.

martes, 8 de junio de 2010

El ganador se lo lleva todo

 Una de las canciones de pop que mejor manejan el melodrama en toda la historia es "The winner takes it all" de ABBA. De veras pienso que el pop tiene que parecerse a esto para ser bueno.





Imaginemos que, por ejemplo, la plata olímpica del 84 en baloncesto se hubiera producido en Munich '72. Que Zanini, en lugar de ser Campéon de Europa de Rallyes en 1980 hubiera ganado el Mundial, como hizo Sainz en 1990. O que Bruguera dominara en Roland Garros en los 80 y que Indurain se hubiese llevado su repóker de Tours de Francia una década antes de lo que lo hizo.

Y sigamos imaginando, por ejemplo, que José Ramón de la Morena no hubiera derrotado jamás a José María García.

Regresemos ahora a la actualidad, aunque suponiendo que estos eventos imaginados hubieran ocurrido de verdad. El deporte español estaría más acostumbrado a ser ganador y quizá la sociedad no mitificaría a los deportistas de élite. Entonces, muy probablemente, García hubiera criticado el anuncio de Gasol de no ir a la selección. Una gran cantidad de gente, incluso una mayoría, se hubiera mostrado de acuerdo con él.

¿Ha ocurrido lo mismo que en esta realidad alternativa?

No.
La prensa deportiva, casi en su mayoría, le ha hecho la ola. El público, en general, ha sido comprensivo con el ala pívot de los Lakers.

Ojo, que nadie me interprete mal. Hasta podíamos decir que apruebo la decisión de Pau Gasol. Es un profesional y se debe al equipo que tan bien le paga. Lo que me jode es que se le perdone todo a un ganador. Sobre todo, lo que no le perdonaríamos a una persona normal.

Pues eso, el ganador se lo lleva todo. Da igual que sea justo o no. Es lo que hay.

lunes, 7 de junio de 2010

Odio


Hace algún tiempo tuve una relación de cierta amistad con un músico de relativa fama. Hoy él ya no disfruta de mi compañía porque traicionó a uno de mis mejores amigos. A pesar de todo, sigue habiendo entre nosotros una fría cordialidad. La penúltima vez que hablé con él hice un comentario jocoso que se resumía en esta lapidaria frase: “Odiar mola”. La última vez que charlamos me dijo que se había inspirado en esas dos palabras para una canción. Una canción que, por cierto, parece que tiene un mensajito cifrado contra el amigo al que había traicionado.

Así que sí, es verdad, coño. “Odiar mola”. A veces, demasiadas, odiar se pone al servicio del mal y permite que los mediocres nos pasen por encima. Así que, los que no lo somos, también debemos odiar para impedir el avance de las fuerzas de la oscuridad. No es agradable, pero hay que hacerlo.

Además, no es justo amar a todo el mundo. Hay quien merece ser amado y hay quien merece ser odiado. Si amamos a los que merecen ser odiados, restamos valor a amar a quienes se lo ganan.

Propósito de enmienda: Pocas bromas conmigo. Si has logrado ser odiado por mí, te vas a llevar tu merecido. De manera intensa, además.

domingo, 6 de junio de 2010

Prejuicios


Una de las cosas que molan de hacerse mayor es la de poder agarrarte a tus prejuicios. Porque sí, porque tener prejuicios está muy bien. Aún diría más, tener prejuicios es cojonudo. Eso sí, no cualquiera puede tenerlos. Hay que incorporar a tu persona una característica fundamental. Hay que ser inteligente. Un prejuicio es algo muy frágil y hay que saber manejarlo. Está basado en la experiencia de que lo que pasó va a volver a pasar. Sí, lo siento, tu suegra va a volver a reirse de que ganas menos que tu mujer. Lo idiota sería pensar que esta vez la buena señora va a valorar que es importante, para su hija y para ti, que lo importante es ser feliz. Lo idiota sería, en suma, no tener prejuicios con tu suegra.

Este absurdo ejemplo ilustra muy gráficamente un prejuicio de baja intensidad. Se puede gozar de ellos, sí. Aunque lo que más me pone es un prejuicio como una casa. Por ejemplo, juzgar un disco por su portada. Os aseguro que me he equivocado muy pocas veces y nunca de manera flagrante.

Cada día que pasa disfruto más de mis prejuicios. Es posible que el tiempo vaya reduciendo su número, por eso los que quedan son los mejores, los más bonitos, los que más te hacen gozar.