sábado, 27 de junio de 2009

Jay y Michael

Michael Jackson ha muerto. Es la noticia del año, sin duda. Ahora mismo estoy escuchando “Small town boy“, de Bronski Beat, una canción del año 84, de cuando Michael estaba en lo más alto. Alguna semejanza podemos encontrar entre la historia de ese chico de provincias que canta Jimmy Sommerville con la historia de la vida del Rey del Pop. Este post renuncia a buscarlas más allá de consiganr la infelicidad común a ambos personajes, el real (MJ) y el ficticio (el small town boy).

Antes de meterme en harina despacharé en un par de líneas por qué Michael Jackson ha sido la mejor noticia que le ha pasado a la cultura pop desde Elvis. Mejor dicho, completaré esa misión con este simple enlace. Y este. También este otro. Además, muy brevemente voy a expesar mi más completo desprecio hacia los mediocres que han hecho sensacionalismo con su muerte. Sólo voy a citar al más miserable, al que habló de lo de las cámaras de oxígeno, al cantamañas de la emisora de los curas.

Se apunta como la causa más probable de su muerte una sobredosis medicamentosa. Lo que me lleva a recordar la historia de otro gran músico, aunque muchísimo menos conocido. Un músico que también nos ha dejado recientemente de manera inesperada. Jay Bennett (ex de Wilco), fallecido hace como un mes. Esta semana se ha conocido el resultado de su autopsia, que atribuye su deceso también a una sobredosis de medicamentos, concretamente de pastillas contra el dolor. Parece ser que Jay, de tan sólo 45 años, sufría unos dolores terribles en su cadera, consecuencia de una lesión mal curada que se le había agravado en los últimos tiempos. El último mensaje que dejó en su Myspace fue que su seguro médico no cubría la operación de cadera y que necesitaba dinero para costeársela. Es decir, el sistema sanitario norteamericano le condenó a vivir con dolor y, eventualmente, a morir, para escapar de ese dolor.

Nadie merece el destino de Jay Bennett, ni el de Michael Jackson. A uno lo devoró la sanidad de Estados Unidos, al otro, el negocio del pop en su sentido más amplio.

miércoles, 24 de junio de 2009

"Music to my ears" (2)

Coque Yturriaga, de Acuarela, ha mandado hoy a los medios un correo electrónico. En él da cuenta del cambio de ubicación del Tanned Tin, un festival de invierno, es decir, sin zona de acampada ni vándalos por las calles. El Tanned es una iniciativa modesta pero muy valiosa, de considerable éxito artístico y que, como explica el propio Coque, proporciona riqueza a la zona donde se celebra, en este caso Castellón. Esta noticia es uno más de los ejemplos del menosprecio al que es sometida la música en este error, perdón, país. Seguro que en Castellón se dejan una talegada en las fiestas populares, muy molestas para los vecinos que no van y embrutecedoras para los que van. Edito y copio el texto de Coque.

EL FESTIVAL MUSICAL TANNED TIN SE VE OBLIGADO A ABANDONAR CASTELLÓN

El Festival Tanned Tin, con diez años de trayectoria a sus espaldas y un considerable éxito de crítica y público, abandona definitivamente Castellón tras no haber alcanzado ningún acuerdo con las Instituciones Locales de cara a la financiación de la edición del 2009.

A pesar de haber introducido al público español a artistas de la talla de Animal Collective, M. Ward, The New Year, CocoRosie, The Wave Pictures, Final Fantasy, Okkervil River o The Decemberists, la undécima edición se ve obligada a cambiar de aires tras cuatro años deficitarios en los que su relación con el Ayuntamiento y la Diputación locales ha sido a veces problemática y a menudo inexistente.

Durante las cuatro ediciones en Castellón el festival solo ha contado con el apoyo de Castelló Cultural y de la Universidad Jaume I, habiendo tenido que financiar el presupuesto de cada año con créditos y préstamos que han situado a los organizadores en una situación precaria.

