martes, 28 de diciembre de 2010

La última entrada de 2010

Este año no he escrito el tradicional mini cuento de navidad. Se me olvidó, la verdad, y cuando me acordé decidí que ya no merecía la pena. Es una muestra más de cómo esta humilde bitácora ha ido perdiendo vitalidad en los últimos 18 meses. Bien es cierto que en 2010 he escrito 78 entradas, 5 más que en 2009. Y también es cierto que sigo estando a años luz de las 132 entradas de 2007, mi tercer peor año, en cuanto a actividad de esta humilde, más que nunca, bitácora.

A pesar de estos malos datos, en el último mes y medio ha habido un cierto renacimiento, que deberá ser confirmado en los próximos tiempos.

Esta, por lo tanto, es la última entrada de 2010.


LA BATALLA DIGITAL

La mal llamada Ley Sinde ha sido objeto de una enorme controversia. Digo mal llamada Ley Sinde porque no se llama así, sino Ley de Economía Sostenible, y porque ni es una ley, es una Disposición Adicional de la LES. Esa controversia ha generado un debate entre dos bandos aparentemente irreconciliables, los que se descargan cosas de la red, los internautas, y los que producen contenidos, los creadores. Si nos fijamos bien, vemos que ninguno de estos dos adversarios presenta un aspecto monolítico. Da la sensación de que los talibanes se han apropiado de la representación de sus bandos, aunque no sean mayoría. No creo que los paletos de la Asociación de Internautas representen al usuario común. Ni que el músico limitado que lleva por nombre Alejandro Sanz pueda hablar en nombre de la mayoría de los artistas. Prefiero leer o escuchar a Vigalondo o a Escolar.

Otra cosa que está mal explicada es que la cultura tiene que ser gratuita. Soy un firme defensor de que la cultura debe ser accesible para el pueblo. Es algo muy importante para nuestra realización personal. Todo el mundo sabe que leer y escribir, escuchar y tocar música, pintar y ver cuadros, etc,... nos hace más humanos. No a todos, por supuesto, ya sé que ha habido artistas e intelectuales nazis, sin ir más lejos. Por lo tanto, la cultura tiene un valor importante. Como vivimos en una sociedad capitalista, la manera de poner en valor una cosa es dotarle de un precio. Luego la cultura NO puede ser gratuita. Los que hablan de cultura gratuita deberían darse cuenta de que estamos en un sistema distinto, nos guste o no. Y yo, desde luego, si viviera en otro sistema distinto, pediría, antes que la cultura, otras muchas cosas gratuitas, como la educación, la sanidad, la vivienda, los alimentos básicos.

La cultura en sentido amplio debe, no obstante, ser accesible porque, a diferencia de lo que cree la burguesía, no es una forma de ocio. Es una inversión para construir sociedades sanas, de ciudadanos. Por lo tanto, incluso en un sistema capitalista, el estado debe actuar en el intercambio cultural, y no sólo poniendo dinero.

La mal llamada Ley Sinde era bienintencionada. Pretendía perseguir a quienes aprovechan determinados vacíos legales. Yo he vivido en una de esas situaciones de alegalidad cuando tenía un programa de música en una radio libre, sé a lo que me refiero. La diferencia estriba en el hecho de que hay quien gana dinero aprovechándose de ese vacío legal... y del trabajo ajeno.  La mal llamada Ley Sinde quería acabar con esa situación aunque de manera torpe. No se puede regular este asunto con un parche que se te va a desmembrar en menos de un año. No tiene lógica llevar un asunto civil a los tribunales de lo contencioso administrativo. Los defensores de la mal llamada Ley Sinde arguían que había que actuar rápidamente, que la situación es crítica. Yo digo que había que haber puesto el parche en 2001, en ese momento tenía lógica ganar tiempo para entender el fenómeno. Para dimensionar el problema. Hoy ya lo entendemos. La única salida viable es hacer las cosas bien. Promover una iniciativa legal que contemple toda la casuística.

Hacer las cosas bien supone empezar por el principio. La sociedad civil tiene que entender que el derecho a la propiedad intelectual es una conquista del siglo XIX. Si una persona hace negocio con mi creación me tiene que dar algo. Él ha puesto el dinero, yo he puesto la materia prima. Otra cosa es que cómo se acomoda esta verdad a la nueva realidad tecnológica. Y ahí es donde hay que actuar. Me gustaría pensar que esta redefinición le va a poner las cosas más fáciles al usuario y que le va a resultar más rentable al artista. Sería lo lógico, porque el paso que va desde que, por ejemplo, un músico graba una pieza hasta que llega al melónamo es, hoy y gracias a cosas como Internet, bastante más sencillo y barato. Ahí están Spotify o Netflix para demostrarlo.

Un apunte final. Un amargo apunte final. Me produce cierta desazón el hecho de que La Red se haya movilizado para tirar la mal llamada Ley Sinde, mientras el gobierno quita la ayuda de 400 euros a los parados de larga duración, reforma las pensiones y, en general, se pone al servicio de la gran banca. ¡Vivan las "caenas"!

martes, 21 de diciembre de 2010

Ruido organizado o por organizar=Música



El que no se quede pegado al youtubazo de arriba que deje de leer ahora mismo.
Si no te emocionas con el primer movimiento de la Italiana de Mendelssohn (el youtubazo con el que arranca esta entrada), o con el segundo movimiento de la novena de Beethoven ("Lo de don Luis es la hostia, eso de ser sordo y clavarse la novena no lo ha hecho mucha gente"), o con el Clave Bien Temperado de Bach, o con la Suite Iberia de Albéniz, o con Kind of Blue de Miles Davis, o con Adiós Nonino de Piazzolla, o con Omega de Morente y Lagartija Nick, o con Pet Sounds de los Beach Boys, o con Forever Changes de Love, o con Blue Dress de Depeche Mode, o con el inmigrante que toca en el metro Heal the World de Michael Jackson, o con tantas y tantas cosas más..., si no aprecias la música eres un ser infrahumano.

A ver si no enteramos: NO HAY NADA MÁS GRANDE EN ESTE MUNDO QUE SER MÚSICO. Aunque seas malo.

Otro ejemplo. Allá va.



Brutal. Aquí, la misma canción y el mismo intérprete, pero con subtítulos y con el primer plano más sobrecogedor de la historia de la humanidad.

Si mañana dejaran de producirse películas, de escribirse novelas, de pintar cuadros, de modelar esculturas, de dibujar edificios, me daría lo mismo. Bueno, me jodería mucho, pero seguiría viviendo. En cambio, si mañana dejara de haber música, mi vida no tendría sentido. ¿Qué vida tendría sentido? Lo dijo Niezstche: "La vida, sin música, sería un error".

Más ejemplos. Don Louis, su turno.



¿Hay algo más perfecto que la intro de trompeta de Satchmo en "La vie en Rose"? ¿Hay algo más científico, más matemático?

Hace unas semanas asistí a una comida con personalidades de la cultura en España que se lamentaban del paletismo de nuestros compatriotas. Ellos no usaron, en ningún momento, la palabra paletismo, ni nada remotamente parecido, aunque el sentido no podía ser otro. Ya a los postres, tras tres horas de charla inteligente, a mi se me ocurrió encender la mecha. Dije algo así: "He escuchado planteamientos muy razonables. Hasta quí todo bien. Lo que no he escuchado es una palabra. Y esa palabra es: "música". Han hablado de teatros que se cierran, de ayudas al cine, hasta de los dibujantes de tebeos... y no han hablado de música. Ni la culta ni la popular".

¿Sabéis que me contestaron?
Lo siguiente:

"Hombre, la música está mal, pero la danza contemporánea..."

Me tuve que morder la lengua. ¿Es comparable la danza contemporánea con la música, con toda la música de la historia?

Tomemos aire con la ayuda de la Piquer.



Por lo tanto, hay que ser gilipollas, perdón, GILIPOLLAS para escribir, como he leído en un tweet hace unas horas:


Por qué nos venden la #leySinde como manera de proteger nuestra cultura cuando la mayoría de cine y música no la queremos ni regalá?
(sic)

¿La mayoría del cine? Creo que no, creo que la mayoría del cine no merece ser valorada tan poco. ¿La mayoría de la música? Si crees eso es que, sencillamente, no tienes ni puta idea ni de música, ni de la vida, ni de nada de nada. Y sí, eres un GILIPOLLAS.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Malas noticias



Pienso que el periodismo es un reflejo de la sociedad. Cuando se critica al periodismo, esa crítica debería dirigirse más bien a la sociedad. El periodismo es un espejo en el que mirar nuestras vergüenzas y eso no es muy agradable. Estoy cansado de ver cómo, desde todos los rincones, se ataca a uno de los oficios imprescindibles de una verdadera democracia. Si un periodista copipega enseguida saltan ciudadanos gilipollas diciendo que la profesión es una mierda y que qué guay que existe internet y así pasamos de estos tíos. Puede que los grandes medios no estén a la altura en los últimos tiempos pero eso no descalifica al periodismo en su conjunto. La saga Wikileaks nos está demostrando que es más importante un periodista que casi cualquier otro profesional. El otro día le leí a Michael Moore que, gracias a la web de Assange, no iba a ser tan fácil llevar a todo un país a un guerra con mentiras, como ocurrió con Iraq. Y en España tenemos Periodismo Humano, una web regentada por el único español que ha ganado un Pulitzer, el gran Javier Bauluz.

