Samaranch

He asistido con cierta indiferencia al luto del deporte español por la desaparición esta semana del que fuera presidente del COI durante 21 años, Juan Antonio Samaranch. La prensa deportiva apenas se ha esforzado por trazar un perfil mínimamente profundo de su persona y de su trayectoria. Se han limitado a acumular adjetivos hiperbólicos, un tanto artificiales, y poco más.

He observado, también, otros argumentos agrupados en torno a una revisión del Samaranch político, ese que fue Delegado Nacional de Educación Física y Deportes durante los años 60, es decir, en la época del tardofranquismo. Por eso, se le ha tachado de "nostálgico" de los tiempos de Franco. Esto viene de lejos, ya en tiempos de la transición, cuando no gozaba de la protección del cargo de Presidente del COI, era visto así. Puede que lo fuera o puede que no. Hay razones para creer una cosa o la otra. A mí me da lo mismo. Parece que ha vivido en democracia sin problemas. Su cara pública ha sido irreprochable. Lo que pensara de puertas para adentro era su problema y, ahora, no es de nadie.

Esta entrada, a pesar de lo que parece, va a ser muy crítica con Samaranch. Se dice que él salvó al movimiento olímpico, herido de muerte por los boicots de los países africanos en Montreal '76, por USA y sus aliados en Moscú '80 y por el bloque soviético en Los Ángeles '84. Pienso que fue más bien la situación política internacional a finales de los 80 la que permitió superar esos malos momentos. El COI, bajo el mando de Samaranch, hizo otra cosa más trascendente.

A principios del siglo XX el deporte, todo el deporte, se dividía en dos: el profesional y el aficionado. El gran reducto del deporte aficionado eran los JJOO. Y, supuestamente, esto siguió siendo así hasta la llegada de Samaranch a la presidencia del COI. Es cierto que se había convertido en una gran hipocresía eso del deporte aficionado. En eso está todo el mundo de acuerdo. El efecto que logró esta medida, "profesionalizar" el olimpismo, fue económicamente positivo. Se mueve mucho dinero y se mueven muchos intereses hoy en COI. Y por eso se dice que fue decisión acertada.

Esa es la clave. Deja dinero en las arcas de alguien y por eso está bien. Como al dinero sólo le gusta el triunfador, se hace culto del que llega primero y se ignora todo lo demás. Recuerdo que cuando era pequeño siempre se contaban historias de superación en el marco de los JJOO. Hoy sólo se cuentan historias de ese tipo si el individuo en cuestión se lleva la medalla de oro. Si arrasa a los contrarios, si los humilla. El lema del Barón de Coubertin es despreciado y se entiende mal lo de "Citius, altius, fortius". No se trata de ganar, sino de exceder las propias expectativas.

A mí no me gusta este concepto post postmoderno del deporte. Este es el legado de Samaranch e, insisto, no me gusta un pelo.

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