lunes, 26 de octubre de 2009

Vienen a por nosotros

Por primera vez en la vida, me siento un indie químicamente puro. El otro día, un conocido periodista me dijo que el indie empezaba a estar de capa caída porque el sector de población que lo había hecho posible ya pisaba el territorio de los cuarentones. Tiene toda la razón. Ese hecho biológico hace que el entusiasmo se apague y que entre en escena el cinismo más o menos amargado. Lo que me molesta es que lo decía con un tonillo de satisfacción. En el fondo, era una manifestación más de su mediocridad. Me veo en la obligación de apuntar el hecho de que este periodista acostumbraba a equivocarse en sus crónicas con las canciones de los conciertos que iba a cubrir. Utilizo el pasado porque, por prescripción facultativa, hace más de una década que no leo nada suyo.

Exactamente igual que el capitán Butler cuando cae Atlanta en "Lo que el viento se llevó", así me siento yo. A Rhett Butler se la sudaba la Guerra Civil Americana hasta que esta se decantó por el Norte. Entonces declaró que sólo en ese momento valía la pena apuntarse a la causa del Sur. En los 90 yo fui anti indie, en cierto modo. Ahora que está cerca de desaparecer, me apetece sentirme un talibán de lo indie.

Hay dos razones. Existe una cuestión generacional, clave para mí. No quiero que vuelvan los popes de la movida. Bastante viven del cuento ya. Por otro lado, es cierto que aquella escena (el indie) fue bastante raquítica, y también es cierto que lo poco excitante de verdad que ha habido en el pop español desde que Poch dejó Derribos Arias ha sido el indie noventero.

Es el momento de reivindicarlo, de mantener vivo su legado. Los buitres sobrevuelan nuestras cabezas. Es tiempo de resistencia.

sábado, 24 de octubre de 2009

Por orden

Vaya por delante que no tengo nada en contra de Agustín Fernández Mallo. No he leído ninguna de sus novelas de la trilogía Nocilla y no es seguro que lo haga en un futuro cercano. Sin embargo, el otro día me llamaron la atención unas declaraciones suyas en las que venía a decir que ya "ni los telediarios seguían una narración lineal". Por lo que entendí no pretendía reivindicar nada, sólo quería constatar un hecho y, así, justificar su propia opción estética.

Jugar con las estructuras siempre me ha parecido hacer trampa. Llenar la acción con flashbacks y giros temporales que caen del cielo sólo sirve para simular estar haciendo algo novedoso y moderno. Es decir, sólo sirve para epatar. A mis casi 40 palos ya puedo decirlo. Las novelas y las pelis que más me ha gustado han sido las que me han contado por orden.

Recuerdo cuando se estrenó "Pulp fiction". A mí, y a muchos otros veinteañeros como yo, nos encantó. Yo le di un valor añadido al hecho de que se entrelazaran las historias en el tiempo y en el espacio, en lugar de respetar el criterio cronológico. Meses después escuché al Pumares preguntarse si la peli gustaría igual si Tarantino la hubiera "contado por orden". Yo decidí que sí, que la historia me ponía y que podía ser igual de atractiva si hubiera empezado por el principio. En este caso, la estructura de la película no molestaba a la trama. Incluso, podemos decir que la reforzaba.

Vivimos, como ya he dicho muchas veces, en la era del "remake". Y, ¿qué mejor manera de rehacer una cosa que alterando el orden de los factores? Sobre todo porque así no hay que molestarse en parir algo, realmente, verdaderamente, nuevo. También lo he dicho muchas veces, "lo revolucionario es hacer las cosas bien".

lunes, 19 de octubre de 2009

En el Chino

Hace unos minutos he ido a comprar una bombilla de 40w. La necesitaba para mi flamante lámpara de mi mesilla de luz. Todavía no habían dado las 8 y media, por lo que supuse que la ferretería que está a dos manzanas de mi casa todavía estaría abierta. No era así. Aún más cerca de mi bloque, hay un "Todo a 100" regentado por una familia china. Entré, pregunté por una bombilla, la china me preguntó de qué tipo, yo le dije que de 40, me dio una de un cajón a la derecha del mostrador y me cobró 60 céntimos.

El aspecto del "Todo a 100" chino es deprimente. Está todo amontonado, en un caos evidente. Eso significa dos cosas. Una, que hay de todo. Dos, que como reza el título del debut de Linda Mirada, "China es otra cultura". Creo que, a partir de ahora, me pasaré primero por "Todo a 100" chino cada vez que necesite algo.