Sin embargo, me temo que no puedo negar que no vivimos buenos tiempos para la lírica. La sociedad española es cada vez más ignorante, cada vez más insolidaria, cada vez más cegata, cada vez más paleta y, desde hace tres años, cada vez más pobre. Por eso, se entiende que Iñaki Gabilondo esté terminando su carrera profesional y que no haya un heredero claro.

Gabilondo es un periodista de pura raza, con sus defectos y sus virtudes. Quizá se le pueda reprochar el pecado de caer, durante un tiempo, bajo el influjo de ese chamán que es Felipe González. Aún así, puso al ex presidente en apuros, en una famosa entrevista en TVE, a propósito de aquella infamia que fueron los GAL.



En su última etapa, en CNN+, ha hecho un programa superlativo. Basculaba entre dos ejes, la información político-económica y la cultura. Sus tertulias eran muy plurales, dado que sentaba en la misma mesa a personajes tan dispares como Ernesto Ekaizer y Germán Yanke. Y cualquiera de sus entrevistas era una lección de periodismo.

Sí, es una evidencia que hace tiempo que acabó La Edad de Oro...

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Omega (poema para los muertos)

En las últimas horas he estado escuchando este tema por motivos obvios.



La verdad es que estremece escuchar la voz de Enrique cantándole a Federico. Emociona cómo suenan los Lagartija. Si hay un disco que gana enteros con cada escucha, de manera matemática, es este, el puto "Omega" (1996). La cosa que me apetece más ahora mismo es sentarme a escuchar este álbum, la única experiencia seria en el mundo de la fusión del flamenco y el rock. Todas las demás, incluido lo de Howe Gelb este año, no pasa de ser una mera anécdota, a veces indigesta y otras veces sólo amable.

3 veces he visto este espectáculo en vivo. La primera, con un sonido infame, en el Espárrago 2001. La segunda, en Primavera 2008. Benicassim 2008 fue la última. Las tres fueron especiales por distintos motivos, que no detallaré aquí.

Yo soy un firme defensor de la idea de que el mayor purista es el que rompe las reglas. Que no hay nada más flamenco que hacer lo que uno le sale de los cojones. Enrique Morente fue el ejemplo perfecto.

Que la tierra te sea leve, hermano.


martes, 14 de diciembre de 2010

Cinismo

Cinismo.
El de la sociedad civil ante el escándalo de la Operación Galgo. Vivimos en un mundo en el que se enaltece al vencedor, por encima de todo y de todos. Ya lo decían, hace unos años, unos suecos con mucho talento para eso del pop.




"Me gusta ganar, es mejor que perder". Eso comentaba Ebby Calvin "Nuke" Laloosh, el personaje que hacía Tim Robbins en "Los búfalos de Durham". Nada que objetar. Me molesta otra cosa. A riesgo de deslizarme por la senda de la filosofía de garrafón, tengo que afirmar que la mejor victoria no es contra los demás, sino contra uno mismo. Sin embargo, para abrir los telediarios no hace falta superarse, sino derrotar, casi humillar, a otros, cuantos más mejor. Como escribió Brian Wilson para los Beach Boys, "No estaba hecho para estos tiempos", "I just wasn't made for these times".





Sólo vale uno, el primero. El segundo es el primero de los perdedores. Cuando los deportistas de élite asumen esta perniciosa mentalidad, el público aprueba. Y aprueba sin más. Por eso, cuando a uno de esos héroes se les pilla en algún renuncio, se les echa a la hoguera. Y, normalmente, ese renuncio suele ser altamente compatible con la exigencia de gesta continua que hacen prensa y aficionados. El ejemplo más claro, el doping.

La solución al problema es sencilla de entender. Hay que promover otros valores, no sólo ganar por ganar. Y sí, hay que permitir el consumo de todas las sustancias dopantes. Cada uno que haga con su cuerpo lo que quiera. En el deporte profesional norteamericano creo que la filosofía es parecida, por lo menos en cuanto a la política ante el doping.

Y como he puesto dos cumbres del pop de todos los tiempos, he de cerrar esta entrada con esta canción. "Pop life", Prince.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Los chicos de ahora

Cuando uno va cumpliendo años se produce un curioso fenómeno. Tiende a idealizar su juventud comparándola con los veinteañeros de su madurez. Y siempre sale bien parada. Siempre se dice que "los chicos de ahora no tienen respeto" o "están muy subidos y no atienden a mis sabios consejos". En cambio, "cuando yo tenía su edad, me esforzaba por aprender de los que tenían más veteranía". La primera parte de esta razonamiento siempre es verdad. La juventud es arrogante o no es. La segunda parte siempre es mentira porque todos a los 25 años nos creíamos más listos que nuestros mayores. En mayor o menor medida.

Este post iba a adolecer del mismo defecto que denuncia el párrafo anterior. Tenía pensado escribir de la parálisis de la juventud de hoy haciendo un análisis comparativo con lo que ocurre en Francia, en Grecia, en Italia, en el Reino Unido. E iba a recordar que la última generación combativa fue la mía, con las famosas huelgas de estudiantes de la segunda mitad de los 80 y principios de los 90. Mi tesis era que "los chicos de ahora están narcotizados, les cabe un barco".

Sin embargo, un análisis más profundo me descubre una realidad algo distinta. No es que la juventud actual sea la de la generación "nini" (=ni estudio ni trabajo), que lo es. Es que la sociedad civil en la España de 2010 se engaña a sí misma. Los últimos recortes del gobierno, gravísimos, han sido aceptados sin rechistar. Hay quien dice que si el PP hubiera hecho lo que el PSOE se hubiera montado un buen lío. Yo digo que no, que a todo el mundo le da igual.


Max Aub

Estoy leyendo "La gallina ciega", uno de los últimos libros que escribió Max Aub, el diario que escribió durante una visita a España a finales de los 60. Aub se encuentra con una España muy distinta de la que tuvo que exiliarse al final de la Guerra Civil. Una España en la que los españoles sólo quieren vivir bien y les importa un comino todo lo demás. Una España que está empezando a conocer el desarrollo por un turismo un poco de saldo. Los alemanes, los franceses, los ingleses, venían al sol español atraídos por los precios bajos. Por el contrario, no se embobaban con el Prado, El Escorial o la Alhambra, lo que a Aub le parecía un peligro potencial. 40 años después, ya hemos visto que turismo tenemos. Y la sociedad sigue igual, aquejada de individualismo y de insolidaridad. Cada uno va a lo suyo. El burgués descrito en "El lobo estepario" de Hesse es el modelo de la clase media española en el momento presente.

Los chicos de ahora no son más que el reflejo de la superestructura social en la que están incluidos. No son ni mejores ni peores de lo que eran los chicos de antes.

viernes, 3 de diciembre de 2010

El equipo de mi padre

Me gusta que llamen "Clásico" a los Barcelona-Real Madrid. Lo prefiero al anglicismo "Derby", importado de la carreras de caballos. El lunes pasado se celebró uno de ellos, con un resultado histórico, en el que no me voy a detener. Sólo quiero reseñar que todas las opiniones son respetables, aunque si dices que no te gusta cómo juega el Barça es como afirmar que Bach está supravalorado. Y esa opinión será muy respetable, pero no me parece seria.

Me apetece hablar de un niño de la posguerra, nacido el 11 de febrero del 38 en Barcelona, que hubo de ser inscrito en el Registro Civil cuatro días después  porque caían bombas sobre la Ciudad Condal y sus familiares no se atrevían a salir a la calle. Este niño, a los 8 años, emigró con su madre a Argentina y se hizo de Boca, empezó a amar el tango y, muchos años después, tuvo un hijo que ha resultado ser el que esto escribe. Sin embargo, ese niño de la posguerra, mi viejo, no olvidó nunca al Barça, el equipo de su infancia.




En los años 40, el poder en el fútbol español estaba repartido. El Atlético Aviación, después Atlético de Madrid, ganó las dos primeras ligas. Después se fueron repartiendo los títulos el Valencia, el Barça, el Athletic de Bilbao... Cuando la dictadura estaba en su periodo más álgido, el de la feroz autarquía, el fútbol español, paradójicamente, era más democrático.

Ese niño de la posguerra no podía ir a ver fútbol en directo. No había televisión y en la radio aún no existían los carruseles deportivos. Iba con su madre casi todos los domingos al cine y, a la salida, merendaban en un bar cercano a Las Ramblas. Ese era el momento en el que se enteraba del resultado del Barça en esa jornada de liga. Como se ponía muy nervioso y apenas disfrutaba de la película, su madre le dijo que se pusiera siempre en lo peor. Que pensara que su equipo había perdido y, así, al ver en la pizarra del bar cercano a Las Ramblas cómo había quedado su equipo, si había ganado, se llevaría una alegría y, si había perdido, la tristeza no sería tan intensa.

