Cestas y toros

El último fin de semana fue un poco más agitado de lo normal porque en lugar de dormir y comer, mis ocupaciones habituales los sábados y los domingos, fui a dos espectáculos públicos.

Estudiantes



Con el baloncesto me pasa un poco como el futbolín. De adolescente, me encantaba jugar al billar, pero casi nadie quería  medirse conmigo en parte porque yo era muy bueno y en parte porque a la gente no le gustaba tanto como el futbolín. Por lo tanto, yo no tenía más remedio que jugar a lo que jugaba la mayoría. El futbolín me divierte aunque no tanto como el billar. Tres cuartos de lo mismo me pasa con el baloncesto y el fútbol.

De todas maneras, ir a ver a Estudiantes es muy divertido. Estoy con amigos con los que no suelo pasar mucho tiempo. Los partidos suelen ser entretenidos, especialmente por la ingesta de alcohol a la que nos sometemos antes, durante y después de los encuentros.

Además, solemos terminar tomando copas frente a este paisaje.


Toros


Hay algo decadente en ir a los toros. Sobre todo en Madrid, un domingo fuera de la celebérrima Feria de San Isidro. No acude demasiado público. En la sombra suele haber gente, sin embargo en el sol el aspecto es desolador. El tipo de persona que acude a la plaza suele ser hombre, con edad próxima a la jubilación, y, a juzgar por los copazos que se beben, seres humanos en toda la extensión de la palabra. Es decir, individuos con bastantes vicios.

Hay una especie de nostalgia, de tristeza noble, flotando en el ambiente. A esa sensación ayuda el ritual de una corrida. Puede parecer lo contrario pero estamos ante un evento en lo que nada está dejado al azar. Todo tiene su por qué, algo que ayuda a que los aficionados se sientan miembros de una suerte de club secreto. Estoy seguro de que mucha gente ve la tarde de toros como una huida hacia adelante. O como una tregua en su existencia. De alguna manera, te vas a otro lugar y, sobre todo, a otro tiempo. Un tiempo que, me temo, ya pasó.

Esta es la extraña belleza de ir a los toros en 2010,  cuando la última esperanza de la fiesta está en un hospital de Aguascalientes haciéndose preguntas que todavía no puede responder.

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