Todo esto me lleva a preguntarme cuántas veces los Chinos nos han salvado de situaciones como la vivida por mí esta tarde. Especialmente, los que venden comida. No sé si pasa en otras ciudades de España o en otros barrios de Madrid. En el mío es algo habitual eso de ir "al Chino" cuando te falta algo y tienes prisa y/o es tarde.

¿Serán los "Chinos" un rasgo distintivo de este tiempo y de este lugar?

sábado, 17 de octubre de 2009

"Maradona no es una persona cualquiera"

El otro día escuché a un periodista decir que Diego Armando Maradona era uno de los 4 mejores jugadores de la historia y que eso era algo objetivo. Yo digo, de la manera más subjetiva posible, que Maradona es el mejor de todos los tiempos y que nadie lo va a superar en el futuro. Es un personaje al que le tengo cariño por múltiples y variadas razones.

Para empezar, su periodo de esplendor coincide con mi infancia y adolescencia, del 79 al 90, de mis 9 a mis 20 años. Se suele decir que la Edad de Oro de los tebeos es cuando uno tiene 12 años. Lo mismo ocurre con el fútbol. Para mí El Fútbol se practicó en los años 80 y los mejores futbolistas que he visto en mi vida son Maradona, Schuster, Platini, Belanov, Hoddle, Antognoni, Altobelli, Van Basten, etc,... Maradona está asociado indisolublemente con mi despertar a la vida.

También hay motivos de otra índole, no sólo personales. El gran momento de la carrera futbolística como jugador de club coincide con su etapa en el Napoli, al que le hizo ganar el Scudetto del 87. Esa fue la primera vez que un equipo del sur de Italia ganaba la Liga. Por primera vez el sur se imponía al norte, el vasallo al señor. Fue una victoria del pueblo y para el pueblo. Existe una leyenda que dice que cuando los aficionados del Napoli estaban celebrando el título, un grupo se fue al cementerio y escribió una pintada en la que ponía: "Lo que os habéis perdido". Como ya escribí hace años en esta bitácora, por una vez, ganaban los buenos.

Me gusta Maradona por sus defectos también. Se le calienta demasiado la boca, es verdad. Sin embargo, no hay un rastro de simulación ni en su manera de actuar ni en sus declaraciones. Es como es y punto. "Siempre seré blanco o negro, nunca gris". En una sociedad construida desde las apariencias y la frivolidad, un tipo como Maradona es un apestado. Lo que pasa es que yo tampoco me siento cómodo en este mundo, tal y como está concebido en este momento histórico.

¿Lo de las drogas? Me parece que acusarle de ser un adicto es una gran hipocresía. Es verdad, todo el mundo se mete. Políticos, empresarios, artistas, periosdistas, asalariados, estudiantes, amas de casa, parados, todos se ponen de algo. Meterse con Diego porque, siendo joven y rico, se enganchara a la cocaína es, sencillamente, asqueroso. Se puede sentir compasión de él, como hacía el Butano, que siempre proclamaba que "Maradona es una persona a la que hay que ayudar". Otra cosa diferente de esa, estaría muyyyy fuera de lugar.

No sólo apoyo y suscribo lo que Maradona les dijo a los periodistas argentinos. Además, creo que algo muy parecido tendría que haber hecho Luis Aragonés tras ganar con España la Eurocopa '08.

Sí, como dice Calamaro, "Maradona no es una persona cualquiera". Afortunadamente.

domingo, 11 de octubre de 2009

Amanece en el Puerto de Santa María

Ya está. Me he despertado hace unos minutos y esta será la última vez, casi seguro, que me levanto en una habitación de hotel este año. La última vez que arraso con el buffet de desayuno.

En estos últimos 12 meses, he estado, por trabajo, en Las Palmas, Murcia, Vitoria, Sevilla, Benicassim, Paredes de Coura, Roma, Isla Cristina (Huelva) y Puerto de Santa María.


Para celebrarlo, escucho "Amanece en Pekín", de Mamut. Probablemente, mi canción favorita de 2009.

Luces y sombras del Monkey Week

Cuando me enteré de que existía una cosa llamada South by Southwest en Estados Unidos, deseé con todas mis fuerzas que hubiera algún día algo parecido por aquí. Muchos conciertos en locales pequeños y medianos de una bulliciosa ciudad (Austin, Texas), mercadillos, conferencias, y un runrún musiquero, eso es lo que hace atractivo un festival atípico como el South by Southwest.

Estos días se está celebrando una versión reducida del South by Southwest en España. Se llama Monkey Week y se está desarrollando en el Puerto de Santa María, en Cádiz. Llevamos dos días de conciertos y de actividades varias y ya me atrevo a hacer un balance. Lo primero que tengo que decir es que ya es muy meritorio el intentarlo. Tratar de llevar a la realidad un sueño como este, nos obliga a ser generosos y flexibles en el análisis.

