El resto es ruido

 

 Hace unos minutos he terminado de leer las 669 páginas del libro que aparece en la fotografía de arriba. El primer pensamiento que se me vino a la cabeza al cerrar el libro es "volveré a leerlo". He aprendido mucho y me queda por entender más.

"The rest is noise", en la edición en español "El ruido eterno", de Alex Ross es un paseo nada dogmático sobre la música del siglo XX. Empieza con el estreno de "Salome" de Richard Strauss en Graz (Austria) en 1906 y termina con "Nixon en China" de John Adams. He seguido con una enorme emoción la lucha entre la tonalidad y la atonalidad, entre el minimalismo y el vanguardismo. He sentido simpatía por los compositores y músicos que desdeñaban al público y por los que buscaban conscientemente llegar a las masas. Me he vuelto a enamorar de ese arte pluscuamperfecto que es la música.

Sin emabrgo, me parece que hay muy pocas referencias a música de fuera de Estados Unidos, Inglaterra, Austria o Alemania. La única excepción es Francia, representada adecuadamente con Debussy, Les Six o Boulez. Faltan Falla y Granados, falta Piazzolla. Del jazz sólo se estudia en profundidad Gerswhin (si podemos considerar jazz a cosas como "Porgy and Bess" o "Rhapsody in blue") y a Duke Ellington. Apenas ni una sola palabra acerca de Miles Davis. Tampoco hubiera estado mal alguna referencia al Krautrock, tan conectado con Stockhausen, uno de los héroes de la parte final del libro.

Estas matizaciones no tienen mucha importancia. Alex Ross sabe mucho más de música que yo y seguro que hay alguna razón que explique lo que no me termina de convencer. Con seguridad, si comprendiera mucho más el texto no hubiera tenido nada que objetar. Y, además, he disfrutado tanto que da igual.

Creo que la parte más emotiva es cuando habla de Sibelius, un compositor considerado "carca" por sus contemporáneos. En la era del dodecafonismo, el clásico Sibelius era un cuerpo extraño, un verso suelto, un francotirador, un misántropo genial. Al final, Ross te transmite que lo realmente revolucionario es no darse importancia y apostar por el camino menos fácil. Siento verdadera necesidad de escuchar las sinfonías de este enigmático compositor finlandés dicen que igual de grande, o más, que todo un Gustav Mahler.

"El ruido eterno" es la demostración palpable de que Frank Zappa se equivocaba cuando afirmó aquello de que "escribir de música es como bailar de arquitectura". La frase es ingeniosa pero no es correcta. Lo puedo afirmar con toda rotundidad después de haberme devorado esta epopeya de la música del siglo XX.

Por cierto, para los puristas de las traducciones, decir que la variación en el título del inglés al español fue autorizada personalmente por Alex Ross. El original es un juego de palabras con un diálogo de "Hamlet" El traductor ha hecho el mismo juego de palabras del mismo diálogo pero con la clásica adaptación al español de Shakespeare firmada por Moratín. La razón es que la traducción más literal, la que titula esta entrada, es demasiado aliterativa.

Comentarios

Kankoat ha dicho que…
También se puede traducir por "El descanso es ruido".
Pink Freud ha dicho que…
Entiendo que te hayas devorado el libro, y espero que hayas usado la web asociada (con muchos ejemplos, y documentos insólitos, como algunas películas domésticas de los años 30, donde vemos a músicos y otros intelectuales européos, exiliados en USA, de barbacóa). Por supuesto que faltan referencias al resto del mundo, pero ya sabes cuan egocéntricos son ellos.
Vencido ha dicho que…
Aún no lo he hecho, Pink Freud, pero lo haré, seguro. Y con calma, además.

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