miércoles, 31 de marzo de 2010

Lo que opino de "Subiza", el último disco de Delorean

El alcance internacional del pop en España es más bien limitado. Fuera de lo que son los mercados latimoamericanos no se puede encontrar nada, lo que se dice nada, facturado a este lado de los Pirineos. Nuestra aportación al devenir de la historia de la música popular de los siglos XX y XXI se centra casi exclusivamente en el Balearic Beat, la puerta de entrada de la cultura de club en Europa a mediados de los 80,  en el peso del Festival de Benicassim y en el prestigio, hoy un poco venido a menos, del Sonar. Es decir, España aparece cuando la apuesta se vuelve hedonista, lo cual es bueno aunque, me temo, un poco incompleto.

 El año pasado ocurrió algo sorprendente y un tanto inexplicable. La biblia del pop (y aledaños) en internet, la prestigiosa Pithfork.com, reseñó el EP que Delorean, la banda de Zarauz afincada en Barcelona, editó en la primavera. Esas cuatro canciones llevaban el título genérico de "Ayrton Senna EP" y conseguían el equilibrio perfecto entre el pellizco pop y la vocación bailable, el Santo Grial que tantos persiguen, que muy pocos logran y que casi ninguno mantiene. Pues resulta que en Pitchfork.com no sólo publicaron una crítica sino que ésta era muy positiva.



El 20 de abril sale en España, vía Mushroom Pillow, el que es el nuevo disco de Delorean, "Subiza". Un poco más tendrán que esperar los norteamericanos porque el subsello de Matador que ahora les publica, True Panther, tiene prevista su edición en USA (y en el resto del mundo) el 8 de junio.

Hace unos días que estoy escuchando "Subiza" en casa. Lo primero que tengo que decir es que, a primera vista, parecen una versión más pop de la parte más pop de Animal Collective. Me imagino que eso es el signo de los tiempos, vivimos en la era del afroindie y muchas propuestas se ven contaminadas por ello. No es nada malo, antes al contrario. Una de las cosas que tiene la música es su poder evocador y cuando escuchemos "Subiza" dentro de 20 ó 30 años seguramente diremos que suena "muy a 2010".

Otra cosa que me gusta de "Subiza" es que hay muchos guiños a la electrónica retrofuturista, o sea ochentera, o sea, como dicen los cursis, vintage. Los sintes suenan como si fueran de esa década y, lo que es más, hay algunos conceptos, especialmente en el aspecto percusivo, que recuerdan mucho a los himnos de los clubes de mediados de los años 80. Ese es el lado soleado, bailable, hedonista, de "Subiza".

En la reseña de Pitchfork.com del "Ayrton Senna EP" se dice que Delorean hacen "cortes no canciones". Con esto quieren decir que sus temas están destinados a las pistas y no a las radios. Es decir, que no son pop. Sin embargo, tanto en "Subiza" como en "Ayrton Senna EP" percibimos una pulsión melódica que nunca abandona a los de Zarauz. Es tan intangible como real. De todas maneras, sí que es cierto que en "Subiza" esa citada pulsión melódica ocupa muchas más veces el primer plano que en "Ayrton Senna EP".




Dejo para el final lo más polémico. ¿Somos unos provincianos por hacerles caso justo en este momento cuando en Pitchfork.com, por lo que sea, se flipan con ellos?

Lo más fácil es decir que sí. Es evidente que si no hubiera ocurrido no hubiera escrito nunca esta entrada. Ni hubiera re-escuchado el "Ayrton Senna EP", que me gustó ya de primeras, por cierto. Ni estaría tan pendiente de empollarme "Subiza" y de fomarme una opinión.

Así que sí, digo que sí. Somos unos provincianos. Vivimos en España, el país de Bisbal, de El Canto del Loco, de La Oreja de Van Gogh,... Es normal que si unos sesudos periodistas del imperio aprueban algo cocinado por aquí nos resulte interesante. Somos unos provincianos porque España forma parte de la provincia del imperio.