Mi padre se hizo del Barça cuando César era su estrella. Y no lo vio jugar nunca en directo. Después, ya en Argentina, vería al "Charro" Moreno y a toda la constelación de estrellas del fútbol argentino de esa época. Más tarde, a partir de los 70, y con la familia asentada en Madrid, disfrutó de Cruyff, Rexach, Schuster, Maradona, Laudrup, Romario, Rivaldo, Ronaldinho, Xavi, Iniesta, Messi,... Y sigue disfrutando.

Yo no soy del equipo de mi padre. A mí me encanta el juego del Barça de Guardiola. Considero que Xavi es el mejor jugador español de todos los tiempos. Y, aunque mi equipo sea el Atleti, me siento muy cerca del Barça del Cruyffismo, el del rondo eterno. Pero no nos equivoquemos, porque este tampoco es el equipo de mi padre.

Mi padre no vio jugar nunca a su equipo. En él, la estrella era César.


lunes, 22 de noviembre de 2010

Indie de estadio


El sábado pasado estuve en el Concierto del Año. El que dio Arcade Fire en Madrid.

 


Hacía mucho tiempo que no iba a un concierto multitudinario. Unos pocos minutos después de entrar en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid entendí por qué. Colas, empujones, incomodidad en general. Un sonido pobre tirando a malo, con la consabida y funesta "bola". Dificultades para ver las evoluciones de los músicos en el escenario. Precios prohibitivos.

Entendí la razón por la que el Jimmy, mi camello de vinilos en los 90, decía que no quería ir a ningún concierto al que fueran más de 100 personas.

Esa es la malidición que ha caido sobre Arcade Fire, el éxito masivo. Tengo la intuición de que la próxima gira del grupo de Regine y de Win ya va a ser de estadios. "The suburbs" ya ha sido Nº1 en USA. Bien es cierto que este es un dato engañoso pero es significativo. Es engañoso porque se vendió el álbum a un precio por debajo de lo normal y porque la crisis del disco permite sacar la cabeza a los grupos indies como casi nunca antes. Vampire Weekend también ha sido Nº1 este año y álbumes como el "The age of adz" de Sufjan Stevens o "Write about love" de Belle & Sebastian han visitado la parte noble de listas tan prestigiosas como la británica o la norteamericana. Los artistas de usar y tirar ya no venden tanto y los grupos que se dirigen al melónamo, aunque sea al melónamo pop, no han perdido apenas apoyo.

¿Es malo que la gran esperanza del indie mundial en esta primera década del siglo XXI tenga una repercusión masiva? Como diría sir Humphrey Appleby, "sí y no".

Es malo porque a partir de ya mismo Arcade Fire va a trocar, poco a poco, la visceral épica de sus canciones por himnos de rock de estadio a lo U2.
Es bueno porque hablamos de una banda que lleva tres discazos brutales. Si un grupo de esos llega a 1000 personas es mejor que a 100, 10000 mejor que a 1000, 100000 que a 100000, 1000000 que a 100000,... No soy partidario de que lo refinado sea sólo para la élite. Mejor que toque Arcade Fire en el Calderón que Alejandro Sanz o El Canto del Loco.

martes, 16 de noviembre de 2010

Otoño


Es el otoño una estación paradójica. Por un lado, proporciona estampas bonitas, dicho esto sin ningún ánimo peyorativo. Las hojas caídas en el camino, ya sea de tierra o de asfalto, es uno de los tópicos otoñales más recurrentes... y más efectivos (¿efectistas?). La luz del atardecer, y la del amanecer, es multicolor en estos meses finales del año. No es un arco iris, es, más bien, un arco iris matizado. No hay nada chillón y por eso nos gusta.

Hay más horas de oscuridad, lo que en algunos individuos, como yo, provoca algún que otro pico depresivo. El frenesí del verano ya ha parado, hace fresquito, llueve un poco más de la cuenta y nos volvemos a poner las ropas de abrigo. Nos sentimos proclives a la melancolía, y también a la reflexión. Nos suelen asaltar con más frecuencia cuestiones relacionadas con la fugacidad del tiempo, con la caducidad de nuestro tiempo.

En otoño las cosas no son exactamente como parecen. Lo positivo esconde un reverso negativo. Lo malo tiene un lado bueno.

Cada año que pasa me gusta más el otoño.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Primos frente a frente

Cuando Nacha Pop se separó los dos hombres que tiraban de la banda adoptaron caminos distintos. Por un lado estaba Antonio, el chico triste y solitario, que empezó a contruir su leyenda con un primer disco excepcional, “No me iré mañana”. Las letras mejoraron bastante, no en vano Antonio había crecido y eso sólo puede ser positivo para escribir. Lo más llamativo era, no obstante, el hecho de que la faceta como guitarrista de Antonio pasó a un primer plano. Ahí está el riff de “Esperando nada” o un tema que es toda una declaración, “Guitarras”. El que quiera comprender mejor a ese ser humano que se llamó Antonio Vega debería escuchar ese magistral debut en solitario.

Poco después, Antonio se sacó de la manga otra de esas canciones que sólo él podía escribir. La enigmática “El sitio de mi recreo” le convirtió en inalcanzable para todos los demás. Por esa época, su leyenda empezó a aumentar de manera exponencial por su adicción a la heroína. Se le hizo un álbum tributo, “Ese chico triste y solitario” donde, a mi juicio, sobresalía la re-lectura de Rosendo de “Lo que tu y yo sabemos”. Una década y media antes de su muerte ya nos estábamos despidiendo de él.

Por otro lado, Nacho Gª Vega decidió apostar por el lado lúdico de Nacha Pop. Lo hizo con Rico, un grupo de efímera vida que nadie quiere recordar. Sin embargo, en ese momento era la opción que parecía más viable desde un punto de vista comercial. Puede que sea la poca inspiración de sus canciones o puede que los 90 no fueran una década proclive a la fiesta, como demostró el grunge y el indie/noise. Dos fueron las consecuencias de este fracaso. Nacho fue desapareciendo de la escena, mientras que Antonio fue subiendo al olimpo. Nada que objetar, Nacho no tiene el talento que tenía Antonio. Nadie tiene el talento que tenía Antonio.

Sin embargo, hay un olvido que me parece más grave. El lado hedonista de Nacha Pop parece olvidado. Se limita a “La chica de ayer”, y eso suponiendo que sea alegre la canción que define la movida madrileña para casi todos. Sin embargo, a mí me parece que ese momento de la historia del rock español es, sobre todo, divertido. Sin risas, la movida madirleña no sería mucho.

Quisiera, con este humilde entrada de esta humilde bitácora reivindicar las canciones más frescas de Nacha Pop. Canciones que tienen una enorme capacidad evocadora porque mezclan con lo más valioso de aquel frenesí del Madrid de principios de los 80.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Josh Ritter, el marido de Dawn Landes

Esta entrada va a ser breve porque consiste en una recomendación. Merece la pena echarle un vistazo a Book of Jubilations, la bitácora oficial de Josh Ritter. ¿Quién es este sujeto?. Un singersongwriter de postín, como lo demuestra este vídeo.



Su nuevo disco, "So ruins the world away" es una maravilla. Una de mis canciones favoritas de 2010 está incluida en él. Se llama "Change of time". Además, forma con Dawn Landes una pareja de músicos de alta calidad, sólo comparable a la de Steve Earle y Allison Moorer.

Estos son Josh y Dawn tocando en su cocina.



En este clip Dawn se limita a hacer armonías y a tocar el tecladito pero es tan buena o más que el propio Josh.
Aquí, Steve Earle y Allison Moorer.



Antes de irme por las ramas y poner estas canciones tan bonitas yo quería llamar la atención sobre "Book of jubilations". No es muy habitual que un músico tenga un blog interesante. En España, una honrosa excepción es Julio de la Rosa. Y lo mismo podemos decir de Josh Ritter. Ahora mismo, el marido de Dawn Landes está escribiendo una serie de entradas acerca del negocio de la música. Son lúcidas y didácticas, aunque la que más me ha interesado es la última, la que explica qué hace un manager. Josh se vale de una entrevista que le hace a Darius Zelkha, su propio manager, para alcanzar el objetivo.

Me interesa cuando Darius afirma que la situación ideal es que artista y manager esté en el mismo nivel de aprendizaje de lo que es la industria. Es una verdad que se puede trasplantar a muchas otras realidades, a la pareja, a la amistad, a la vida laboral. Y también me llama la atención cuando Darius establece el siguiente axioma: "La perseverancia es más importante que los contactos". Y, de nuevo, eso es aplicable a otros aspectos de nuestras existencias, como él mismo advierte.

En el fondo, el manual de instrucciones de la vida es muy sencillo. Lo que es jodido es aplicarlo.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Una entrada repleta de optimismo hueco

Mi coche está en el taller. La broma me costará unos 600 pavos.

El ADSL de mi casa está jodido. Parece que el router no sicroniza o algo así. No creo que me lo puedan arreglar hasta la semana que viene.

El viernes me voy a Valladolid a trabajar. Para esa fecha necesito el coche. Para un día que me sobra tiempo (como hoy) no me puedo mover con libertad porque... necesito el coche.

