martes, 23 de febrero de 2010

Vocación de "revival"

Tengo la sensación de que la gran tendencia de la música actual es la nostalgia. La nostalgia mal entendida.

He escuchado demasiadas veces en los últimos tiempos la cantinela de que "los 80 fueron horteras", "las producciones de los 80 son una mierda", "la peor década de la historia del rock fueron los 80". Estas sentencias cegatas me molestan especialmente no por el desdoro al que someten a mi década favorita. Lo peor de todo es que llevan implícita una visión idílica de la música actual. Los 80 fueron horteras. Fueron horteras comparados con otras décadas. Más específicamente con esta década. Esta década no es hortera. O, por lo menos, no es tan hortera como los 80.

Sin embargo, yo no veo más que bandas y artistas que remedan el pasado para hacerlo tolerable en el presente. No quiero decir nombres para que el ejemplo no distraiga la atención sobre mi argumento. Seguro que muchos sabéis a quiénes me estoy refiriendo. Uno de esos grupos, uno que me gusta además, toca el domingo en Madrid.

El pop-rock actual (y el jazz actual, el tango actual, etc,...) es nostágico o no es. Lo es por el resultado final, puritito "revival", y lo es por la intención. Nadie quiere romper las normas, ni hacer locuras. Ningún músico se siente punk.

La llamada música contemporánea en la segunda mitad del siglo XX (Stockhausen, Boulez, Xenakis, etc,...) es algo difícil de escuchar. No es una experiencia para los sentidos, sino para el intelecto. A mí me parece una tomadura de pelo. Sin embargo, tengo que reconocer que, por lo menos, esos músicos trataron de hacer algo completamente nuevo. Perdieron el norte y cayeron en cierta intrascendencia, en muchas ocasiones, aunque su intención era noble. Sólo querían seguir caminando pero se les hizo de noche.

En la música actual no hay nada malo intrínsecamente. No hay nada bueno intrínsecamente. En la música actual, en toda la música actual, hay vocación de "revival". O sea, nostalgia mal entendida (si es que la nostalgia puede ser algo distinto de un reflejo autoindulgente de nuestro carácter).

martes, 16 de febrero de 2010

Este no era el trato

Estamos al sur de Europa (o al norte de África, como prefiramos). Llueve poco, hace sol y rara vez llega el termómetro a 0º. Como no se puede tener todo, somos el país del Lazarillo de Tormes, de Pepe Gotera y Otilio, de Carpanta. No es un mal trato.

Allende los pirineos y más allá, las cosas son de otra manera. Muchos días son grises, las temperaturas marcan valores negativo en invierno, no sólo llueve con frecuencia sino que incluso nieva bastante. Suspenden sus ligas de fútbol en diciembre y enero porque no se puede casi salir a la calle. Sin embargo, a estos países les suelen funcionar las cosas, estoy pensando en Alemania y ese alma prusiana que hace que puedan construir, destruirlo todo y volverlo a levantar en dos generaciones. Estoy pensando en la Francia atlántica, capaz de hacer una revolución, instaurar el Terror y conquistar Europa con un pequeño corso al mando en década y media. Estoy pensando en las noches interminables de los vikingos, en Suecia, en Noruega, en Dinamarca. A pesar de vivir en un trozo de planeta muy incómodo, las regiones nórdicas, han sido capaces de construir países muy en serio.

Con el invierno que llevamos en este país que llamamos España, podemos decir que el trato no está demasiado operativo. Llueve, nieva a veces, hace una rasca acojonante y el ascensor de mi casa sigue averiado.

lunes, 8 de febrero de 2010

La propiedad intelectual

El motivo por el que la industria del videoclip en España no ha prosperado es muy sencillo. Las televisiones generalistas no emiten clips porque es muy caro. Las especializadas deben de invertir la mitad de su presupuesto, o más, en poder programarlos.

