lunes, 30 de noviembre de 2009

La gratuidad

Hace como diez años, cuando Internet empezaba a formar parte de mi vida, solía decir que ese pretendida revolución digital no era para tanto. Algún cambio de impresiones tuve con gente que decía que La Red iba a modificar profundamente nuestras costumbres. Yo sostenía que lo único que iba a ocurrir, como mucho, es que la vida se nos haría más fácil en algunos aspectos.

Me equivocaba.

Lo que Internet ha traído es el concepto falso, mentiroso, tramposo, de la gratuidad. Especialmente en el mundo de la música. Hace como diez años era aceptable comprarse un disco. Ahora, los que todavía vamos a tiendas de música somos vistos como bichos raros, como excéntricos sin remedio, como idiotas a los que nos gusta tirar el dinero. Entiendo que la irrupción del CD, a principios de los 90, hizo que comprar música fuera un 100% más caro. Y que eso fue una muestra de la avaricia de una industria cuyos niveles de analfabetismo empezaban a ser preocupantes, especialmente en este país.

Sin embargo, esa realidad no justifica en absoluto que queramos pensar ahora que la música tiene que ser gratis. ¿Por qué la música tiene que ser gratis y no el agua o la comida?  ¿Por qué la música tiene que ser gratis y no las medicinas?

Hace muchos milenios que la Humanidad realiza sus intercambios por medio de esa cosa odiosa que es el dinero. Es decir, la única escala objetiva que tenemos para poner en valor las cosas es el vil metal. Y esta sociedad ha decidido que la música no vale nada. Una cosa es que un chaval de 12 años se grabe en cinta sus discos favoritos porque no tenga pasta. Y otra cosa es que gente con poder económico se baje de la mula el último disco de La Oreja de Van Gogh, o de Alejandro Sanz, o de Franz Ferdinand. ¿Soy el único al que le parece obsceno?

martes, 17 de noviembre de 2009

Una tomadura de pelo (Un desahogo placentero)

Esa es la expresión que más utilizo últimamente. Todo me parece "una tomadura de pelo". Las bandas de moda, las películas que le gustan a todo el mundo, los libros más leídos. Toda la cultura oficial me parece una idiotez. No son más que refritos de cosas antiguas, algunas de las cuales estaban bien y otras no tan bien. El futuro ya no existe.

No veo entusiasmo real por nada. Ni siquiera por los videojuegos. Todo es mentira.

Todo es una tomadura de pelo. (Ejemplos: "Inglorius basterds", Black Joe Lewis, Cormac McCarthy)

Podemos considerarlo como oficial el hecho de haberme convertido en un viejo cascarrabias. Lo peor de todo es que me mola. Lo peor de todo es que ser un puto listillo es lo que siempre quise ser.

martes, 10 de noviembre de 2009

Esta entrada la tenía que haber escrito anoche, pero...

Sí, ayer debía haberme puesto a escribir este texto. Porque ayer venía emocionado de ver lo que había visto. Lo pensé, incluso pergeñé estructura, título y extensión. Al final no lo hice porque... se me olvidó. Al día siguiente, o sea hoy, ya no tengo el nivel de excitación de hace unas horas. Aún así, ¡qué coño!, voy a poner negro sobre blanco mis impresiones.

Ayer por la tarde fui a los Kinepolis a ver en pantalla grande, VO y en digital, el documental "This is it" (no confundir con ese disco venido a menos que es "Is this it", el debut de los desfasadísimos Strokes). Hay muchos motivos para poner a parir la supuesta operación comercial que algunos creen que es "This is it". A mí me da lo mismo. No sé si es un docu drama, si es cinema verité o un burdo "sacacuartos". Me la suda. Lo único que sé es que Michael Jackson bailando y cantando en plano general es algo digno de verse. Aunque tuviera 50 años y no fuera el de la fiesta de la Motown del 83.

Hay otros detalles que me gustaron mucho. La profesionalidad de Michael, por ejemplo. Él era el único que ensayaba con ropa de escenario. El único que no se quedaba sin aliento al final de los números. Me encantó el brillo de sus ojos, a veces ocultados por unas gafas de sol. Y esa manera de controlar todos los detalles con educación, cariño y talento.

Michael fue muy grande. Es lo que queda después de ver "This is it". Ayer acabé igual que cuando sales de ver una faena cumbre en Las Ventas y te pones a pegarle naturales a las farolas. La diferencia es que yo me puse a hacer el moonwalk en un estado de híper excitación. Quizá por eso se me olvidó escribir ayer esta entrada, que es cuando tenía que haberla compuesto.

jueves, 5 de noviembre de 2009

La respuesta

Tras varios años, y varias entradas, buscando la solución a la paulatina destrucción de la industria de la música tal y como la conocemos, puedo afirmar que ya la ha encontrado. Como siempre, la salida es conceptualmente sencilla, aunque con una difícil traslación a lo práctico.

He estado leyendo el Rock de Lux de noviembre de 2009, un número especial que hace un repaso a la década que agoniza. Entre listas arbitrarias de mejores discos, mejores singles, mejores películas, etc,... había un artículo que reflexionaba acerca de la implosión del mercado discográfico. Es un texto que no aporta nada nuevo. No se atreve a dar soluciones y sólo logra acumular datos escalofriantes que explican el estado de la cuestión.

Creo haber entendido la naturaleza del dilema que tenemos planteado. Llevamos desde los tiempos de Napster tratando de anticiparnos al futuro. Estos últimos 10 años, más o menos, han estado plagados de sentencias que nos parecían muy acertadas y que luego han sido sobrepasadas por la realidad. Todos los años se dice que al CD le quedan dos telediarios y, de momento, sigue aquí. Me he cansado de oir que el hip hop es el más dinámico de los estilos. Lástima que, por lo menos en España, sus principales representantes den síntomas de cansancio. Podría seguir...

Vivimos en el futuro y no somos capaces de sobrevivir al presente. Ahí está la clave. Para reflotar a la industria de la música hay que pensar en qué es lo que quiere el público hoy, en 2009. No en 2015, no en 2012, ni siquiera a un año vista. Si hoy salvamos el día, estaremos preparados para mañana.

Sencillo. Fácil de entender. Complicado de poner en práctica. Hay mucho dinosaurio en los puestos jerárquicos de la industria. Quizá una nueva generación de jefes sea más práctica y permita poner en práctica la sencilla fórmula que acabo de proponer.