PS: También es cierto que si Delorean no me gustaran, les estaría poniendo a parir, como hice con El Guincho, que logró una repercusión parecida (aunque menor) hace dos años.

lunes, 29 de marzo de 2010

Por militancia

"Por militancia" es lo que siempre respondo cuando me dicen eso de "¿pero todavía ves House"? Hubo un momento entre la cuarta y la quinta temporada que sucumbí a esa idea que dice que "House se repite demasiado, siempre es lo mismo". Vale, está bien, siempre es lo mismo. ¿Y eso es malo? Es una serie de TV, se trata de que se repita demasiado. 

No, no voy a tratar de convencer a nadie de que House es una serie buenísima. Ya lo intenté una vez. Bueno, en realidad dos veces. Al que no le guste a estas alturas ya no le va a gustar.



Iré por otro lado. En la vida uno tiene que ser consecuente. Muy bien, sólo ligeramente consecuente, lo concedo, pero consecuente. A mí me gusta House y me da lo mismo que ya no haya episodios como los de la primera temporada, como ese del músico de jazz que me mola tanto. Como esto es así, no puedo dejar de confesarme a mí mismo que prefiero un House repetitivo y poco inspirado que una brillante entrega de (sí, voy a decirlo) Lost.

Si todavía sigo las aventuras de ese médico cojo y malencarado encarnado por Hugh Laurie es por empatía máxima con el personaje.

Por militancia, coño. Porque, cuanto mayor me hago, más me doy cuenta de que "todo el mundo miente" y de que uno no tiene que dejarse avasallar, aunque sea un tullido drogadicto.

sábado, 27 de marzo de 2010

Sonido de tragaperras

Ayer por la tarde, me fui a un bar de esos nuevos que han aparecido no hace mucho por el barrio. Son bares que casi siempre están vacíos, a los que la gente no va a beber ni a charlar ni a encontrarse. La gente, las personas, van a apostar. A los galgos, a las carreras de caballos, a cualquier cosa.

El motivo por el que yo me dejé caer por allí no es la excitación de jugarme dinero por algo sobre lo que no tengo control alguno. Lo respeto, lo puedo llegar a entender, aunque, de momento, no uso. La razón por la que yo entré en ese establecimiento específico es que allí ponen unos zumos naturales estupendos.

Y allí estaba yo, mirando a las personas que pasaban por la calle Alcalá (como se puede apreciar por la foto), dando cuenta de un zumo de piña, melocotón y fresa y escuchando el peculiar sonido de las máquinas de tragaperras.

Fue un buen momento.

jueves, 25 de marzo de 2010

El concepto de Novela Gráfica

No me gusta la simulación.

Estoy cansado de asistir a juegos de máscaras que pretenden enaltecer un género asociándolo con otro de más prestigio. Si decimos de un actor, por ejemplo, que tiene una vasta experiencia teatral, ya estamos diciendo que es un buen actor, cuando no tiene por qué ser así. Si decimos, asimismo, de un músico que tiene una sólida formación clásica, queremos sugerir que es un tipo brillante.

Algo así, algo parecido, pasa con los tebeos.

Para empezar, aquí en España, no llamamos tebeos a los tebeos. Somos tan chulos que decimos una palabra en inglés, que no reproduciré aquí, y pasamos de la que el idioma de Cervantes nos brinda. Esto no es simulación. Es ignorancia, analfabetismo, provincianismo,...


No acaba ahí la cosa. Hace unos cuantos años un genio de la historieta llamado Will Eisner escribió un tebeo estupendo, llamado "Contrato con dios". No trataba de superhéroes, ni de aventureros, ni de romances de telenovela. Eran historias con corazón, dibujadas con gusto y contadas de una manera elegante. Claro, eso no podía llamarse tebeo, esa cosa para niños sin ningún nombre en el mundo de la alta cultura. Y lo llamaron Novela Gráfica.