 Por lo tanto, ahora lo que toca es escribir una entrada repleta de optimismo hueco. Podría tirar del tópico del vaso medio vacío. Esgrimir una vez más que la suerte tiende a 1 y que los descalabros de hoy serán giros afortunados mañana. Repetirme una y otra vez que sólo me van a pasar cosas buenas a partir de ahora.

Sería muy fácil hacer eso. Otras veces he recurrido a ese truco y ha resultado. Quizá si lo intento con un poco más de ahínco puede volver a funcionar. Estoy casi seguro.

La salida es más sencilla, una vez que entiendes mejor esto de la existencia. Pasan cosas, unas te gustan, otras no, la mayoría te la sudan. Otras veces, pasan esas mismas cosas que te gustaron y ahora no, esas mismas cosas que no te gustaron y ahora sí. Por lo tanto, lo que pasa influye en mí en la medida que yo lo califico/siento. Si me mola, me hace feliz. Se trata de una fórmula de lo más fácil. Parece mentira que haya que estar tanto tiempo en esta pelota azul que da vueltas alrededor del sol para darse cuenta.

Es cierto, hay un número limitado de eventos que despiertan emociones más o menos objetivas y que no resisten este diagnóstico y este tratamiento. Son los que conocemos como Grandes Momentos de Nuestra Vida. Todo lo relacionado con los Grandes Temas, con la Vida, la Muerte, la Amistad, la Lealtad  o el Amor. Ahora voy a echar un vistazo a la relación con la que he empezado este texto. ¿Hay algún Gran Tema involucrado en ella?. Evidentemente, no. Las putadas que me han pasado en las últimas horas me están causando incomodidades y una significativa disminución de mi cuenta corriente. Y ahí me quedo, no tiene mucha más trascendencia.

Así que, a tomar por culo. Como dice el gran Julio, "La vida sigue igual". (Prefiero esto a poner el manoseado "Turn, turn, turn".)


miércoles, 27 de octubre de 2010

Tele para ricos, tele para pobres

Hace unas semanas estaba yo en mi casa por la noche viendo la televisión. Estaba sintonizado un canal llamado Boing que emitía una reposición de "Los Serrano". Eso es la tele para pobres, la TDT.

Esa misma noche me fui a casa de mi padre, que estaba viendo en Sony TV una reposición de "Becker", la estupenda sitcom protagonizada por Ted Danson. Eso es la tele para ricos, el satélite.

Esta primavera he vuelto a ver en DVD "Yo, Claudio" y "Roma". Eso es tele para ricos.

Anoche vi 20 minutos de "Hispania", con un sentimiento de vergüenza ajena fusionado con cierto aburrimiento. Eso es tele para pobres.

Quisiera detenerme en la tele para pobres.
La TDT empezó siendo un nido de fachas y de echadoras de cartas. Ahora hay que añadirle refritos de todo tipo y condición, canales de TV que hacen radio televisada (mala) y cosas exóticas, sin ánimo peyorativo, como ese canal llamado Butaca Latina, aún en pruebas. En general, los canales específicos de la TDT están hechos con cuatro duros y aún menos profesionalidad.

"Hispania" es una serie de romanos que nada tiene que ver con las obras maestras que hacen los ingleses con ese periodo histórico desde Shakespeare. En "Yo, Claudio" están los mejores actores británicos de los 70 y el texto es una suma de dos novelas históricas escritas por Robert Graves. Se trata de un duelo de personalidades apasionante. Octavio contra Agripa, Livia contra Agripa, Octavio contra Tiberio, Octavio contra Livia, Tiberio contra Livia, Sejano contra todos, Tiberio contra Sejano, Calígula contra todos, Claudio contra el Senado, Mesalina contra Claudio, Agripina contra Claudio. Aquella fue una época apasionante, no era una democracia ni un sistema monárquico. De alguna manera anticipa los totalitarismos del siglo XX. Es el poder político aliado con el pueblo por pura estrategia, para derrotar a la aristocracia. "Roma" tiene el gran acierto de combinar hechos históricos con ficción. La tendencia historiográfica de finales del siglo XX huía de los grandes nombres de la historia y elevaba a los pueblos a la condición de actores del curso de los acontecimientos. "Roma" va por ahí, el vulgo interacciona con Julio César o con Octavio. Encima, tiene momentos de enorme emotividad ("Thirteen, thirteen").

En el intento español los problemas se suceden unos a otros. El tono no me gusta. Si hay un momento histórico en el que está de más el maniqueísmo ese es el de la antigua Roma. La batalla que vi en esos 20 minutos fue épica con h. Larga, y rodada como si el realizador no supiera cómo lo hizo Eisenstein en "Alexander Nevski". (En esto, no se diferencia de los directores actuales). Del reparto mejor no hablar. Lo único positivo es que se ha intentado hacer una serie que no cuenta la vida de Paquirri o el romance de los Príncipes de Asturias. Alguna vez saldrá bien.

Echo de menos cuando había sólo dos cadenas y un videoclub a la vuelta de la esquina. Mi vida era más entretenida entonces. Eran los 80, yo tenía granos en la frente, pelo largo, pelusilla en el bigote, era adolescente y toda la tele pretendía ser para ricos.

domingo, 24 de octubre de 2010

El recuerdo de una vida que no viví

"Literatura de izquierda", de Damián Tabarovsky, es uno de los libros que me estoy leyendo ahora mismo. Es una colección de ensayos sobre la literatura argentina desde los años 60 hasta la actualidad. Me va a dar, por lo menos, para otra entrada además de esta que estoy escribiendo ahora mismo.

La lectura de "Literatura de izquierda" me ha proporcionado una experiencia curiosa. En algún momento, entre sus páginas, he creído vislumbrar parte de la vida que me hubiera tocado vivir si mi padre no decide emirgrar desde Buenos Aires a Madrid en 1972. No hubo un relato completo, ni nada que se le parezca. Fueron unas polaroids, la intuición de que hubiera sido fan de Sumo o de Virus y poco más.





Ya me ha pasado lo mismo otras veces. La primera fue cuando conocí al que era novio de mi prima en 2002. Era un porteño a comienzos de la treintena, lo que hubiera sido yo de habernos quedado en Buenos Aires. He de aclarar que no me cayó muy bien porque era de River y yo ni en un millón de años hubiera sido "gallina". Me hizo conjeturar si hubiéramos sido amigos, por ejemplo. Me dí cuenta de que hubiéramos visto las mismas series de TV, los mismos partidos de fútbol, las mismas discotecas.

En otra oportunidad mi mente empezó a volar y a preguntarse quién sería yo de no haber pasado mi infancia, adolescencia y juventud en Madrid. Fue cuando vi "El mismo amor, la misma lluvia", una película que traza un historia entre dos personas a través de los 70, 80 y 90. En tercer o cuarto plano de mi yo consciente empezaron a aflorar fabulaciones sobre cómo hubiera sido eso de ser un chaval de 20 años en Buenos Aires.



Esa vida que no viví forma parte de lo que yo soy ahora. Ahora me doy cuenta de que siempre ha sido así. Esas instántaneas son recuerdos de esa vida que no viví. A estas alturas, no hay que dejarse engañar por la menudencia de no haber vivido una vida. Esa vida que no viví es más real que las vidas que quise y querré vivir. Es una hipótesis autorizada de lo que podría haber pasado. Es una pista para conocer mejor al hombre del espejo.

jueves, 21 de octubre de 2010

A llorar a la procesión

He asistido a las dos ediciones que se han celebrado hasta ahora del Monkey Week. En esta última oportunidad la experiencia ha sido más intensa. Además de ir a unos cuantos showcases y de arreglar el mundo en un par de barras, fui a varias mesas redondas. En una de ellas escuché a un jefe de prensa de un muy famoso festival veraniego lamentarse amargamente de lo mal que le tratan. Y le escuché decir tonterías como esta:

"Afortunadamente, el papel de la prensa musical va a ser irrelevante en muy poco tiempo".

Casi no vale la pena explicar por qué esto es incierto. Basta con decir que siempre habrá alguien que haga el papel de la prensa musical porque nunca dejará de necesitarse que la infiormación, las canciones, se filtren de alguna manera.

Sin embargo, yo quería quedarme con otro asunto. El lloriqueo constante es un símbolo de nuestros tiempos. Todo el mundo cree tener derecho a quejarse. El mafioso pequeño se queja del grande. La víctima del chantaje se queja del chantajeador. ¡El chantajeador se queja de la víctima del chantaje! (Curioso, acabo de definir la situación de la industria de la música en tres frases).

Vivimos en un país en el que tenemos que hacernos perdonar el éxito. Resulta grosero triunfar para el gran mundo. Si nos va bien debemos inventarnos alguna dolencia extraña para provocar en nuestro interlocutor cierta lástima. "Vende miles de ejemplares de su novela, la crítica le adora, las mujeres se lo disputan pero, ¡pobrecillo!, tiene cistitis".

En la presente situación de crisis, esta característica de lo hispano se acrecienta hasta la náusea. Cuando un idiota se lamenta de que tiene que afrontar un problema menor suele cometer una gravísima imprudencia. Es bastante habitual que, en esos casos, el receptor de esas quejas sea alguien con un problema de verdad, como no tener trabajo, por ejemplo.