La organización del Tanned Tin quiere aclarar que ha hecho todo lo posible por permanecer en Castellón pese al silencio de las Entidades Públicas. Para la organización, que había encontrado su emplazamiento ideal en el Teatro Principal, un óptimo equipo de técnicos y profesionales, un escenario secundario (El Casino Antiguo) de garantías, y sobre todo un público que poco a poco se ha ido acostumbrado a la peculiar naturaleza del festival como menú degustación de lo mejor del pop y rock internacional, se trata de una decisión muy dolorosa e incómoda.

El esfuerzo de cara a recabar los fondos necesarios para el evento ha resultado infructuoso, y nos vamos con la sensación de que las autoridades de la ciudad no han sabido valorar en su justa medida un festival con un presupuesto ajustadísimo que en el 2008 ofreció 43 conciertos de música y fue el ganador al mejor evento cultural del año de los Premios La Cartelera del Diario Levante, así como ganadores a la mejor cita cultural del año de los Premios Notodo.com del 2008 y candidatos en la misma categoría para el año 2009.

Más de 2400 personas asistieron a las diferentes actividades del festival el pasado 2008 en los recintos del Casino Antiguo y el Teatro Principal, con la máxima asistencia el sábado 15 de noviembre en el que se logró un lleno completo del aforo del Teatro Principal. La distribución geográfica media del público del festival fue: 20% ciudad y provincia de Castellón / 20% resto de la Comunidad Valenciana / 50% resto de España / 10% extranjero. La organización ocupó un total de 222 habitaciones en hoteles de Castellón durante los días del festival.

Breve (telegráfica, incluso) crónica de la noche de ayer

Anoché me bebí dos cervezas y tres rones. Estuve en buena compañía. Hablamos de política, economía y fútbol. Contra todo pronóstico, salvo algún momento incomparable de nuestro Carismático Líder, no hablamos casi de mujeres.

Ahora tengo resaca.

(Aquí vendría una abstracción sobre algún detalle trivial de la noche de ayer. Una abstracción que me llevara a revelar públicamente el Secreto de la Vida. Pero es que tengo resaca).

lunes, 22 de junio de 2009

“Music to my ears“

Ayer fue el Día de la Música, una celebración comercial como otra cualquiera. Igual que la Navidad, San Valentín, etc,... Me tocó currar por segundo año consecutivo pero esta vez sí que me paré a reflexionar un poquito. El resultado fue que me cogí un cabreo enorme.

Este es un país de sordos y de seres banales. Niezstche dijo que la vida sin música es un error. Pues bien, este país es un error. Así de claro. Ya va siendo hora de decirlo. Y, lo siento, también va siendo hora de decir que la música es el arte supremo. Las demás sólo son valiosas en tanto en cuanto se parecen a la música. Sólo se le parece, de lejos, la literatura. Nada tiene esa capacidad para evocar, para causar impresión en nosotros. Se dice que una buena novela nos cambia la vida, pero sólo hace una vez. Dos a lo sumo. Pero una canción te acompaña toda la vida y te la cambia infinidad de veces. Y sí, es un tópico, pero la música es un lenguaje universal. No sé quién dijo que la música empieza donde se acaban las palabras. Y las palabras empiezan donde acaban las imágenes.

Ayer, en un medio público se le hizo una entrevista a la ministra de cultura. Yo no la escuché aunque parece ser que lo más mollar que dijo fue que una vez hizo de intérprete de Bob Dylan. Maja parece, pero con buen rollo y buena voluntad no se arregla nada. El problema de la música en este país no es que la peña se baje gratis infinidad de canciones de la Red. Tampoco es que las escuchen en un reproductor mp3, ese formato diábolico, que me ha hecho añorar las cassettes. La base del problema es mucho más simple y, a la vez, más compleja. Para la sociedad española la música es un refugio de drogadictos y maricones en el caso de la popular y de locos excéntricos en la culta. Los periodistas que nos dedicamos a la música somos unos impresentables y unos maleantes. La gente que trabaja en los sellos discográficos, viles tenderos.

Tampoco es cuestión de obligar a las televisiones y a las radios a dedicar espacios a la música, cualquier música. No sería mala idea, seguramente. La música no hace más que asistir a los demás y sin recibir nada a cambio. Entre los videojuegos más vendidos están el Guitar Hero, el Rock Band o el Singstar, videjuegos que tienen que ver... con la música. Por cierto, ¿alguien se imagina el cine sin música? Joder, si hay música hasta en el puto cine mudo. (Sí, ya sé que Buñuel no metía música de ningún tipo en sus pelis, pero para eso era un genio que rompía límites). No sería mala idea lo de obligar a las televisiones a dedicar espacios a la música, no. El problema es que no funcionaría, porque la música es menospreciada abiertamente en este país.