Para mí "Contrato con dios" no es una Novela Gráfica, eso es una cursilada. Me da lo mismo lo que ponga en la portada. Es un tebeo cojonudo. Y mucho mejor que muchas, muchísimas, novelas.

miércoles, 24 de marzo de 2010

El apagón analógico

Todavía no puedo ver la TDT. Supuestamente, está llegando el apagón analógico a la Comunidad de Madrid. De momento, mi barrio no se ha visto afectado. Creo que en menos de 24 horas me voy a comprar el aparatejo para que no me pille el toro. Todavía no es seguro al cien por cien porque cada vez me seduce más la idea de no poder ver televisión en casa.

¿Vivimos en la Edad de Oro de la TV?
Y una mierda. Ayer vi algunos espisodios de la cuarta temporada de Cheers (mediados de los 80) y sólo era capaz de pensar: "No somos dignos".

La información llega a través de la TV.
Y una mierda. Sólo se habla de sucesos y del tiempo en los telediarios.

La TV te acompaña.
Y una mierda. Para eso está la radio, ¿no te has enterado?

¿Me compraré el cachivache de la TDT?
¿Y una mierda?

lunes, 22 de marzo de 2010

Novedades acerca de esta humilde bitácora

Llevo una media ridícula de entradas desde hace más de un año. Si los datos no me fallan el último mes en el que escribí, como mínimo, 10 posts fue en diciembre de 2008. Y esto no puede quedar así. Llevo con Menosprecio... desde julio de 2004 y no quiero dejarlo morir de inanición. Sólo conozco a una persona, Djflow, que tiene un blog más antiguo y creo que me gana por algo más de un mes.

Por todo ello, el primer objetivo que me voy a poner es llegar a 10 entradas en este mes de marzo de 2010. No debería ser muy difícil, con este post ya llevaré 5 y quedan 10 días, más o menos. Voy a tomar otra medida para facilitarme el trabajo. Voy a dejar en suspenso Pie a Tabla, mi blog de F1. Quizá algún día lo retome, o quizá no. En este periodo de mi vida tener dos blogs es una locura. Muchas veces uno anula al otro porque se me ocurre algo para, pongamos por caso, Menosprecio... y "me toca" escribir en Pie a Tabla. Lo que suele pasar en este caso es que no escribo en ningunos de los dos. Eso se acabó. A partir de ahora todos mis esfuerzos blogísticos los dedicaré a Menosprecio...

Ya han vuelto las fotos al blog y puede que haya más cambios en el futuro. Estoy considerando muy seriamente la posibilidad de quitar los comentarios. A pesar de lo que muchos de mis amigos me han manifestado privadamente, yo nunca quise recibir ningún tipo de eco. Cuando empecé tenía la sensación, totalmente correcta, de que no me leía nadie. Fueron, para mí, los mejores momentos del blog. "¿Para qué publicas?", me preguntan cuando digo esto. Mi contestación es sencilla. "Para tener algo guardado en alguna parte". TODOS mis textos los he terminado perdiendo, menos los del blog, así que ahí está la respuesta.

Puede que haya otro motivo sobre el que no había reflexionado hasta hoy. Es muy posible que busque una simulación de que hay alguien ahí, al otro lado, leyendo en silencio y sin demasiado interés. Cuando uno escribe, aunque sea una humilde bitácora, necesita abrir las ventanas y que sus palabras salgan al exterior, aunque nadie las cace. De lo contario estaríamos ante una masturbación más o menos sofisticada y para eso no uso el teclado del ordenador, sino el viejo Playboy que me compré en agosto del 86 a los 16 años.

martes, 9 de marzo de 2010

"Cansado de ser feliz"

No sigo los Oscar desde hace más de dos décadas. Tengo la impresión de que la última vez que estuve pendiente de los premios de la Academia de Hollywood fue cuando se llevó los premios gordos "El silencio de los corderos", así que ya ha llovido desde entonces. Las razones de este desapego son las previsibles. Nunca entendí del todo que se asignen premios de cierto carácter objetivo ("Premio a la mejor película") en base a criterios subjetivos. Me molesta la tontería que hay alrededor de estos eventos, eso que llaman "glamour".La tontería de los profesionales del mundo del cine, básicamente, es la que peor llevo.