Muchas veces, el idiota es consciente de que la persona a la que se dirge está peor que él. Entonces el procesa mental que se opera en él es, cuado menos, extravagante. Como para consolar al desgraciado al que está importunando con sus cuitas le trata de demostrar que sus preocupaciones son más hondas. Y, entonces, el insulto es mayor.

Es elegante hacerse perdonar el éxito. Lo demás es abyecto y cobarde. Si, por lo menos, lloraran con clase... Ahora estoy escuchando el bandoneón de Piazzolla y me doy cuenta de que la tristeza mola. Aunque sólo cuando tienes talento, como el gran Astor.

jueves, 14 de octubre de 2010

Una entrada que no debería escribir

Para eso está una bitácora personal, para escribir lo que a uno le parezca, aunque no sepa mucho de la cuestión que trate. Vaya por delante, por tanto, que no considero mi opinión, en este campo, demasiado autorizada.

Hace unos días le dieron a Vargas Llosa el premio Nobel de Literatura. Todo galardón de este tipo es injusto. O, por lo menos, maneja niveles de injusticia muy cerca de lo no tolerable. La lista de reproches y/o agravios es inmensa. ¿Por qué no se lo dieron a Borges y sí a Benavente?. No tiene sentido tratar como una verdad objetiva algo subjetivo. Este tipo de premios tienen valor cuando se asocian con un consenso, explícito o no.

Por lo tanto, no entro a valorar si Mario Vargas Llosa merece el Nobel.

Y más si tenemos en cuenta que no he sido capaz de terminar ninguna novela suya. Me suele aburrir. Quizá no lo leí cuando era más joven e impresionable, como me pasó con Gabriel García Márquez.

Hasta que le han concedido el Nobel hubo una corriente de opinión que trataba de explicar las razones por las que, año tras año, no se lo daban al novelista peruano. Más o menos venía a decir que como era de derechas no era apto para ese tipo de reconocimiento. Esta teoría enunciaba que existe, o más bien existía, una especie de superestructura dominada por los intelectuales de izquierdas que negaban el pan y la sal a los intelectuales de derechas.

Por eso, García Márquez recibió el Nobel en el 82 y el señor Vargas Llosa se quedó con las ganas.

Puede que fuera verdad.

(Ya estoy oyendo a los elementos conservadores de mi entorno dar palmas).

Si fuera cierta esta premisa, deberíamos concluir que esa superestructura ha desaparecido. Y aún diría más, ha sido sustituida por otra de signo contrario. El discurso de los medios de derechas refuerza esta impresión. Hay quien ha dicho que esta decisión de darle el Nobel a Vargas Llosa es como darle un premio a la libertad (sic).

Estirando más el razonamiento, llegamos a otra conclusión más. A Mario Vargas Llosa no se le ha valorado jamás por su obra sino por sus ideas. A Gabriel García Márquez no se le ha valorado jamás por su obra sino por sus ideas.

La cultura, en nuestro tiempo, es un instrumento fuertemente ideologizado. Como en la URSS, más o menos. Aunque con más sutileza y, sobre todo, con más eficacia.

jueves, 30 de septiembre de 2010

La gratuidad

ADVERTENCIA: Esta entrada es una suerte de "spin off" de la anterior.

Es muy probable que diga una tontería. En cuyo caso estoy deseando que alguien me corrija.



El error más grave de las discográficas multinacionales, las que manejan grandes presupuestos, es que han interpretado mal el concepto de gratuidad en nuestros días.

"Nadie da duros a pesetas", dice el refrán. En el fondo siempre ha sido así aunque ahora es más acusado que nunca. La gratuidad no quiere decir que las cosas nos salgan gratis. Cuando uno se baja un disco o una película no le sale por la cara. Como mínimo, tiene que pagar una tarifa plana y comprarse una maquinita. Creemos que es gratis pero nos sale más caro que comprarnos, por ejemplo, 50 cd's al año.

Las discográficas han creido que "gratuidad" era sinónimo perfecto de "gratis" y lo han perseguido como si fuera un pecado mortal. Si hubieran bajado los precios de manera estratégica en el año 2000 habrían conjurado el top manta. Y, sobre todo, si hubieran apostado, en el mismo año 2000, por Internet, ahora estarían mucho mejor. Si en lugar de perseguir a Napster o Audiogalaxy hubieran creado sus propios Napsters con precios competitivos hubieran sobrevivido. Si, incluso, hubieran apostado por contenidos gratuitos, a modo de promoción, para probar las bondades de su producto, ahora no estarían en crisis. De hecho, estarían viviendo una edad de oro. Eso hicieron las operadores de telefonía móvil con el resultado que todos conocemos. Y lo siguen haciendo, por eso yo uso una Blackberry.


¿Por qué sé todo esto? Porque un amigo mío, en el año 2000, en el mismito año 2000, tuvo la oportunidad de coordinar el módulo de música de Plus.es. Y hasta que se fue, allá por 2004, las discográficas se comportaron con él de manera conservadora. Era el último en el orden de prioridad de la promoción de la estrella de turno. Es decir, la última revista gratuita, maquetada por un tuerto y escrita por infraseres, tenía más fácil entrevistar a, por ejemplo, Michael Bolton. Ni hablamos de pasarle contenidos promocionales, como ocurre hoy con Pitchfork.com, por poner un ejemplo.

¿A quién le extraña, entonces, que las discográficas hayan perdido una parte significativa de su personal? ¿A quién le extraña que hayan perdido dinero a espuertas? No se trata de que sean la encarnación del mal. Lo que les ha pasado, y les sigue pasando, es que son muy torpes.


miércoles, 29 de septiembre de 2010

Estos son mis principios (de momento)

Como corresponde a una bitácora veterana como esta, existen una serie de temas que me interesan que he ido tratando más o menos desde siempre. He reflexionado mucho sobre el paso del tiempo, como corresponde a personas de mi edad. Esta humilde bitácora empezó a publicarse cuando tenía 34 años y ahora tengo 40. Hoy, de nuevo como corresponde a mi edad, he empezado a escribir sobre el miedo, emoción que no conocía del todo bien y ahora tengo que manejar lo mejor que pueda. Ha habido entradas sobre política, música, cine, relaciones interpersonales, filosofía de barra de bar, mi vida e, incluso, alguna que bebía de las fuentes de la conspiranoia más miope.

Hay un tema que ya no volveré a tratar. En parte, porque me aburre cada vez más, aunque en otro tiempo me apasionó. Sobre todo, porque mi posición está ya prácticamente fijada.

Es la situación de la industria de la música.

La última pieza que quedaba para completar el puzzle la encontré el otro día en el blog de Julio de la Rosa.

Julio de la Rosa es un músico de talento. Ya lo probó al frente de El Hombre Burbuja y ahora lo confirma con su carrera en solitario. Es autor, además, de alguna que otra banda sonora y ha publicado un par de libros. Sus letras rompen el aburrido paisaje del pop para adentrarse en territorios más lejanos y prácticamente inexpugnables para sus compañeros de generación. La autoparodia, el humor, el cinismo.... Baste este vídeo para demostrarlo.






Me parece que en el texto de Julio de la Rosa hay mucho con lo que estoy de acuerdo. Es lúcido y racional. Da en el centro de la diana varias veces, como cuando afirma que los intermediarios siempre existirán, y es bueno que existan. O cuando explica el círculo vicioso en el que están metidas las discográficas en la actualidad.

Pienso que las discográficas en su conjunto funcionaron muy bien durante muchos años. Casi podríamos decir que durante todo el siglo XX. Sin embargo, hoy es el sector más retrógado de la industria del ocio. Todavía están anclados en conceptos de propaganda y distribución de hace 20 años. Hablo sobre todo de las multinacionales. No se han adaptado a la realidad del mp3, al Youtube, al P2P. Vieron el progreso como un enemigo, quisieron preservar su negocio en una urna, dejarlo inmutable. Y ya sabemos lo que pasa cuando remas contra la corriente del tiempo. Curiosamente, la industria editorial ha reaccionado mejor a la realidad del libro digital. Quizá porque han aprendido del fracaso de las discográficas.

Los únicos cambios que han acometido las discográficas han sido por obligación. La cuenta de resultados declina, recorto en personal. Es el ABC del capitalismo. Se han limitado a crear unas divisiones digitales a las que han exigido resultados desde el primer momento sin aportar recursos. Han creido que la revolución del mp3 iba a ser como la del CD. Que un formato iba, poco a poco, a sustituir al otro sin sobresaltos y sin cambiar las cosas. No han entendido las posibilidades nuevas que ofrecía el mp3. Y siguen sin darse cuenta del todo.

La industria musical está sufriendo una purga. En el mejor estilo del capitalismo, además. Adáptate o muere, ya no hay otra. Quiero pensar que al final se quedarán los mejores, por eso pienso que esta crisis, que ya lleva una década, es una buena noticia. Cada vez estoy más convencido de ello.

