Benicassim 2009

Empiezo a escribir este post-río que discurrirá, a partir del párrafo siguiente, sobre mi peripecia vital en el FIB de este año. Voy a obviar la parte que tiene que ver con mi trabajo, aunque será una crónica bastante completa de todo lo que he vivido este año en el Festival de más prestigio, junto con el Sonar, de los que se celebran en España. En momentos determinados haré innecesarias divagaciones tomando como excusa alguna anécdota o algún sucedido de los acontecidos en este largo fin de semana. Ojo, que esto promete ser muyyyyyy largo.

Antes quisiera hacer la primera de mis innecesarias divagaciones. Cuando eres más joven, la ilusión sale sola. Eso nos hace pensar que es un concepto que pertenece al terreno de lo emocional, lo cual es relativamente cierto. Hoy, más talludito, me doy cuenta de que la ilusión no me aparece ya de forma automática. Tengo que provocarla, como el hombre de las cavernas debía hacer con el fuego. Eso sí, cuando la llama prende, me calienta y no me quema, lo que es mucho mejor que lo que ocurría cuando me dominaban mis pasiones

El FIB '09 empezó para mí el miércoles 15 de julio, cuando fui a cambiarle el aceite a mi Ibiza. Tiene más de 250.000 kilómetros a cuestas y va muy bien. Por eso, fue una sorpresa cuando el mecánico me dijo que era mejor cambiar, además, el filtro del aceite y el líquido de frenos. 170 pavos me costó la broma. Después, me fui a inflar las ruedas a una gasolinera. Esta última operación dejó mi coche en perfecto estado de revista para afrontar el trayecto Madrid-Benicassim-Madrid, de 450 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta.

El jueves 16 de julio salí de la Villa y Corte a eso de las 12 del mediodía. Llené el depósito en una gasolinera situada en los primeros kilómetros de la A-3. El viaje fue agradable y sin complicaciones, al margen de una pequeña retención, provocada por un camión que se había averiado. Comimos en un restaurante de carretera correctito y barato. A eso de las 5 y cuarto tomé la salida para Benicassim y puse dirección al recinto donde se celebra el FIB con el objeto de conseguir las acreditaciones. Hubo algún inconveniente, lo que retrasó la llegada al hotel hasta las 6 y pico. Después de muchos años alojándome en el Turcosa de Castellón, esta vez me tocaba hospedarme en el Hotel Trinimar.

Segunda innecesaria divagación. Si alguna vez tengo el tiempo y el dinero para retirarme, no me busquéis en una oscura cabaña sita en el Himalaya, ni en una vivienda típica de, pongamos, Tánger. Mi destino sería el Trinimar, un hotel por el que el tiempo ha tenido el buen gusto de no pasar desde 1973. Es un poco cutre, sólo tiene 3 estrellas, algo a lo que no le doy demasiada importancia. Tiene un pequeño salón al lado de la recepción, con un piano y una mesa de billar. Hay un jardín con una pequeña, pero juguetona, piscina, además de unas cuantas sombrillas que no tienen publicidad de ningún tipo, como solía ocurrir antes. Una de las salidas del jardín da al Paseo Marítimo, así que si cruzamos la calle ya estamos en la playa. Muy cerca, a unos cuarenta pasos, encontramos un chiringuito sacado directamente de una canción de Georgie Dann. Al lado del Hotel, al lado del Paseo Marítimo, se puede encontrar una tienda que vende periódicos, revistas, toallas, colchonetas, gafas de sol y todas esas cosas imprescindibles para nuestra supervivencia como especie. Digamos que nada más pisar el Trinimar, empiezas a escuchar en tu cabeza una melodía de Augusto Algueró o de Antón García Abril.

Salí para el Festival a las 8 y pico y llegué a las 9. Colé el coche en la zona Vip, así que andé muy poco. Entré por la parte de prensa, pasé por Backstage y me fui a la carpa del fondo, que este año ya no es carpa, es escenario al aire libre. El primer concierto que vi fue el de La Bien Querida. Había poca gente y eran todos españoles. Cuando Ana Fernández Villaverde aka La Bien Querida paró una canción porque "no oía el teclado", me volví a Gus y le dije, resignado: "¿Pero es que nunca van a aprender los indies de este país a tener un mínimo de actitud en el escenario, a tener profesionalidad o compromiso con el público?". Vi un par de canciones más y me fui al Escenario Principal para ver a los Mystery Jets. Había escuchado su último disco, "Twenty one", camino a Benicassim y me habían parecido facilones. En directo, arropados por el mayoritario público inglés, no estuvieron mal, aunque dentro de un tiempo me habré olvidado de ellos casi con toda seguridad.

