Desierto y mutación

Poder arrancar el mes de agosto del calendario, ese sería el deseo que le pediría al genio de la botella, si alguna vez me lo encuentro. Sería muy feliz si de julio fuéramos directamente a septiembre. No recuerdo nada bueno que me pasara en el octavo del mes del año. Sí me acuerdo de un par de cosas malas.

Dicho esto, quisiera hacer una reflexión sobre este cálorico mes de agosto de 2009. (La completaré mientras escucho la esquelética “Bang bang“ de Nancy Sinatra). ¿Por qué el azar y la humanidad eligen estos días para cambiar el color de las cortinas de nuestro trayecto vital? ¿Será el calor? ¿La inactividad? Es un mes en el que hay que estar alerta. Siempre hay muchos cambios, mutaciones de mayor o menor grado que determinarán, como mínimo, nuestro otoño. Seamos protangonistas o no de esos cambios o mutaciones, en algo nos van a afectar.

37 grados en Madrid. Tiempo seco. Ni un alma por las calles. No hay que fiarse, hay fuerzas que trabajan al amparo de las sombras y del suave rugir del aire acondicionado.

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