Hay un efecto colateral que sí me preocupa. Una de las conquistas del siglo XX es el derecho de la propiedad intelectual. En el siglo XXI esa conquista está en entredicho o está mal interpretada. Además, se ha parado su evolución. Cuando la industria tiraba mantequilla al techo, el derecho de la propiedad intelectual no se cuestionaba. Tampoco se desarrolló, lo que ha traido los problemas que hay ahora. La ley española apenas es de unos artículos, no está nada detallada. Recoge principios pero no da pautas para hacer reglamentos adaptados a los tiempos. En la actualidad, hay quien niega la existencia de ese derecho o quien lo quiere exarcebar. Es el mismo cuento de siempre. No hay dinero, saquemos de donde hay.

¿Derechos de autor? Sí, por supuesto. Bien explicados. Y justos.
¿El futuro? Brillantísimo, una vez que sobrevivamos al presente.
¿Las discográficas? Reconvertidas por completo. O sustituidas por otros organismos.

lunes, 27 de septiembre de 2010

País de opinadores

En el año 1979 le ofrecieron a Bruce Springsteen participar en un festival benéfico contra la energía nuclear. Se llamó “No nukes” y fue uno de los hitos de la época. Bruce aceptó y dio uno de los conciertos más importantes de su vida. Esa fue la primera vez que se editó de manera oficial un directo de Bruce y su E Street Band. Sólo fueron unas canciones aunque fue algo memorable por la negativa de Bruce de publicar álbumes en vivo en aquella parte de su carrera. Esa postura provocó que el mayor número de discos piratas de la historia sean conciertos de Bruce Springsteen. De hecho, mis únicos discos piratas pertenecen a grabaciones del roquero de Freehold, Nueva Jersey.


Ese concierto del “No nukes” fue un punto de inflexión para Bruce por otra cosa. Era la primera vez que tomaba una postura claramente política, algo que es más habitual ahora para él. Esa fue la gran duda de Bruce, no sabía si quería adoptar una posición tan clara y estuvo pensándose si meterse en ese corral. Principalmente, lo que Bruce sentía era un enorme inseguridad porque no se sentía cualificado para expresar su punto de vista sobre el tema. Al final, se limitó a dar el concierto y no hizo ningún tipo de comentario.



Ya había publicado cinco discos y tenía 30 años.



En este país nadie o casi nadie tiene los melindres que Bruce demostró hace tres décadas. Todo el mundo cree que puede opinar de todo. Cuanto más serio es el asunto con más facilidad vemos al famoso de turno vomitar sus tonterías. Ya lo dijo Harry el Sucio: “Las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene una”. No es malo que tengamos opiniones, como no es malo que tengamos culo. El problema es que no tenemos que ver el culo de la gente y tampoco tenemos que saber sus opiniones.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Espectáculo

Es curioso comprobar la diferente consideración que le da la gente a las palabras. Un ejemplo es "dinero", vocablo valorado positivamente por el ciudadano/a común. En cambio, "diálogo" es una palabra que ha perdido, por lo menos en España, mucho de su prestigio. Incluso hay quien la usa como un insulto.


Con "espectáculo", se ha dado la situación contraria.
Hoy todo tiene que ser espectacular.
Da igual que un concierto suene perfecto.
Tiene que ser espectacular.
No es importante que una película cuente una historia que conmueva.
Tiene que ser espectacular.
Resulta indiferente que un partido de fútbol sea emocionante y competitivo.
Tiene que ser espectacular.
Etc, etc, etc,...


Con "espectacular", el populacho no quiere decir "estético" o "bonito". "Espectacular" es que, a primera vista, nos llame la atención, aunque luego todo resulte una chorrada. De hecho, más de un 90% de las veces es una chorrada.

Y "espectacular" es la categoría que está por encima de las demás. Todas se subordinan a ella.

Preferir lo "espectacular" a lo bonito es como preferir una patatas fritas a unas gambas blancas de Huelva.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Sex, drugs and R&R (y V)


Última entrega.

 Llegan los 80. Superados el punk y la música disco, las jerarquías dominantes logran recomponer la situación de forma definitiva. El R&R ya no volverá ser un peligro. El tópico “sexo, drogas y R&R” ha servido para domesticar a una genuina expresión cultural de y para el pueblo.

Sin embargo, la historia no termina aquí. El relevo del R&R lo cogen el hip hop y la música de baile elctrónica, esta última una clara heredera de la música disco de los 70.

El hip hop, en su versión gangsta a partir de los 90, sublimará el tópico del sexo y las drogas para convertirlo en híper violencia. Las muertes violentas de Notorious BIG y Tupac Shakur ahí están para atestiguarlo. Además, el gangsta es un desafío abierto para la sociedad. No es un estilo de vida alternativo, es una toma de partido para acabar con el sistema. La droga dominante es la cocaína, que excita al consumidor. Y el sexo, lejos de la permisividad moral e igualitaria de los tiempos pre-SIDA, es brutalmente homófoba. Los videoclips del momento álgido del hip hop glorificaban un estilo de vida excesivo. Coches, chicas tratadas como objetos sexuales, cadenas de oro estrámboticas, coches deportivos.



El tecno de Detroit y el House de Chicago son continuaciones de la música disco de los 70. Cambiará, sobre todo, el tipo de drogas que se consumen. Y aquí hará su aparición el éxtasis, una droga sintética y asequible que proporciona una sensación de “ligereza” y una capacidad de empatizar con los demás realmente notable. El sexo ocupa un lugar subsidiario. El ritual de la electrónica es sencillo. Noches interminables, como las de la música disco. Hay un nuevo chamán, el dj, que es anónimo y apenas tiene visibilidad. Sobre todo hay una sensación de comunidad aglutinada en torno a una múscia minimalista y con un gran despliegue de graves. Se trata de una cultura del escapismo, de una huida del día a día. Es una escena compuesta por jóvenes trabajadores que buscan el fin de semana para alejar el tedio de sus vidas. Y también por jóvenes en paro, que tampoco encuentran un sentido en su vida y que canalizan con el baile su frustración.




Ambas músicas, con sus defectos y sus virtudes, son, como fue el R&R, músicas de y para el pueblo. Y ambas han sido desactivadas con, básicamente, el mismo argumento. “Son todos una panda de drogadictos y de fornicadores”. El hip hop lo puso fácil, se autodestruyó al entrar en una espiral incontenible de violencia, sexo y drogas. La electrónica se consumió cuando buscó una coartada artística que no necesitaba. Y cuando el poder le acusó de ser un grupo de empastillados fuera de la realidad. La muerte, a mediados de los 90, de una joven que había consumido extásis, sirvió para que en el Reino Unido se criminilazara a los clubes de tecno a través de los tabloides. Antes se habían perseguido las raves, fiestas ilegales en el campo que, curiosamente, conectaban con el hippismo, hasta tal punto que el verano del 88 fue llamado el segundo verano del amor. Y, en España, la Ruta del Bakalao sufrió parecida censura, primero periodística y luego popular.


Sin embargo, es curioso señalar que, al principio, se trataba de desacreditar la música popoular en detriemento de la culta. Y, curiosamente, la música culta también era un nido de seres imperfectos que sucumbían a las pasiones. Las vidas de María Callas o de Glenn Gould podrían ser, perfectamente, las de estrellas del rock. Algo, que en cierto modo, fueron.



La música es vida. Y en la vida hay sexo y drogas. Lo único que cambia es cómo usa el poder esa realidad.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Sex, drugs and R&R (IV)

Cuarta entrega.

El contraataque se produce gracias a la irrupción del punk. En Nueva York, horrorizados por el enfoque radical del hippismo, incómodos con su visión ecologista, naturalista, de la vida y sin poder permitirse vivir sin trabajar, se creará el underground. Otra vez es la generación beat el germen. En los 60 florecerá la Factory de Warhol, un encuentro de artistas que quieren que el arte sea para el pueblo, el pop art será llamado. De ahí saldrá la Velvet Underground, un grupo que no es hippie, ni roquero, que es urbano e incómodo. Después vendrán los New York Dolls, los discos de Lou Reed en solitario y, por supuesto, los Ramones, Television, etc,.... Entonces, unos asiduos al CBGB's, el club neoyorquino donde tocaban esos grupos, crean un fanzine que le presta el nombre a un movimiento, “Punk”.



El punk neoyorquino es nihilista. No tiene una agenda política y no está muy cohesionado. Se define más por lo que no es, que por lo que es. Dará cobijo a grupos muy distintos entre sí, como los Talking Heads, Blondie o los Dictators. Y, sobre todo, consumirá drogas y practicará sexo sin ninguna cortapisa moral. Todo valdrá para darse un paseo por el lado salvaje de la vida como propondrá Lou Reed en su “Walk on the wild side”.