La primera noche del FIB 2009 tenía un nombre: Oasis. La banda de los hermanos Gallagher dio un concierto malo, sin aparente motivación. Tanto Noel como Liam se mostraron incómodos en el escenario. No ayudó un sonido malo, confuso en ocasiones, y la actitud de cierto sector del público que, llevados por su pasión, se subieron a una torre de sonido. A los Gallagher, como es natural, no les hizo demasiada gracia y, especialmente Noel, estuvieron amenazando con irse si los desaprensivos que se subieron a la torre no se bajaban. Cuando ya estaban casi todos en tierra firme y Oasis atacaban "Wonderwall", Liam hizo mutis abruptamente, en mitad del tema, que estaba siendo coreado por la gran mayoría de los 35.000 tíos que estábamos allí. Salió Noel, farfulló algo en su imposible acento de Manchester. De esa perorata yo entendí algo así como que al "cantante" se le había olvidado la letra y que él iba a tocar "Whatever". Tres estrofas después volvió a aparecer Liam, dejaron de tocar "Whatever" y retomaron "Wonderwall".


Otro incidente ocurrió al final del concierto. Con tantos dimes y diretes acumularon mucho retraso. Había llegado la hora en la que tenían que dejar el escenario, algo que en los festivales se cumple a rajatabla. Oasis, en lugar de despedirse, atacaron "Champagne supernova". Y pasó lo que tenía que pasar: les cortaron el sonido. Ellos siguieron tocando como si nada y al público le dio igual también. Así estuvieron un buen rato hasta que les enchufaron de nuevo. Cuando terminó "Champagne supernova", Liam anunció que iban a hacer una versión de "I am the walrus". Decidí que ya había tenido suficiente y me fui al catering a cenar.

Al rato estaba otra vez en el Escenario Verde dispuesto a pasármelo bien con Glasvegas. Estos sí me gustaron más. Quizá en el futuro quieran hacerse los interesantes y dejen de escribir, grabar e interpretar canciones apasionantes. Cuando eso ocurra, si es que lo hace, pasaré de ellos. Mientras tanto, puedo afirmar que son una de mis favoritas nuevas bandas. Lo de "Go square go", "Geraldine" o "It's my own cheating heart that makes me cry" me emociona como pocas canciones pop de la actualidad. No soy capaz de aplicar criterios racionales con Glasvegas. Me conmueven y punto. Cuando hicieron "Live forever" y James Allan, el cantante, dijo "Oasis, we fookin' love you", recordé la desvaída interpretación que del mismo tema habían hecho una hora antes los Gallagher.

No recuerdo ya sí vi algo después de Glasvegas. Creo que estuve un rato en la zona de prensa y me piré al Trinimar.

Tercera innecesaria divagación. Cuando era más mocito solía poner toda la carne en el asador el primer día. Y siempre lo pagaba con creces después. Este año, como el pasado, el FIB tenía 4 noches y era seguro que, hiciera lo que hicera, el domingo iba a estar hecho polvo. Así que apliqué una técnica muy sencilla. Traté, y logré, ir volviendo cada vez más tarde al hotel, de tal manera que la noche más larga fue la última, como ya comentaré.

El viernes fue la jornada apocalíptica del FIB 2009. Hay varias versiones, algunos dicen que hubo verdadero peligro y que “podía haber pasado cualquier cosa“ (siempre puede pasar cualquier cosa, ¿no?). Otros que no fue para tanto. Pienso que la organización lo hizo casi todo bien. Cuando el viento empezó a soplar más de la cuenta, empezó a cancelar o retrasar conciertos y a informar con cierta regularidad de lo que estaba pasando. Después, evacuó las carpas, como la de catering y la de prensa, sitios en los que ,me encontraba en el momento en el hubo que desalojarlos y, finalmente, tras el concierto de Tom Tom Club, a eso de las 12 y pico, suspendió definitivamente los conciertos de esa noche y llevó a los usuarios del camping a un polideportivo. ¿Se podía haber hecho mejor? Pienso que sólo la NASA. Los picos de velocidad del viento, de unos 70 km/h, se dieron a las 3 de la madrugada. Si no estoy mal informado, eso son guarismos dignos de una tormenta tropical. Sin embargo, el nombre técnico del fenómeno metereológico que azotó Benicassim es viento gallego. Eso es, por lo menos, lo que nos dijeron a los plumillas al día siguiente. Yo he buscado, sin demasiada convicción y sin éxito, más documentación sobre el tema. Parece que entró en la Península por Santander y salió por Castellón, que está a unos 5 ó 10 kilómetros de Benicassim.