Mi solución es, de nuevo, muy sencilla y muy compleja. ¿Por qué no impartir buenas clases de música obligatorias? Que todos salgamos del Instituto sabiendo tocar un instrumento. Me refiero a un instrumento en serio, no las flautitas esas que tocábamos de niños. No es tan difícil, más allá de los Pirineos, en países como Alemania lo hacen y, creo, no les va tan mal.

sábado, 20 de junio de 2009

Único e Irrepetible

Tengo un horario tan indecente que, este año, fuera de los Festivales, apenas he ido a conciertos. Es una actividad que me parece casi inmejorable. Tienes música en directo, que siempre es mejor que la registrada en un aparatito. Te obliga a salir de casa, a encontrarte con gente que te cae bien y con gente que te cae mal. Y, por si fuera poco, algunas de las mejores noches que he pasado en mi vida han sido después de un concierto, como aquel de 091 en El Sol en el 94 ó 95...

Ayer estuve viendo el Concierto Único e Irrepetible de Sexy Sadie. El grupo mallorquín se separó hacia 2006 y esta es una fugaz reunión con motivo del vigésimo aniversario de Subterfuge. Varios de sus miembros han seguido al pie del cañón. Por ejemplo, Toni Toledo, el batería, que sigue en Sterlin y está en la banda de acompañamiento de Iván Ferreiro. Otro caso es el del cantante, Jaime García Soriano, que este mismo año está poniendo en marcha su proyecto en solitario, Sr. Nadie, con temas en castellano y que, por cierto, está muy bien.

El marco era, como dicta el tópico, incomparable. Nada menos que el mítico Florida Park, el local donde Uri Geller pretendía hacernos creer que doblaba cucharas con la mente. Estábamos más que autorizados a pensar que el sonido iba a ser malo, dado que el garito no tenía experiencia en conciertos de rock. Nos equivocamos, estuvo bien, aunque para mi gusto, un poco “cerradito“. Y el concierto fue estupendo, como siempre.

Entiendo que hay 3 tipos de productos artísticos, los épicos, los líricos y los teóricos. A mí los que más me gustan son los épicos, lo que me lleva a ser un hortera más veces de las que los bienpensante me dejan. Sexy Sadie practican una Épica Pop que ayer fue un poco Lírica para mí. Los recuerdos se agolparon en mi cabeza, me llevaron de vuelta a los años finales del siglo pasado. Esas breves viñetas de mi vida me llevaron a hacer un descubrimiento sorprendente. Un desubrimiento epatante que puedo proclamar de manera oficial. Hostia, sí que es verdad, coño. En los 90 fui feliz.

jueves, 18 de junio de 2009

¿Soy un puto cultureta?

El hecho de que me haga la pregunta lleva implícita una respuesta ligeramente negativa. En realidad, me temo que no lo soy por cierta incapacidad. Soy un ser humano muy poco sofisticado. Tiendo a tratar de ser un tío con clase, capaz de debatir sobre el derrumbe de capitalismo, preparado para pontificar sobre la decadencia de la novelística actual, autorizado para hablar del secreto de la vida.

Sí, tengo que admitirlo. Eso me gustaría ser a mí.

Cuando veo a otros que son así me pasa una cosa muy curiosa. No siento envidia, más bien noto una suave náusea que no es suficiente para hacerme vomitar pero sí lo es para generarme cierto malestar. Entonces, ¿por qué quiero ser algo que odio?

Se me ocurren varias soluciones a este enigma.

1. Porque, como no soy sofisticado, sé que no llegaré a serlo nunca.
2. Porque, como no soy sofisticado, me creo que "cultureta" es sinónimo de "con cultura".
3. Porque, como no soy sofisticado, pensaba que iba a follar más de esa manera.