Sin embargo, no podemos ocultar el hecho de que no está siendo un éxito de público. Comentaba yo con un afamado compañero de trabajo que la reacción de la gente en el concierto de Wire estaba siendo muy fría. Y él me contestó: "Es lo que tiene el hecho de que casi todos estemos acreditados". Es decir, no se debe estar haciendo taquilla. Hay dos tipos de conciertos en Monkey Week, los gratuitos en diversos pequeños locales de la ciudad y cuatro mini festivales en sitios distintos (Monasterio de la Victoria, Puerto Sherry y el Teatro Muñoz Seca) en los que hay pagar una entrada (o un abono para poder ir los cuatro días). La afluencia de público, tanto ayer como hoy, no ha sido excesiva, especialmente en los mini festivales. Tampoco se respira un ambiente especialmente indie o roquero por aquí.

La feria de profesionales no está siendo tampoco para tirar cohetes. Hoy he asistido a una mesa redonda con gente de mucho nivel que ha reflexionado acerca de la evolución de los formatos musicales y había... 15 personas (siendo muy generosos). Sin ir más lejos, había muchos más stands en el Día de la Música de este mismo año, en el Matadero de Madrid

En general, todo está resultando un poco desangelado.

Aún me queda reseñar lo realmente malo. Ayer la policía suspendió las actuaciones en el Monasterio de la Victoria a eso de las 3 de la mañana. Parece ser que hubo un problema con la hora de cierre y la Autoridad decidió mandarnos al hotel antes de tiempo. Los portugueses Blasted Mechanism se quedaron sin tocar. Es algo casi imperdonable. Al hilo de este tema, existe un rumor que dice que la organización de Monkey Week está planteándose irse a otro lugar y abandonar el Puerto de Santa María. Es sólo un rumor, pero suena veraz. De todas maneras, lo más importante es si se seguirá celebrando el año que viene.

¿South by Southwest a la española? No, está muy lejos de ser siquiera una mini versión. Más bien es un esbozo, un proyecto al que le queda aún muchos detalles que pulir y muchas malas hierbas que segar. La idea es magníica, la intención, buenísima, el resultado final, entre suspenso alto y aprobado por los pelos.

lunes, 5 de octubre de 2009

Nostalgias


Hace mucho que no me paso una tarde gastando horas muertas en una tienda de discos. Vagar sin rumbo por entre baldas de CD´s perfectamente ordenadas, deteniéndome cada dos por tres en un título, solía ser para mí la mejor manera de pasar el tiempo. Mi colección de discos se ha construido precisamente de esa manera. Y mi colección de discos es mi más valiosa posesión, tanto en el aspecto patrimonial como en el emocional.

Y, sin embargo, hace demasiado que no me entrego a esta actividad. Hacía mucho más que no dejaba que la tarde se diluyera mientras escuchaba música y escribía y/o leía. Del año 90 al 2000 y pico, esa debió ser mi ocupación principal. Ayer por la tarde la recuperé, con intención de repetirla con la mayor asiduidad posible. Sé que es una ocupación demasiado solitaria. Me pone peligrosamente cerca de convertirme en un ser huraño, en un proyecto de misántropo. Aún así, estoy decidido a volver a convertirla en una costumbre.

Desgraciadamente, lo que no puedo hacer es lo de perder horas en una tienda de discos. Ya no, mi economía no me lo permite. Eso sí, en cuanto pueda, me volveré a entregar a ese inmenso placer. Aunque a lo mejor ya no existen tiendas de discos, ¿quién sabe?

viernes, 2 de octubre de 2009

La voz de la libertad

En la otra punta del mundo agoniza Mercedes Sosa, un símbolo para el folklore argentino, una voz del pueblo. Sufrió el exilio cuando los milicos accedieron al poder en la convulsa década de los 70 en el país austral. No es mi música, es la música de mi padre, pero hoy no puedo dejar de sentir una punzadita en el corazón.

La memoria sonora que tengo de Mercedes es muy escasa. No pasa de “Gracias a la vida” o “Sólo le pido a Dios”, dos himnos de otro tiempo. Pertenecen a una época en la que la música no era una justificación intelectual o una coartada estética. En aquellos tiempos, cuando el rock todavía no había terminado de irrumpir, la música era una expresión popular genuina.

Quizá sea por eso por lo que hoy una parte de mí, chiquita pero bien importante, está pendiente de lo que está pasando en un hospital de Buenos Aires.