Además de este gallego, el viernes hubo otro problema que podía haber causado una catástrofe, creo que aún mayor. Se declaró un incendio forestal en las inmediaciones del recinto del Festival. Afortunadamente, lo hizo al otro lado de la N-340, que hizo de cortafuegos, pero, mientras presenciaba el concierto de Paul Weller, yo ví perfectamente las llamas y, la verdad, la situación acojonoba bastante. No sé si porque la adrenalina estaba subiendo a valores estratosféricos, pero el bolo de Paul Weller fue, para mí, lo más destacado, en lo musical, del segundo día de Benicassim 2009. 45 minutos en los que el ex de The Jam y The Style Council, acompañado por el gran Steve Craddock, ex de Ocean Colour Scene, nos ofreció una actuación de lo más sólida. El broche final, con las emocionantes y épicas “Shout to the top“ y “Eton rifles“, nos dejó con ganas de más, pero el gallego decidió que ya teníamos suficiente rock por una noche.

Mención aparte merecen Tom Tom Club. El Festival llevaba dos horas parado y ellos salieron a tocar, alegrándonos la noche a los que estábamos ahí, pasando frío. El hecho de que Tom Tom Club sea el proyecto de dos músicos que no tienen nada que demostrar a nadie otorgó un plus a su maravillosa lección de profesionalidad y a su coraje. La media hora que sobre el escenario estuvo el grupo de Tina Weymouth y Chris Frantz, el corazón de Talking Heads, contribuyó decisivamente a desdramatizar una situación difícil que, de habernos dejado llevar por el pánico, podría haber devenido en trágica.

Aún tuve que sobrellevar dos situaciones complicadas más antes de irme a la cama esa noche. Se encendió una luz amarilla en el cuadro de mandos de mi coche y el fantasma de quedarme tirado en Benicassim, presente toda la semana, parecía real. Un rato después se apagó, sin que yo hiciera nada, y hasta hoy. El otro fue una discusión con unos inglesitos que se descojonaron de mí porque tropecé levemente. Me encaré con ellos y les insulté en inglés. Unos minutos después estaba en mi coche, en mitad del atasco de salida del Festival y con la arena levantada por el viento entrando por todas partes. En ese momento pensé que se insulta mejor en la lengua de Cervantes que en la de Shakespeare.

Cuarta innecesaria divagación. La segunda noche de Benicassim 2009 me recordó a otra noche, una que tuvo lugar en 2006. Cubría yo por entonces el Monegros para un programa de la tele pública y era mi primera, a la postre única, experiencia en ese Festival tan particular. Al llegar al recinto, sobre las 8 de la tarde, se había desatado una salvaje tormenta seca. Además de un terrible viento, nos encontramos con que esa zona del Desierto de los Monegros estaba siendo asolada por salvajes truenos y relámpagos. Pasé miedo, pero miedo de verdad. Ví como una torreta de sonido y luces se caía a unos metros de mí. Por supuesto, huí al hotel. Regresé de madrugada, hice mi trabajo, con entrevistas a Carl Cox y Nitzer Ebb incluidas, y me dejé llevar por el mítico amanecer del Monegros. Una de mis mejores experiencias en un Festival, a pesar de que todo empezó fatal.

El sábado discutí con una empleada del Festival. Al mediodía tuve que acercarme al Festival y aproveché para comprobar el estado de los escenarios dando un paseo por el recinto. Una inútil me dijo que no podía hacerlo. Yo la dije que era periodista y que, además, ya lo había hecho. Uno puede pensar que tenían cosas que ocultar. Lo curioso es que los daños fueron mínimos y que no había razón para el oscurantismo. La pobre empleada fue víctima de su mediocridad intelectual y de su inhabilidad para juzgar una situación de lo más sencilla. ¿Qué hubiera pasado si me impide el paseo? Lo más probable es que hubiera tenido mis dudas acerca del estado de las carpas y los escenarios del Festival.

Fue una buena noche la tercera de Benicassim 2009. Abrieron el escenario grande The Unfinished Sympathy con un muy buen concierto. Sonaron contundentes, y eso que no habían tenido tiempo para probar antes. Chequearon líneas y salieron a pecho descubierto. Bromearon con la suspensión del concierto de Lily Allen y le dedicaron, con cierta retranca, "Hooligans in love" a los ingleses. Luego estuve en el inicio del concierto de Josele Santiago, un nombre que parecía no casar con el tradicional estilo del FIB. Se vieron camisetas de Los Enemigos y, aunque no se llenó la carpa, Josele demostró que es un intérprete carismático. Hizo bromas entre canción y canción, la banda sonó perfecta y él cantó con su desaforado deje malasañero.

