miércoles, 20 de enero de 2010

El primer día del año laboral 2010

Hoy, miércoles 20 de enero de 2010 (20-01-2010), arranca mi año laboral. Me he incorporado hace una hora y media a mi lugar de trabajo para dar comienzo a una singladura que este año (¿y cuál no?) va a ser especialmente decisiva. No tengo la intuición de que van a pasar cosas, tengo unas más que fundadas sospechas de que va a ser así. Y digo sospechas, y digo fundadas, porque están basadas es un proceso mental apegado a las más elemental razón práctica.

En primer lugar, 2009 ha sido un año pacífico. Lo empecé empleado en un determinado lugar y con una ocupación determinada y, en lo sustancial, no ha cambiado 12 meses después. Esto es bastante atípico para mí. Por lo menos, en lo que se refiere a los últimos cinco años. Por una cuestión de probabilidad, algo debería variar su curso en 2010.

Por otro lado, hay un par de factores ambientales que contribuyen a abonar mi teoría. Se está produciendo una pequeña revolución por encima de mi cabeza. Pensar que si lo de arriba muta, lo de abajo va a quedar incólume es un error. Es lógica aplicada y nada más. Insuficiente para medir el grado del cambio que se va a sustanciar e inútil para conjeturar en qué me va a afectar.

Existe otro factor ambiental más etéreo. La situación socioeconómica del país en que vivo y la inseguridad que padecemos los que nos dedicamos al periodismo rock me obligan a tener siempre en cartera un plan "b". Esta superestructura podría tener un papel, siempre secundario aunque decisivo, en mi futuro devenir laboral, igual que en el de todos. Aún cuento con menos datos para cuantificar esta variable, así que no le sigo dando vueltas.

La suma de todas estas circunstancias es lo que me lleva a afirmar que habrá movimiento en 2010. La novedad es que no tiene por qué ser malo lo que me pase. Hasta podría ser bueno. Hasta podría ser un paso adelante en mi carrera profesional. No sé que va a ocurrir, sólo sé que ocurrirá.

¿Motivos para el optimismo? Por ejemplo, que retorno al trabajo en una fecha con una extraña simetría asimétrica (20 01 20 10). Y, más importante, que en mi fuerte debilidad, estoy preparado para todo.

martes, 19 de enero de 2010

La revancha de la electrónica

La primera década del siglo XXI ha sido bastante floja en el campo de la música electrónica. Ha seguido habiendo buenos discos ("Geogaddi", de Boards of Canada, por ejemplo), sin embargo, lo electrónico ha perdido empuje y una buena parte de creatividad. En cierto modo, los primeros años del nuevo siglo han sido la resaca de los 90. El mejor ejemplo que se me ocurre es el 2-step, agraciado con un éxito instántaneo por obra y gracia de Craig David y luego fagocitado por el pop y el R&B bajo la etiqueta de urban music. La electrónica, si entendemos "electrónica" por "house + tecno y aledaños", seguía reproduciendo los mismos esquemas que en los 90 y, cuando no lo hacía, se diluía como un azucarillo al estilo del 2-step o se convertía en revival cómico-nostálgico, como en el caso de Daft Punk.

En una palabra, los 90 fueron definidos por la electrónica, por los Chemical Brothers, por Prodigy, por Orbital, por el sonido Bristol (Portishead, Tricky, Massive Attack), por Goldie y el jungle, por el culto al DJ, personificado en Carl Cox, en Laurent Garnier o, más tarde, ya en este siglo, en el rey del minimal, Richie Hawtin. Sin embargo, en el periodo 2000-2009, la electrónica ha estado presente más como influencia, y aquí el caso de Radiohead es paradigmático. Pienso que el hip hop ha tomado el lugar del que disfrutó la electrónica cuando el siglo XX agonizaba (Jay Z en Glasto '08), así como los grupos que cultivan la nostalgia y que hacen ver lo viejo como si fuera nuevo (Kasabian, sin ir más lejos, o los Strokes). Si se pasea en coche por Ibiza se pueden ver carteles de famosos DJ's, que llevana viniendo a la isla desde hace más de 10 ó 15 años. Es una imagen que describe el estado de inmovilidad de la electrónica en nuestro tiempo.

Igual que afirmo que la electrónica noventera, hoy, no explica el momento actual, creo firmememte que en la década de los 10, se va a producir su revancha. Literalmente, en los 80, tres chavales de Detroit, Juan Atkins, Derrick May y Kevin Saunderson, crearon un lenguaje, el Detroit techno, en el que se basaron muchos de los ismos de la electrónica de los 90. Algo parecido va a pasar con el dubstep, surgido hacia 2004-5, del que nos fuimos enterando en 2006 gracias a Burial. También es un código nuevo y tambien surge, casi por azar, en un barrio de una metrópoli, en este caso Londres. El dubstep es una foto cenital de la madrugada de una gran ciudad, como si fuera una instántanea de Google Earth. Es, por lo tanto, una perfecta metáfora para describir el corazón de la Tierra en estos años inciertos y críticos. De los hallazgos estéticos del dubstep se van a valer los nuevos popes de la electrónica aún por llegar. El género está empezando a madurar a todos los niveles, como lo demuestra que ya hay un súpergrupo de dubstep, Magnetic Man. Es decir, el dubstep ya ha llegado al barroco.