Aún con todo, no pude evitar alegrarme cuando me enteré de que a "El secreto de sus ojos" le habían dado el Oscar a la Mejor Película en Lengua Extranjera. Sobre todo por uno de los diálogos, que me parece épico.

    - Expósito, ¿cómo está?
    - Cansado de ser feliz.

martes, 2 de marzo de 2010

El resto es ruido

 

 Hace unos minutos he terminado de leer las 669 páginas del libro que aparece en la fotografía de arriba. El primer pensamiento que se me vino a la cabeza al cerrar el libro es "volveré a leerlo". He aprendido mucho y me queda por entender más.

"The rest is noise", en la edición en español "El ruido eterno", de Alex Ross es un paseo nada dogmático sobre la música del siglo XX. Empieza con el estreno de "Salome" de Richard Strauss en Graz (Austria) en 1906 y termina con "Nixon en China" de John Adams. He seguido con una enorme emoción la lucha entre la tonalidad y la atonalidad, entre el minimalismo y el vanguardismo. He sentido simpatía por los compositores y músicos que desdeñaban al público y por los que buscaban conscientemente llegar a las masas. Me he vuelto a enamorar de ese arte pluscuamperfecto que es la música.

Sin emabrgo, me parece que hay muy pocas referencias a música de fuera de Estados Unidos, Inglaterra, Austria o Alemania. La única excepción es Francia, representada adecuadamente con Debussy, Les Six o Boulez. Faltan Falla y Granados, falta Piazzolla. Del jazz sólo se estudia en profundidad Gerswhin (si podemos considerar jazz a cosas como "Porgy and Bess" o "Rhapsody in blue") y a Duke Ellington. Apenas ni una sola palabra acerca de Miles Davis. Tampoco hubiera estado mal alguna referencia al Krautrock, tan conectado con Stockhausen, uno de los héroes de la parte final del libro.

Estas matizaciones no tienen mucha importancia. Alex Ross sabe mucho más de música que yo y seguro que hay alguna razón que explique lo que no me termina de convencer. Con seguridad, si comprendiera mucho más el texto no hubiera tenido nada que objetar. Y, además, he disfrutado tanto que da igual.

Creo que la parte más emotiva es cuando habla de Sibelius, un compositor considerado "carca" por sus contemporáneos. En la era del dodecafonismo, el clásico Sibelius era un cuerpo extraño, un verso suelto, un francotirador, un misántropo genial. Al final, Ross te transmite que lo realmente revolucionario es no darse importancia y apostar por el camino menos fácil. Siento verdadera necesidad de escuchar las sinfonías de este enigmático compositor finlandés dicen que igual de grande, o más, que todo un Gustav Mahler.

"El ruido eterno" es la demostración palpable de que Frank Zappa se equivocaba cuando afirmó aquello de que "escribir de música es como bailar de arquitectura". La frase es ingeniosa pero no es correcta. Lo puedo afirmar con toda rotundidad después de haberme devorado esta epopeya de la música del siglo XX.

Por cierto, para los puristas de las traducciones, decir que la variación en el título del inglés al español fue autorizada personalmente por Alex Ross. El original es un juego de palabras con un diálogo de "Hamlet" El traductor ha hecho el mismo juego de palabras del mismo diálogo pero con la clásica adaptación al español de Shakespeare firmada por Moratín. La razón es que la traducción más literal, la que titula esta entrada, es demasiado aliterativa.

lunes, 1 de marzo de 2010

Fin de semana vampiro

 

 Este era el aspecto que presentaba el Teatro Circo Price de Madrid minutos antes de que comenzara el concierto que dieron los neoyorquinos Vampire Weekend el último día de febrero. Una voz había anunciado ya que el espectáculo estaba a punto de empezar y parecía que la afluencia de público no iba a ir en consonancia con el lustroso prestigio del grupo. Cuando Ezra Koenig y los suyos se hicieron presentes en el escenario, menos de diez minutos después, ya no cabía ni un alfiler. 

Tenía que ser un éxito. Parecía que iba a ser uno de los acontecimientos de la temporada.

Lo fue.

