Yo confieso...

A mí me resulta muy difícil decir que no tengo razón. Los años me han dado una mayor capacidad para entender cuándo me he equivocado y por qué. Lo que no me han dado es la humildad necesaria para aceptar que no estoy en lo cierto.

Esto es, en parte, por varias razones. En este mundo en el que vivimos hay que dar siempre la imagen de una fortaleza a prueba de bombas. Por eso, no es bueno mostrar tus errores. Sobre todo cuando uno es como yo, es decir, extremadamente apasionado en sus planteamientos y en sus opiniones. Si reculas, quedas aún más en evidencia. Aún peor es meter mucho la gamba porque en ese caso te pasas la vida pidiendo perdón... y tampoco es plan. Entiendo que esto último no es mi caso, aunque uno nunca sabe.

Tampoco es que sea una virtud muy extendida en la sociedad actual eso de confesar que te has equivocado. ¿Qué sentido tiene hacerlo si los demás no están en esa longitud de onda? Es quedar como tonto dos veces, una porque la has cagado y otra porque has concedido que la has cagado.

Por lo tanto, es verdad, no confieso con facilidad que me he equivocado. Apuesto a que nadie está libre de este pecado, así que no espero piedras.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
confesar que te has equivocado tiene sentido para uno mismo, más que para los demás (estén en la onda que estén)y no quedar como un tonto con uno mismo