Primo hermano del punk neoyorquino es el punk inglés. Es una escena parecida, pero con bastantes rasgos diferenciadores. En primer lugar, sus miembros provienen del proletariado. Son hijos de la crisis del petróleo, como los americanos, pero están más enfadados. Tienen una mirada política. Los Sex Pistols tocarán para los sindicalistas en huelga y los Clash llamarán a la revuelta, con su “White riot”. Y proponen una novedad que acaba para siempre con las misas paganas en el rock. El público estará al mismo nivel que el grupo sobre el escenario. Ya no hay chamanes, ni dioses. Sólo hay una banda que sirve de catalizador a la energía de la gente que ha venido a verlos. No se trata de expiar nuestros pecados, se trata de canalizar el descontento ante una situación en la que no hay futuro. La mecha la prende el alcohol barato y las drogas blandas. El sexo vuelve al lugar de los años 50, es algo prohibido y no ocupará un lugar preferente.



Ante este panorama, el poder volverá a reaccionar. Y de nuevo se servirá de la excusa de las drogas y el sexo para neutralizar a esta segregación del R&R. Para combatirlo, querrá usar la música disco, como hizo con los ídolos de jovencitas a principios de los 60. Sin embargo, la música disco es tan peligrosa como el punk. Está lleno de mensajes vitalistas, que invitan a hacer uso de la libertad personal, libertad personal que es utlizada, entre otras cosas, para abrazar sin complejos sexo y drogas en noches interminables en discotecas como el “Studio 54” de Nueva York. Rápidamente, igual que se encumbró a la música disco, se la despreció y pasó a ocupar un lugar minoritario. El SIDA hizo el resto.



miércoles, 15 de septiembre de 2010

Sex, drugs and R&R (III)

 Tercera entrega de la conferencia.

Antonio Escohotado, en su “Historia de las drogas”, vincula espiritualidad con ebriedad, especialmente en las sociedades primitivas. Algo muy parecido pasará con el R&R a finales de los 60. Los conciertos pasarán de recitales de apenas media hora, con un sonido malo, a grandes macro festivales como el de la Isla de Man, el de Monterey y, sobre todo, el de Woodstock, del cual se cumplieron 40 años en 2009. Tomenos este ejemplo, concretamente, en el momento en el que Jimi Hendrix salió al escenario.

Habían pasado 3 días de paz y amor. Eso rezaba el eslogan destinado a que la sociedad bienpensante se quedara tranquila enviando a sus hijos a esos eventos. Lo cierto es que en esos 3 días hubo rock, hubo paz, hubo amor y, también, hubo barro, como atestiguan muchas imágenes de la época. Lo que quiero decir es que no todo fue un cuento de hadas. Hubo muchas denuncias de violaciones y el consumo de LSD y otras sustancias fue desordenado, desorbitado. El clímax de Woodstock fue el concierto, al amanecer del último día, del virtuoso guitarrista zurdo de Seattle. Aquello podemos considerarlo como una misa pagana, en la que el chamán, Jimi Hendrix, expiaba los pecados del público, les “limpiaba el alma”, rebuscando en el subconsciente colectivo como lo prueba la famosa versión psicodélica del himno americano que Jimi interpretó. Instrumental en ese objetivo curativo fue el consumo de drogas y la presencia del sexo, del amor más o menos libre.



Ante este fenómeno hubo dos posturas, como he dicho antes. Una, destinada a bajar de grados eso que he llamado una misa pagana y convertirlo en algo más inocente. Esa será la postura del poder, porque, como hemos dicho, no quiere perder el monopolio de la cultura y, aún menos, de la espiritualidad. También será la postura de los propagandistas del rock que ven un muy buen negocio en la música, que por fin se ha convertido en un entretenimiento para la sociedad civil, para el pueblo. En esos propagandistas están las compañías discográficas, la prensa especializada y muchos artistas que pueden convertir su pasión en un oficio. Esta será la opción que elegirá la mayoría de la sociedad, la que elegirá restar el fenómeno del R&R con lo menos amable. Sí, efectivamente, elegirá despojar al R&R del sexo y las drogas.

La otra es la que abraza el movimiento hippie, heredera de la generación beat, con la figura de Allen Ginsberg como nexo de unión. Los hippies entienden que el R&R les proporciona un instrumento muy valioso para cambiar el estilo de vida al que estaban abocados. El R&R con el sexo y con las drogas, es decir el paquete completo, les viene muy bien para renegar del matrimonio, del trabajo estable, del coche de la casa, del ocio neutro y trocarlo por la vida en comunidad, por el amor libre, por el consumo de estupefacientes y por la conciliación suprema entre hombre y naturaleza. Por decirlo de una manera, el hippie es un protoecologista, opta por el lado animal del ser humano. Está claro que es una propuesta radical, de ruptura con el orden establecido y, además, atractiva. El poder no podía permitirla y la desactivó para dejarla en algo minoritario.



Mención especial merecen las groupies. Es interesante la aparición de de este fenómeno porque vuelve a relacionar al R&R con la espiritualidad. No sólo las estrellas del R&R son chamanes, como Hendrix en Woodstock. También son dioses grecorromanos, dioses que se relacionan con los humanos, que caminan entre nosotros. Al oficiar esas misas paganas, esos conciertos, al ser representantes de lo divino, terminan por ser lo divino. Es un paso pequeño, si lo pensamos bien. Así es como lo ve ese sector de población conocido como las “groupies”. Contrariamente al sentir general, las “groupies” no son sólo esas chicas jóvenes que desean tener sexo a toda costa con las estrellas del rock, no son unas locas con un desorden hormonal severo y una desmedida pasión por la fama y los famosos. Ellas quieren estar con esos músicos de R&R porque los ven como dioses grecorromanos, como seres superiores dotados de un aura especial. Las estrellas del R&R son para las “groupies” una versión corregida y aumentada del chamán, papel que a los músicos de los 60 les sienta como un guante. Las primeras “groupies” buscan salgo más que sexo con cantantes, guitarristas, bajistas, bateristas o, incluso, managers. Buscan una relación sublimada, una verdadera unión espiritual con ellos, en tanto en cuanto son vistos por ellas como dioses. Muchas casi lo lograron, como fue el caso de Sable Starr, una jovencísima “groupie” californiana que encandiló a Johnny Thunders, el guitarrista de los New York Dolls.

Una vez desactivada la visión del hippismo en el R&R, la opción suave se impone. Los acontecimientos, además, coadyudan a que triunfe. Los Beatles, se separan, los Stones se exilian por problemas de impuestos, Jimi Hendrix y Janis Joplin mueren víctima de las drogas y Clapton desaparece del mapa porque su problema con la heroína le inhabilita para seguir su carrera discográfica.

El poder ha recuperado el mando, como cuando Elvis de fue a la mili. Música para las masas, sí, pero domesticada.

Sex, drugs and R&R (II)

Segunda entrega de la conferencia.

Un judío con cara de acelga y con un talento tan evidente como atípico le cambiará la cara al folk, un movimiento algo artificial que buscará recuperar el blues rural y, sobre todo, el country antiguo dotando a la fórmula de una ideología izquierdista. Por fin, era el momento de Woody Guthrie y de Pete Seeger.



Se puede argumentar que el éxito masivo de los Beatles y el impacto comercial de Bob Dylan pusieron la dignidad artística del R&R a salvo. Pasó de ser un entretenimiento neutro sólo para adolescentes para convertirse en una propuesta más ambiciosa. De hecho, es la culminación de algo que la música lleva intentando desde principios de siglo, dirigirse al pueblo. Cuando a principios de siglo Richard Strauss dirigió una orquesta en la azotea de unos grandes almacenes de Nueva York, y recibió grandes críticas por ello, sólo estaba escenificando el ansia de los músicos por salir de las salas de concierto, de los salones burgueses.

Para las jerarquías dominantes este movimiento era muy peligroso, sobre todo en potencia. Que el arte fuera popular significaba que perdían el monopolio de la cultura y, con ello, un elemento de poder.

¿Cómo fue la relación de Dylan y los Beatles con el sexo y las drogas? ¿Justificaba el miedo de las jerarquías dominantes? En término de alarma social, la verdad es que no. Estaba claro, como ha quedado más que demostrado, que por escuchar a Dylan o los Beatles no te convertías, ni te conviertes ahora, en un fornicador o en un politoxicomano, sino en algo más problemático. Lo dijo Springsteen hace unos años, Elvis nos liberó el cuerpo, Dylan la mente. Si prestabas atención a las letras podías ponerte a pensar por ti mismo y a cuetsionar la autoridad. Uno de los muchos elementos que conformaron la placenta de mayo del 68 fue, sin ninguna duda, el R&R. Está claro que la solemne proclamación de que los tiempos están cambiando, “The times they are a-changin'”, hacía que la juventud tuviera claro que no quería repetir los esquemas de sus mayores. “No quiero ser como mi padre” es un mantra que se repetía esos años con una cierta frecuencia. En ese planteamiento rupturista sí que tenía espacio una relación más apasionada con el sexo y las drogas. Hubo, por lo menos, dos maneras de enfrentarse a ambos elementos.




Esta noche, la tercera parte.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Sex, drugs and R&R (I)

Resulta que uno que se llama como yo ha dado una conferencia esta tarde. Resulta que no sólo se llama como yo, sino que tiene mi cara, mi calva y vive en el mismo sitio que yo. Por eso no he actualizado estos días, porque me he enfrascado en el texto que me ha servido de base para lo de hoy. Voy a publicar la conferencia, dividida en 5 partes, a lo largo de esta semana. Aquí va la primera entrega.