Me perdí la segunda parte del concierto de Josele Santiago por ver el comienzo de The Wave Pictures. El plan inicial era quedarme unos 20 minutos para, a continuación, acercarme al concierto de Elbow, sin duda uno de los puntos fuertes del cartel de este año. Sin embargo, asistí al concierto completo de The Wave Pictures porque era muy bueno lo que estaba viendo. ¿The Smiths pisando territorios del rock progresivo? ¿Unos epígonos de la buena nueva de Dream Syndicate? Quizá, ni una cosa ni otra. The Wave Pictures es un trío de virtuosos de su instrumento que han conquistado, sobre todo, a sus colegas, a músicos y bandas del prestigio y trayectoria de Herman Dune, Darren Heyman o Jeffrey Lewis. Para mí, el concierto del Festival.

Se me olvidaba, el sábado también vi a Russian Red en la carpa del fondo. Los estragos del día anterior hicieron que su aspecto fuera esquelético (el de la carpa), porque se le retiraron las lonas y quedó al descubierto toda la estructura metálica. El efecto fue un interesante, por accidental, hallazgo estético. Eso fue lo más destacado del concierto de Russian Red. Es curioso lo que me ha pasado con esta chica. Cuando la vi en el Primavera 2008 me hice fans instántaneo. Ahora me produce un rechazo visceral. ¿Alguna de sus canciones llega al medio tiempo?

Quinta innecesaria divagación. Los cuatro días de estancia en Benicassim comimos en el Restaurante Las Piscinas, con tickets de la organización del FIB. Nos dieron un menú correctito, sin más. Creo que alguno de los días podríamos haber ido a la arrocería que está a un paso de la Torre San Vicent, en primera línea de playa. Nos ahorramos un dinero pero nos privamos de un placer. En su momento, ni se me pasó por la cabeza. Fue un error que no quiero volver a repetir.

El último día del FIB 2009 tuvo para mí un componente básicamente extramusical. Fue el show de un personaje, un compañero periodista, al que llamaremos Travelino. Me encontré con él cuando el viento gallego se estaba llevando por delante el Festival, el segundo día. No sé si fue el viernes o el sábado. Lo que es seguro es que no fue el domingo la jornada en la que Travelino me explicó que está obsesionado con los "travelos". Según él, si te lo haces con uno, no cuenta como cuernos. Además, dice que no tiene cojones para tirarse a uno. Yo tengo la sospecha de que, a pesar de lo que él diga, ya se ha petado a alguno. Nótese que Travelino le ha pedido hace poco a su novia que se case con él.

Decía que el domingo no tuvo lugar esta extravagante confesión porque pasó otra cosa aún más desopilante. Travelino nos enseñó un huevo. Sí, sí, lo que viene siendo un genital. Me ahorro los detalles, la verdad, porque para ello tendría que citar a otro fenomenal compañero de la prensa que también dio el espectáculo esa noche (y todas las noches). A las 3 cerré el chiringo, después de acabar con mis últimas reservas gracias a Rinocerose. Unos horas antes había asistido a tres buenos conciertos. El de TV On The Radio, el de Klaus & Kinski, y, sobre todo, el de Los Planetas.

No me apetecía demasiado lo de Los Planetas. De haber tocado el viernes, que es cuando estaban programados, no creo que hubiera ido. Como el viernes se suspendió por el ventarrón, los recolocaron el domingo a primera hora de la noche, una hora bastante buena. Aún así me dirigí a la carpa del fondo a regañadientes. Sin embargo, cuando Los Planetas abrieron fuego con "Segundo premio" se me quitaron todos los prejuicios. Siempre se me olvida que comparten con Lagartija Nick a un tal Erik Jiménez, mi baterista de rock preferido. Fue un recital breve, en el que los dos primeros discos de la banda de Granada fueron sonoramente ignorados. Sin embargo, me satisfizo. La verdad es que Los Planetas tienen todos los atributos necesarios para que yo les odie. Sin embargo, me gustan. Y mucho.

Sexta innecesaria divagación a modo de epílogo. Ha sido un buen FIB para mí. Ninguno va a ser nunca como el primero, el del 98, pero este octavo Benicassim al que asistía ha sido uno de los mejores. Un puñado de buenos conciertos, bastantes anécdotas y una sensación general muy positiva. ¡Si hasta en el viaje de vuelta me paró la Guardia Civil y no me multó! En otras circunstancias me hubiera ido a casa con una multa y no con la palabras del agente que se dirigió a mí. "Usted no tiene que tener miedo de nosotros".

Comentarios

Pink Freud ha dicho que…
Divagaciones necesarias.-

1ª Me das mucha envidia.

2ª Es una buena crónica del FIB, sobre todo porque será más honesta que la largues ante el micro; y por que para los que te conocemos resulta más divertido imaginarte insultando a los guiris que saber que los Gallaguer se lo hicieron mal (por ejemplo)

3ª ¿Todavía existe Tom Tom Club?

4ª Un abrazo

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