Olvidaros del cruce con elementos orgánicos, o con el folklore. Esa era la receta que se daba a principios de siglo y ha resultado ser falsa. El futuro se tiene que construir mirando, siquiera de reojo, a South London, la patria chica del dubstep.

miércoles, 13 de enero de 2010

Lo de los toros en Cataluña

Llevo varios días pensando en este texto. Ni siquiera ahora sé muy bien qué voy a escribir. Sé lo que quiero decir, que es muy distinto. Me gustaría que estas líneas fueran el fiel testimonio de la compleja postura que tengo sobre las corridas de toros.

En primer lugar, he de decir que me gustan. No tenía por qué haber sido así, la verdad. Ni en mi familia ni en mi entorno había nadie que me pudiera llevar a las plazas de toros. La génesis de mi afición hay que encontrarla en dos hechos puntuales. Uno fue la famosa corrida de los Victorinos del 82, en la que salieron a hombros los matadores, entre ellos mi idolatrado Esplá, y el ganadero. Esa corrida la emitieron varias veces por la tele y yo me quedé estupefacto a mis 12 años de ese espectáculo que es, y seguirá siendo, un buen natural, ceñido y ligado al siguiente, con el torero quedándose quieto y parando el tiempo. Sin embargo, sólo con esas faenas cumbres y esos toros bravos y nobles no hubiera sido suficiente. La clave fue leer todos los días durante casi dos décadas al periodista que mejor escribía de toda la profesión, el espectacular Joaquín Vidal, el que fuera crítico de toros de El País. Su estilo se basaba en la mezcla sin fisuras que hacía del lenguaje culto, la jerga taurina, un profundo conocimiento del toreo y el humor vitriólico.

Más tarde, ya entrados los 90, leí al histórico Corrochano, el de "Es de Ronda y se llama Cayetano", igualmente inflexible en la defensa del canon taurino y también gran escritor, demasiado barroco en ocasiones. También le di a otros autores menores y me puse con Hemingway, para mí inferior en todos los aspectos a Vidal y Corrochano, aunque un muy buen aficionado.

A Las Ventas he asistido poco. Empecé a ir gracias a mi amigo Kankoat. Con él vi la primera oreja que cortó Ponce en Madrid y ya nos olió a chamusquina el metisaca infamante que perpetró para acelerar la muerte del toro, además de su reticencia a torear al natural, con "la mano de los millones". Me gustaría dejarme caer por allí mucho más, dado que encima ahora vivo a diez minutos a pie. Siempre es una asignatura pendiente que no termino nunca de aprobar.

Ha quedado claro que me gustan los toros. Por lo tanto, no me gustaría que se abolieran en Cataluña. Me temo que, lamentablemente, no hay mucho más que hacer. Existe una iniciativa popular en el Parlament con casi 200.000 firmas. Los grupos parlamentarios catalanes, menos el PP, están a favor. La suerte está echada y no hay un pero legal al asunto. Ya pasó lo mismo en el 91 en las Canarias.

Me niego a hacer una lectura política de estos hechos. Sé que la tiene, no soy tan inocente, pero no me interesa lo más mínimo. El problema es que el argumento principal es muy distinto y puede tener sentido. La fiesta de los toros es una barbaridad, una crueldad. Es sangriento y sufren caballos y toros. Así, en abstracto, a lo crudo, estas afirmaciones no pueden ser contradichas. Para nosotros, los aficionados a los toros, no es así en absoluto. Nosotros vemos la belleza atávica de desafiar a la muerte. Nosotros vemos un emocionado culto a la forma artística, despojada del lastre burgués que convierte a la creatividad en un juego para entretener a solteronas bibliotecarias menopáusicas. Reconozoco que estas afirmaciones son subjetivas de una manera brutal. En abstracto, a lo crudo, son pajas mentales. Suerte que lo abstracto, que lo crudo, no existe en el mundo de los sentidos, el hogar de la humanidad.

De todas maneras, lo que me molesta del movimiento antitaurino no son los argumentos que he descrito en el párrafo anterior. Está claro que son defendibles y que para intentar doblegarlos tengo que recurrir a la contextualización. Con lo que soy altamente intolerante es con esa parte del movimiento antitaurino que descalifica a los aficionados, tachándonos de seres sin alma, crueles y paletos, gente que no merece vivir en este siglo. Me estoy refiriendo a esos que se alegran de la cogida de un torero, por ejemplo.