Por lo tanto, como no soy sofisticado, proclamo solemnemente:

"Que los tópicos molan porque son verdad y que la demagogia mola porque es lo más cercano a la verdad a lo que puede aspirar el 99% de la Humanidad".

Y añado.

"Lo revolucionario es hacer las cosas bien. Lo revolucionario es tratar de ser racional".

NOTA: Al final, sí que voy a ser un puto cultureta. Eso sí, de palo. (Joder, ¿cómo coño se puede ser de palo de algo que ya de por sí es bastante de palo?).

martes, 16 de junio de 2009

Pan y circo

La jugada es vieja y vale tanto para los tiempos de bonanza como de vacas flacas. Cuando hay que apretarse el cinturón, el poder entretiene a la tropa con trivialidades. Es fundamental en este chiringo montado por la alta burguesía décimononica que llamamos "Democracia". El truco es ponernos fácil el no pensar. Y si no pensamos demasiado, luego votamos lo que votamos. (Bueno, perdonadme el atrevimiento, luego votan lo que votan).

Es el famoso Panem et circenses.

El último ejemplo es, evidentemente, lo del chico portugués y lo del chico brasileño. No diré sus nombres. Hay muchos otros, desde siempre las cifras que se manejan en el fútbol son escandalosas. Lo que pasa es que en este caso, hay algunos matices que merece la pena hacer.

Hay una crisis económica. Aún diría más, hay una crisis de liquidez en los bancos de todo el mundo. Como prestaron lo que no tenían que prestar el sistema se ha venido abajo. Y ahora un equipo de fútbol ha obtenido un crédito para traer a Madrid a un chico portugués y a un chico brasileño. Dudo mucho que sea rentable para el equipo y para el banco. Es la parte "circense" del plan maestro diseñado por la jerarquías para lobotomizarnos.

Lo consigno a título informativo, Cajamadrid y el Santander son las entidades que han prestado su dinero. (¿El dinero del famoso fondo de rescate del gobierno?).

A mí me gusta mucho el fútbol, pero esto no es fútbol. Es circo. El que quiera comprar entradas para ese espectáculo ya sabe lo que tiene que hacer. A mí no me encontraréis en esa cola.

jueves, 11 de junio de 2009

"Víctimas de la LOGSE"

Todo el mundo conoce la frase. La pronunció el jerarca nazi Joseph Goebbels. "Una mentira mil veces repetida se convierte en verdad". Hay que reconocer que es cierta. Es actual, también, igual que cuando se pronunció por primera vez, en los años 30 del siglo XX. El resultado de todas las elecciones supuestamente democráticas de nuestros tiempos han tenido que ver con el manejo del concepto que hay detrás de esas palabras.

Suponemos que si algo lo han repetido muchas personas será verdad. Nos da lo mismo que sea lógico o que sea real. Basta con que el gallinero asienta. Afortunadamente, este truco, por repetido, es fácil de detectar. No por la masa, sino por los individuos preocupados sinceramente por la verdad.

¿Qué ocurre cuando no es la mentira la que se repite hasta la saciedad, sino la media mentira? Pues muy fácil, que el truco sale mejor. Una ley no es inconstitucional si no están viciados la mayoría de sus preceptos. Si sólo es inconstitucional un artículo, o dos, no podemos considerar la ley entera contraria a la Constitución. Se deroga, o derogan, y la ley sigue igual de vigente. Estos son los primeros treinta segundos de la primera clase de Derecho Constitucional. Con la versión 2.0 de la frase de Goebbels diremos que toda la ley es inconstitucional. Y si lo oímos muchas veces, nos convencemos del todo.

Hay una frase que ha hecho fortuna porque se ha repetido y repetido: "Pobrecitos los jóvenes de hoy, son víctimas de la LOGSE". Tiene éxito porque la escuchamos a todas horas y porque es verdad, o media verdad. La LOGSE es un despropósito, no cabe la menor duda. Y las nuevas generaciones no están bien preparadas.

Sí, sí, pero...

¿Alguna vez ha tenido la educación un nivel aceptable en España?