Los videoclips en España son como los cortos, salvo honrosas excepciones ahí no cobra nadie. Lorbada, el director de Sol Música, me dijo el otro día. “A mí no me importa pagar un pastón- comentó Javier-pero habría que hacer como en Francia, que el dinero vaya a robustecer una industria del videoclip, hoy inexistente, y así salimos ganando todos”. En lugar de eso, esa pasta va para el músico que ha hecho la canción, y no para el realizador o el cámara o el estilista o el peluquero... Al parecer, un mindundi cualquiera cobraba 2000 pavos si emitían dos meses su videoclip en 40 Latino. El presupuesto medio de un videoclip ronda los 6000 euros. No hay más preguntas, señoría.

Por supuesto que AGEDI o la SGAE tienen que cobrar por derechos de autor. El problema es la cantidad que cobran, a quién se la cobran y dónde va a ir a parar lo recaudado. No puede ser mucha la cantidad exigida por este concepto porque al final consigues un efecto indeseado, como en el caso paradigmático del videoclip en España. Tiene que ser una cifra razonable, que tenga en cuenta la magnitud del negocio de la empresa a quien se le cobren los derechos.

También es importante cobrarle a quien de verdad se lucra. No es serio pasarle la factura a una peluquería por pinchar música. Tampoco a una radio libre. Por distintas razones ni una peluquería ni una radio libre ganan dinero poniendo música. Es importante tener aquí un criterio restrictivo y sagaz. En una boda habría que cobrarle al DJ, en base a su facturación, los derechos de autor. Nunca a los novios que ya le pagan sus servicios y el equipo para pinchar.

Si se aplicaran los sencillos criterios que expongo arriba no habría alarma social, seguro. Y, hasta es posible, que aumentara la recaudación por este concepto. Habría más gente dispuesta a pagar, es de cajón. Queda una cuestión importante, el destino del dinero que llega a las sociedades de gestión de derechos de autor. No me parece que hoy los socios de la SGAE tengan muy claro qué se hace con su pasta. Sé de algunos que se conforman con un plato de lentejas, algo muy humano, demasiado humano. Yo no estoy en condiciones de saber más que los propios interesados. Sólo puedo apuntar que esos cientos de miles de euros tendrían que ir a los autores de dos maneras. De una directa, por supuesto, y de otra indirecta, apoyando iniciativas, como la creación de un módulo de realización de videoclips gratuito para sus socios, que redunden en un beneficio para el tejido cuasi industrial de la cultura. No creo que se esté haciendo de esta manera, quizá algún socio de la SGAE me pueda ilustrar.



PS: Por cierto, ha vuelto Pie a Tabla.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Dos noches, dos discos

Tanto anoche como esta noche he escuchado un disco antes de irme a la cama. Paso a comentarlos.

"Orchestrion" de Pat Metheny fue el que me puse ayer. Se trata de un álbum grabado con un extraño instrumento, el Orchestrion. No lo entiendo muy bien, parece que consiste en que, a través una guitarra, se pueden manipular una cantidad enorme de instrumentos por una sola persona y a la vez. A priori, no era más que un alarde técnico que no está dotado de contenido real. Cuando lo escuchas la primera vez te preguntas si Pat hubiera grabado estas canciones de no haber tocado el Orchestrion en ellas. No alcanzo a responder con más precisión, dado que es una colección de canciones tan banal que no tengo previsto volver sobre ella próximamente. Lo dice el propio Pat, lo importante es tocar buenas notas, no el instrumento con que lo haces. Lo importante es el fin y no el medio. Me duele decirlo, hay pocas notas buenas en "Orchestrion". No creo que pase de ser una anécdota en la discografía del inquieto guitarrista norteamericano.

Ahora estoy escuchando "The big black & the blue", el primer disco, si no estoy equivocado, del dúo sueco First Aid Kit (no confundir con el grupo catalán del mismo nombre). Es una delicia. Ni siquiera el hecho de que transita los caminos más trillados del folk hace que me enamore menos de las canciones de este álbum. Tengo que destacar "Waltz for Richard" que, como su nombre indica, está en ritmo de vals, algo que me desarma por completo. Se trata de un trabajo austero en el que las voces de las hermanas Soderberg, todavía menores de edad, suenan con cristalina madurez. Todo está en su sitio, es perfecto para encarar con naturalidad el descanso nocturno. No puedo quitar el CD del reproductor...

Hasta mañana.