Para defender a la fiesta de los toros no voy a recurrir al hecho indubitado de que es un mundo con una riqueza cultural enorme. Muchos grandes intelctuales y artistas españoles y extranjeros se vieron seducidos por este arte y se inspiraron en él en los últimos dos siglos. La lista es casi interminable, Goya, Picasso, Ortega y Gasset, Valle Inclán, Cocteau, Abel Gance, Orson Welles, Hemingway... Nótese que no estamos hablando de mindundis. Tampoco quiero explicar que la fiesta de los toros fue lo más moderno que hubo en España en los siglos XIX y XX, como publicó Adrian Shubert, profesor de historia de la Universidad de York, en Toronto (Canadá). El que tenga interés de por qué se puede leer este libro, aquí no me voy a extender más. Ni voy a explicar aquello de que si no hubiera fiesta de los toros, no habría.... toros. El Bos Taurus Ibericus es un animal que sólo sirve para la lidia y es muy caro de criar. Podría recrearme en estas ideas y alargar aún más esta entrada. Sería inútil. No convencería a nadie. Si no te emocionas con un pase de la firma o con una trincherilla a cámara lenta no podrás entenderme.

jueves, 7 de enero de 2010

Justicia

Nos merecemos todo lo que nos pasa.

Vivimos en un país que llega ya a los cuatro millones de parados, lo que supone una desocupación de casi el 18% de la población activa. Esta cifra se ha doblado en dos años. Algo parecido ha ocurrido en otros países aunque en el nuestro parece que ha sido más dramático. Es lógico, cuando se decía que las cifras del paro eran buenas, alrededor de un 8-9%, estábamos, como ahora, a la cabeza del desempleo en Europa. Esa variable alta de forma constante no es casual. La clase empresarial española sólo ha sabido ser competitiva rebajando salarios y recortando en personal. Para ello han contado con la inestimable ayuda de los servicios de recursos humanos, el módulo de las empresas españolas en el que más tontos hay por metro cuadrado.

Además, este es un país en el que la clase trabajadora no está adornada con una ahora deseable capacidad de reconversión laboral. Muchos de esos hombres y mujeres no saben hacer nada más que lo que han estado haciendo en estos años de mentirosa bonanza. El ejemplo de la construcción es sólo el más evidente.

Existe otra causa por la que en España siempre se han manejado cifras de paro más altas que la media. Es un poco conspiranoica, lo advierto, aunque algo de verdad tiene. Es plausible pensar que el poder económico y, seguramente también el político, necesita agitar el miedo al paro para frenar la combatividad obrera. Para que digamos aquello de "virgencita, virgencita...".

¿Por qué digo que merecemos lo que nos pasa? Porque como dijeron Tip y Coll en un sketch de hace muchos años, somos españoles y "nos lo creemos todo".

Resulta que Aguirre, la presidenta de la Comunidad de Madrid, quiere toquetear con la justicia gratuita. Y a casi nadie le importa. Hay un sector de población en la Villa y Corte que está muy preocupado porque cree que el Estatut de Catalunya es inconstitucional. Es una preocupación legítima, no vamos a negarlo aquí. Sin embargo, hay muchos juristas prestigiosos que no la comparten, algunos serán clientes del PSC, o de CIU, O de ERC. Otros muchos son sólo juristas prestigiosos.

La propuesta del PP madrileño sobre la justicia tiene un encaje constitucional aún más complicado. Si bien es cierto que Aguirre no parece negar el principio de la justicia gratuita, de facto sí lo hace al decir, más o menos, que ella no quiere pagar la fiesta y que eso le corresponde al gobierno central porque las transferencias no incluyen una partida para eso. Es la vieja táctica de siempre, hacer aparecer un derecho recogido en la constitución como un lujo. Ya lo hacen constantemente con la sanidad pública, sin ir más lejos. Ya lo hacen constantemente con las políticas de empleo.

Luego no nos quejemos. Si queremos comprar esa moto, luego no nos rasguemos las vestiduras porque no arranque.

lunes, 4 de enero de 2010

El mundo se ha vuelto loco loco loco

En la segunda mitad de los 90 fui un asiduo lector de Le Monde Diplomatique. En este siglo he seguido comprando números y he coqueteado con la idea de hacerme suscriptor. Deseché esa posibilidad en su momento porque siempre había muchos artículos sobre los que no tenía ni puta idea, artículos sobre le guerra civil en Zaire, por ejemplo.

Durante muchos años la izquierda afín a ese periódico estuvo reivindicando la Tasa Tobin, una especie de impuesto mundial a las transacciones internacionales. Esta propuesta era tildada de locura en todos los rincones del primer mundo capitalista y bienpensante.

Con esta crisis incierta y enigmática, de la que no se conoció el principio y de la que no se conocerá el final, hay quien, fuera de la izquierda antiglobalización, reivindica algo muy parecido a la Tasa Tobin.

O la cosa es muy grave o el mundo se ha vuelto loco o Sarkozy ha visto por fin la luz. ¿Y si Estados Unidos apoya esta iniciativa? A lo mejor, hasta podemos combatir la extrema pobreza o los efectos devastadores del cambio climático.

Por empezar el año con optimismo, digo.