Todas mis prevenciones se fueron por el retrete en cuestión de segundos. Me habían dicho que el fuerte de Vampire Weekend era el directo. Así que ya contaba con el sonido impecable que ofrecieron los jóvenes y sobradamente preparados chicos de la Universidad de Columbia. Por mucho que me empeñara en contradecir la opinión más generalizada, tampoco podía rebatir el hecho que el cancionero de los Vampire Weekend contiene más de 5 joyas y algún clásico moderno. Había algo raro en el ambiente, como mi percepción de que la banda de Brooklyn era una tomadura de pelo, a lo MGMT.

Después de todo, ¿qué pintan unos estudiantes pijos blancos de Nueva York saqueando el legado del afrobeat? ¿Por qué se travisten de músicos senegaleses o keniatas o africanos en general? No me parece muy estéticamente ético que los afortunados del primer mundo sean los beneficiarios de la creatividad de los perdedores del planeta Tierra.

Bastaron unos 80 minutos, la duración del concierto, para que extrajera de todo el asunto una lectura menos cerebral que de costumbre. Puede que mis objeciones, compartidas por muchos otros, tengan una sólida enmienda expresada en dos palabras muy sencillas y efectiva. "Me molaron". La fusión de afrobeat con pop, tecno, ska y reggae no es la fórmula más novedosa de la historia. En el fondo, la propuesta de Vampire Weekend es bastante carca. Todos los elementos tienen lo menos 30 años.

Pero sí. "Me molaron".

"In december
drinking horchata..."

"Arty"

Acababa de cumplir 26 años. El Atlético de Madrid se jugaba la Liga. Era líder y había hecho una primera vuelta impresionante. Estamos hablando de marzo del año 96. Entonces yo era socio e iba casi todos los partidos de casa. Se llegó a pensar, en mi grupo de amigos, que podíamos acompañar al equipo en su visita al Nuevo Estadio de Vallecas. Creo que alguno fue, no estoy seguro. Yo rápidamente deseché la posibilidad de asistir. Tenía pases para ir a ver Sonic Youth a La Riviera el mismo día en que se enfrentaban el Rayo y el Atleti. Traían bajo el brazo el que entonces era su último disco "Washing machine". Jamás los había visto en vivo. No había mucho que pensar.

El Atleti derrotó al Rayo con cierta contundencia, 1-3 creo recordar. Sin embargo el concierto de Sonic Youth en La Riviera no fue lo que  yo esperaba. Mi único recuerdo fue que, en mitad de la avalancha sonora de la banda neoyorquina, me fui a mear. En las escalera hacia el lavabo me pareció encontrarme (creo) con J de Los Planetas con la misma cara de aburrimiento que yo.

El viernes pasado fui a ver la exposición "Sonic Youth: Sensational fix" al Centro Cultural 2 de Mayo en Móstoles (Madrid). Y saqué esta foto.

 

Como podéis ver, a la derecha, hay un cartel de un concierto en la sala Zeleste de Barcelona, un concierto que se celebró el 28 de marzo de 1996. Es decir, un día después del recital de La Riviera al que yo asistí.  

La visita a la exposición fue un poco como aquel concierto. No me gustó pero no me arrepentí de haber ido. La postura "artistizante" del grupo de Nueva York siempre me pareció molesta. En "Sensational fix" dicha postura está exagerada hasta casi la parodia. Parece un intento consciente de justificar la trayectoria del grupo en el contexto de las vanguardias de la costa este norteamericana del siglo XX. Especialmente se quieren relacionar con la generación beat. Así, con todas las letras.

No hacía falta. A pesar de que me he aburrido casi siempre que les he visto en directo, a pesar de que muy rara vez me pongo un disco suyo en casa, a pesar de que por una cuestión irracional apenas los tolere, a pesar de todo eso, tengo que decir que Sonic Youth se basta y se sobra por sí mismo para quedar como una de las bandas más importantes de la historia de la música. Sin ellos, la pulsión experimental en el rock sería casi imposible. Sin ellos, no existiría el "indie". Por lo menos el "indie" americano.