“Sexo, drogas y rock and roll”. Un tópico que se ha acuñado de manera interesada. También, una realidad de la que no se puede escapar.

Fue una verdadera batalla. Las jerarquías dominantes no querían el rock. La juventud, sí. Estamos en los años 50. El poder, por lo tanto, enunció, con otras palabras, que el R&R es un instrumento del diablo. La juventud calló porque estaba seducida por el brillo de una nueva música que era casi un estilo de vida. Así lo reconocerá a posteriori el diario francés de izquierdas “Liberàtion” con ocasión de la muerte de Elvis Presley. La irrupción del Rey hizo que la juventud, casi la adolescencia, pasara a ocupar el primer plano en la cultura y la sociedad. También, la juventud se vio atraída, de muchas maneras, por ese mito de sexo, drogas y rock and roll. Unos lo hacen de manera abierta y otros sintiéndose culpables.

¿Había drogas en ese momento fundacional del rock? En los años 50, en el jazz, la heroína y la cocaína campan por sus respetos. La generación Beat ha consagrado el consumo de alcohol y drogas como una forma superior de entendimiento. Kerouac dirá que escribía como Coltrane hacía solos en el quinteto de Miles Davis. Sin embargo, el rock está en una fase de profunda inocencia. ¿Sustancias estupefacientes? Sí, pastillas, alcohol barato, drogas blandas. ¿Sexo? Por supuesto, de eso iba todo. Pero los chavales estaban mal informados, lo que disparó el número de madres adolescentes. Y eran inocentes, viendo el sexo como algo prohibido, de difícil acceso.



Ante ese panorama, las jerarquías dominantes optan por el mal menor. O, quizá, la popularidad del R&R les hizo tener que adaptarse a los tiempos. Es una de las características más destacadas del sistema capitalista, su enorme capacidad para adoptar cualquier forma sin que desaparezca lo fundamental, la posibilidad de hacer negocios. Año 1956, el programa de variedades más importante de Estados Unidos emite una actuación de Elvis Presley. Ese instrumento del diablo es aprobado, de manera más o menos tácita, por el poder. Es necesario, no obstante, darle un lavado de cara. Elvis se va a la mili en 1958, Chuck Berry ingresa en la cárcel, Jerry Lee Lewis se mete en problemas por casarse con su prima y Ritchie Valens, The Big Bopper y Buddy Holly se van para siempre en febrero de 1959, “The day the music died”, en un desgraciado accidente de aviación.

Es el momento de azucarar el rock. Las listas las copan jóvenes blancos de ojos azules. Guapos, formales, con bonitas voces, un sueño para todas las madres. Paul Anka y su “Diana” es el representante imperfecto de ese primer intento de domesticar el rock. Hasta el propio Elvis, a la vuelta de la mili, se da cuenta de que pasó la época de “Hound dog”, “Heartbreak hotel” y de “Don't be cruel”. Pasados unos años, se concentrará en una injustamente tratada carerra en el cine.



¿Era el final del rock? ¿Ya no habría “sexo, drogas y rock and roll”? No, porque la semilla ya estaba plantada. Germinará en dos lugares insospechados. En el Village neoyorquino y en una ciudad obrera del norte de Inglaterra, Liverpool.

martes, 31 de agosto de 2010

¿Qué se puede esperar?

Existe, aquí y ahora, en este país en el que vivo, España, un sentimiento de desarraigo bastante pronunciado. Es de distintos tipos. Por un lado, la periferia no se siente "cómoda" en este estado nación. Y, también, hay una parte de los ciudadanos que tampoco se sienten "cómodos" por culpa del gobierno. En resumen, es muy habitual, en el momento presente, hablar mal de España.

No voy a ser una excepción. Yo también lo haré, con alguna diferencia, eso sí. Eso de usar la versión propia de la historia como arma arrojadiza no va conmigo. Tampoco voy a hablar de política.

El tema de esta entrada es Miguel de Cervantes.


Este señor fue un héroe de acción que revolucionó para siempre la literatura creando el concepto de novela tal y como lo entendemos hoy, casi 500 años después de su muerte. Ojo, he dicho que fue un héroe de acción. O sea, es como si Jean Claude Van Damme se llevara el Nobel de Literatura. Como si Borges hubiera sido, además del autor de "El Aleph", el matón más peligroso de los arrabales de Buenos Aires en la encrucijada de los siglos XIX y XX.

Fue soldado. No sólo combatió en Lepanto, sino que siguió bajo el mando de Ponce de Léon unos cuantos años más. Fue cortesano en Italia, preso en Argel, de donde intentó escapar cuatro veces, estuvo dos veces en la cárcel, fue recaudador de impuestos, sufrió fracasos matrimoniales y, cuando al fin tuvo éxito, con la primera parte de El Quijote, un indeseable se inventó una continuación apócrifa de su más famosa creación. Eso fue el extraño caso del Quijote de Avellaneda, detrás del cual se cree que estuvo, directa o indirectamente, Lope de Vega.

Aquí quería llegar.

A Lope.




Se va a estrenar, esta misma semana, un película sobre Lope de Vega, el renovador del teatro español. Por lo que he podido saber se centra en la juventud del personaje y, sobre todo, en sus líos de alcoba. Puede ser un buen material, por lo menos no habrá que fabular porque está más o menos documentado que el llamado Fénix de los Ingenios era, en sus años mozos, lo que conocemos como... un... "picha brava".

Con Shakespeare sí que hubo que inventarse cosas y, aún así, la película tuvo cierto éxito.



Siempre pensé que faltaba una buena película épica alrdedor de la figura de Cervantes. (En realidad, creo que al cine español le falta épica: ¿Por qué no una película sobre la Batalla del Ebro?). Cuando vi en el cine que iban a estenar una sobre Lope me indigné. No me pareció del todo mal hacerle una suerte de biopic a Lope, lo que me dolió es que sigue sin haber nada sobre Cervantes. Luego me informé y resulta que sí hay dos películas, como mínimo.

"Miguel y William" y "Cervantes".

La primera es reciente, relaciona a Cervantes con Shakespeare y es una ficción sobre la disputa, ficticia, que ambos mantuvieron por una mujer. Está basada en la errónea creencia de que estos dos grandes de las letras murieron el mismo día. La base de esta confusión es que Inglaterra aún se regía por el calndario juliano y en España ya se había adoptado el gregoriano.

La segunda tiene más de 40 años y es una coproducción hispanoitalianofrancesa. El protagonista es Horst Buchholz, inolvidable por su papel en la inmortal "Uno, dos, tres". Se centra el juventud de don Miguel, repleta de acción y drama.

No he visto ninguna de las dos. La experiencia, el olfato, me advierte de que es posible que no sean lo que estoy esperando. Quizá "Cervantes" pudiera ser una opción razonable, aunque su escasa relevancia me hace sospechar.

A pesar de todo, sigo pensando:

¿Qué se puede esperar de un país que hace antes un biopic sobre Lope que sobre Cervantes?
Y, encima, tenía que ser Lope...

martes, 24 de agosto de 2010

Lírica efímera

Procede hacer una advertencia. Me gustan los Smiths, me gusta el pop intimista. Por eso voy a ser híper crítico con las canciones y los discos que hablan de emociones propias, íntimas y, para la mayoría de la humanidad, intrascendentes.



La música popular está concebida para ser devorada casi al instante. Eso no tiene nada de bueno ni nada de malo. Es así y es necesario que sea así. En el tipo de sociedades en las que vivimos desde el final de la II Guerra Mundial nada hay tan valorado como lo que se consume rápidamente. Es la base del crecimiento económico y el ritmo de los tiempos.

El pop intimista, como no podía ser de otra manera, participa de esta cualidad. Mucho más de lo que nos parece, mucho más que, sin ir más lejos, el punk. La explosión del 77 ya estaba agotada en el 78. Fue un golpe en la mesa, un recordatorio de qué se estaba haciendo mal, un antídoto para los excesos del rock progresivo y/o sinfónico.




El punk es necesario. Por eso vuelve siempre, con ropas distintas. A veces es ruido, otras silencio atronador. Siempre es un asidero para pensar diferente, para pensar por ti mismo. Eso hizo Dylan cuando proclamó que no había que seguir líderes, cuando electrificó el folk. Eso hizo Freud, cuando inventó el psicoanálisis. El punk es la base de todo, aunque sólo con la base no se hace nada. Hace falta seguir más camino. Esa es la razón por la que el punk es una estrella fugaz. Tiene que serlo, para no caer en el nihilismo.


El pop intimista NO es necesario. Antes al contrario, es contraproducente. Cumple la misma función que un caramelo. Es agradable al principio... indigesto luego. Eso es porque hablar de uno mismo es aburrido para los demás y para uno mismo. ¿Cuantos artistas ya no se creen su propio personaje? Porque repetir lo mismo disco tras disco y de la misma forma no es personalidad, es falta de recursos. Aunque algunos lo hagan tan bien como Darren Hayman, el líder de Hefner.



Bonito, sí. Lástima que todo se agote en un par de discos... Encima, tienen que ser buenos. Casi obras maestras.