“Music to my ears“

Ayer fue el Día de la Música, una celebración comercial como otra cualquiera. Igual que la Navidad, San Valentín, etc,... Me tocó currar por segundo año consecutivo pero esta vez sí que me paré a reflexionar un poquito. El resultado fue que me cogí un cabreo enorme.

Este es un país de sordos y de seres banales. Niezstche dijo que la vida sin música es un error. Pues bien, este país es un error. Así de claro. Ya va siendo hora de decirlo. Y, lo siento, también va siendo hora de decir que la música es el arte supremo. Las demás sólo son valiosas en tanto en cuanto se parecen a la música. Sólo se le parece, de lejos, la literatura. Nada tiene esa capacidad para evocar, para causar impresión en nosotros. Se dice que una buena novela nos cambia la vida, pero sólo hace una vez. Dos a lo sumo. Pero una canción te acompaña toda la vida y te la cambia infinidad de veces. Y sí, es un tópico, pero la música es un lenguaje universal. No sé quién dijo que la música empieza donde se acaban las palabras. Y las palabras empiezan donde acaban las imágenes.

Ayer, en un medio público se le hizo una entrevista a la ministra de cultura. Yo no la escuché aunque parece ser que lo más mollar que dijo fue que una vez hizo de intérprete de Bob Dylan. Maja parece, pero con buen rollo y buena voluntad no se arregla nada. El problema de la música en este país no es que la peña se baje gratis infinidad de canciones de la Red. Tampoco es que las escuchen en un reproductor mp3, ese formato diábolico, que me ha hecho añorar las cassettes. La base del problema es mucho más simple y, a la vez, más compleja. Para la sociedad española la música es un refugio de drogadictos y maricones en el caso de la popular y de locos excéntricos en la culta. Los periodistas que nos dedicamos a la música somos unos impresentables y unos maleantes. La gente que trabaja en los sellos discográficos, viles tenderos.

Tampoco es cuestión de obligar a las televisiones y a las radios a dedicar espacios a la música, cualquier música. No sería mala idea, seguramente. La música no hace más que asistir a los demás y sin recibir nada a cambio. Entre los videojuegos más vendidos están el Guitar Hero, el Rock Band o el Singstar, videjuegos que tienen que ver... con la música. Por cierto, ¿alguien se imagina el cine sin música? Joder, si hay música hasta en el puto cine mudo. (Sí, ya sé que Buñuel no metía música de ningún tipo en sus pelis, pero para eso era un genio que rompía límites). No sería mala idea lo de obligar a las televisiones a dedicar espacios a la música, no. El problema es que no funcionaría, porque la música es menospreciada abiertamente en este país.

Mi solución es, de nuevo, muy sencilla y muy compleja. ¿Por qué no impartir buenas clases de música obligatorias? Que todos salgamos del Instituto sabiendo tocar un instrumento. Me refiero a un instrumento en serio, no las flautitas esas que tocábamos de niños. No es tan difícil, más allá de los Pirineos, en países como Alemania lo hacen y, creo, no les va tan mal.

Comentarios

David Plaza ha dicho que…
Creo que estoy de acuerdo contigo, el arte de la música es capaz de generar sentimientos especiales, y ni siquiera tiene que ser un composición especialmente talentosa.

No hay más que ver cómo hoy en muchas radios se ha llorado (en algunos casos literalmente) la muerte de Michael Jackson, apodado Rey del pop. Algo que me lleva a preguntarte, ¿qué opinión te merece su música y, en particular, dicho apodo? Hay quien afirma (mi incultura musical me impide tener opinión sobre ello, es que fui uno de los de las flautitas ;) ) que no es del todo preciso encasillarle en el pop.

UN saludo.