Sonido de tragaperras

Ayer por la tarde, me fui a un bar de esos nuevos que han aparecido no hace mucho por el barrio. Son bares que casi siempre están vacíos, a los que la gente no va a beber ni a charlar ni a encontrarse. La gente, las personas, van a apostar. A los galgos, a las carreras de caballos, a cualquier cosa.

El motivo por el que yo me dejé caer por allí no es la excitación de jugarme dinero por algo sobre lo que no tengo control alguno. Lo respeto, lo puedo llegar a entender, aunque, de momento, no uso. La razón por la que yo entré en ese establecimiento específico es que allí ponen unos zumos naturales estupendos.

Y allí estaba yo, mirando a las personas que pasaban por la calle Alcalá (como se puede apreciar por la foto), dando cuenta de un zumo de piña, melocotón y fresa y escuchando el peculiar sonido de las máquinas de tragaperras.

Fue un buen momento.

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