Los que hablan de las "víctimas de la LOGSE" tampoco tienen una educación cultural maravillosa (aunque ellos crean que sí). Por ejemplo, yo mismo. A mí no me contaron que pasó en la Guerra Civil, sólo nos dieron un par de fechas. Cuando estaba en 1º ó 2º de EGB me enseñaron que el catalán y el gallego eran dialectos del castellano. Recuerdo que el mantra en mi época del colegio era que sólo había que aprender las cosas que nos iban a servir en nuestra vida laboral. Se primaba lo memorístico sobre todo lo demás. Casi nunca hablábamos en público. Se despreciaban las materias relacionadas con las Humanidades.

No, no estamos hablando de Eton precisamente. ¿Cómo nos extrañamos luego de que voten como votan? (No hacía falta aclararlo pero, por si acaso, lo hago. Me refiero a que luego se vota al PP y al PSOE gracias a unas consignas idióticas).

domingo, 7 de junio de 2009

Esplá

En mi familia no hay tradición taurina. Mi abuela era un poco aficionada, pero como tuvo que emigrar a Argentina en plena posguerra no vio a Manolete ni a Dominguín, ni a Antonio Ordóñez, ni la faena al “toro blanco“ de Antoñete. A la vuelta de Argentina, en el 72, mi padre, todavía un niño cuando tuvo que irse de España, no tenía ni idea de toros. Eso sí, te podía hablar del “Charro“ Moreno, a quien vio jugar muchas veces, te podía hablar del “Cabezón“ González y su bonhomía, de cómo era el piloto favorito de Enzo Ferrari, te podía hablar de los tangos de Discépolo o del bandoneón de Aníbal Troilo. Además, la España de los 70 no era una época muy propicia para engancharse a los toros. Que yo sepa, no lo hizo. Se empezó a interesar, creo, el mismo día que yo.

1 de junio de 1982. Estaba a punto de empezar el Mundial de Naranjito y un niño de 12 años, como era yo, no tenía en la cabeza otra cosa que fútbol. La selección campeona era la de mi país de nacimiento, Argentina, que, encima, venía con un exuberante y jovencísimo Maradona. Y la anfitriona era España, mi país de residencia, el país de mi padre. Las expectativas eran enormes, la caída, fue aún más enorme. Sin embargo, en ese mes decepcionante hubo espacio para que se me inoculara un virus. Ese 1 de junio, en Las Ventas, estoqueaban toros de Victorino Martín los diestros Ruiz Miguel, Luis Francisco Esplá y Roberto Palomar. Seguramente, ese fue el espectáculo taurino más completo que se dio en el siglo XX. Salieron a hombros los tres toreros y el ganadero. Recuerdo que televisaron en directo esa corrida y, lo que es más excepcional, la repitieron varias veces los siguientes días. Yo no podía dejar de mirar las imágenes, sin entender nada, fascinado por la plástica verdad de toreros y toros. Mis ojos no me mentían. El otro día me tomé una cerveza con un señor que pudo pedirse un permiso a tiempo en la mili para ir a ver la corrida y me dijo que fue la hostia.

No podía ser de otra manera, me hice aficionado, o más bien aficionaducho, a los toros y partidario de Esplá. A veces ha estado bien y, a veces, ha estado mal, pero siempre ha sido el mejor lidiador que había en el escalafón, el que mejores banderillas ponía y el más torero. También, el más inteligente (en un mundo donde es muy difícil sobrevivir si eres tonto). Recuerdo cuando dijo que los toros sólo cogían los toreros valientes o tontos, y que, por tanto, si le cogían a él tendría que ser por valiente. O cuando confesó que, a la hora de matar, era un “pinchauvas“.

Este último viernes, 5 de junio de 2009, Luis Francisco Esplá, a sus casi 51 años, se despedía de la Plaza de Toros de Las Ventas, 27 años después de obligarme a hacerme aficionado, o más bien aficionaducho, a las corridas de toros. Hacía viento, la gente, en realidad, venía a ver a Morante de la Puebla, que había seducido al público venteño con el capote unos días antes, y a Castella, el corajudo francés que había abierto la puerta grande en la Feria de San Isidro.

El primer toro lo lidió de manera aseada, como siempre. El viento era casi huracanado y sólo pudo, que no es poco, estar digno. Con su segundo, un tocho de 620 kilos que respondía al nombre de “Beato“, armó el taco. El toro era bonito, noble y con movilidad, o sea como tienen que ser y casi nunca son. Esplá estuvo inteligente con él desde el primer segundo, aunque, en realidad, falló en uno de sus puntos fuertes, las banderillas. Ofreció un tercio deslucido, me imagino que porque el torero alicantino había visto el comportamiento increíble que había tenido “Beato“ en el caballo, creo que había tomado tres varas, algo rarísimo hoy día, y no quería echarlo a perder en fuegos de artificio.

Empezó el tercio de muerte agarrado a las tablas, pasándose el toro cerca y por alto, enseñándole a embestir. Para cuando le empezó a bajar la mano y a ligarle los pases, “Beato“ era un caramelo que Esplá saboreó, e hizo saborear a los demás. Cuando uno ve una faena de este tipo, siempre se hace la misma pregunta, ¿es fácil torear? No, no es fácil, de ahí la grandeza de días como el viernes. Es todo tan natural, tan fluido, que parece cosa de niños. Para probar que no lo es, basta con gastarse el abono completo de San Isidro y no ver ni rastro el 98% de las veces de lo que hicieron Esplá y “Beato“ el otro día.

Lo mató recibiendo y dejó una estocada tendida y atravesada que obligó a usar el descabello dos veces. Dio igual, el Presidente le concedió las dos orejas, Esplá dio dos vueltas al ruedo y el toro una, a petición del propio torero.

Supuestamente, hay dos tipos de aficionados, los “toreristas“, sólo pendientes de los toreros, a los que dan tratamiento de estrellas del rock, y los “toristas“, admiradores del toro de lidia y guardianes de la pureza de la Fiesta. El viernes, cuando Esplá pedía la vuelta al ruedo de “Beato“, pensé que es mi torero favorito porque es único torero “torista“ a quien yo he visto en acción.

jueves, 4 de junio de 2009

Soy un carca (o el magnetismo de lo “vintage“)

“Vals con Bashir“ es una película de tono documental. Cuenta los pasos que dio el guionista y director para reconstruir su memoria de la matanza de Chabra y Chatila, que él vivió en primera persona. Detectamos un aliento poético en lo visual que parece querer ocultarse, pero no se logra. Parece un cuento siniestro. Posee cierto aire de irrealidad, aunque siempre hay algo perturbador, en los diálogos, en los rostros, en los recuerdos aparentemente banales. En los últimos segundos de la cinta, los hechos históricos son presentados sin paños calientes. Era necesario, de lo contrario se corría el riesgo de banalizar la historia.

“Ponyo en el acantilado“ es una película infantil para adultos de un famoso cineasta japonés. La música juega un papel primordial, acompaña a la historia, subraya el caracter de cada personaje. Hace lo que se supone que deberían hacer todas las bandas sonoras. Y la partitura tiene valor en sí misma. La película no trata a los espectadores como idiotas. Es cierto de que pertenece al género de lo fantástico pero el argumento es consistente. Es una hermosa defensa de la biodiversidad marina y nos enseña a todos a querer a las personas por cómo son, no por lo que son. Sí, es para niños, algo que no le impide tener un discurso más sólido que la mayor parte de la producción cinematográfica mundial.

Ambas son películas de animación “a la antigua“. Creo que eso es lo que más me gusta de ellas. Son, de largo, las que me han gustado más este año.

lunes, 1 de junio de 2009

En piloto automático

He visto 3 veces a Wilco.

La primera, en marzo de 2005, está recogida en este blog aquí. Me encantó.
La segunda, en noviembre de 2007, estaba de duelo. Me gustó.
La tercera, en mayo de 2009, estaba trabajando. Fue un buen bolo, con un sonido pluscuamperfecto y una ejecución impecable. No me emocioné casi en ningún momento. No tocaron ninguna de mis canciones favoritas. Ni “Misunderstood“, ni “Ashes of american flags“, ni “Reservations“, ni “How to fight loneliness“. Y, por primera vez, me dí cuenta de que “Impossible Germany“ está llamada a ser una canción que va a envejecer muy mal, como le pasó a Bruce con “Rosalita“.

Siguen siendo los mejores, para mí. Pero el viernes pasado me dí cuenta de que no mean colonia.

Tanto mejor.