Tempus fugit

Una de las cosas buenas de tener una bitácora activa desde hace 5 años es que mi vida, o por lo menos las claves de mi vida, está reflejada en él. Hace unos meses empecé a despedirme de ser un treintañero, circunstancia que acontecerá en marzo del año que viene. Es ahora, sólo ahora, cuando empiezo a entender y a aceptar que el tiempo pasa, que el deterioro existe, aunque se pueda matizar algo, que los significados y los contextos mutan de manera aparentemente desordenada. Cuando empecé a escribir Menosprecio, en junio de 2004, tenía 34 años y apenas había experimentado fugacidad de la existencia en mis carnes. Creo que estaba preparado para aceptarlo intelectualmente. Es decir, una parte del problema estaba resuelto. Lo más difícil, vivir el paso del tiempo, lo he hecho durante este lustro. Y ha sido chungo.

No obstante, todavía no puedo cantar victoria. Una de las cosas que he aprendido, con dolor verdadero, es que no hay marcha atrás. Es bastante sencillo que la realidad te atropelle y cuando eso pasa, da lo mismo que entiendas y aceptes el paso del tiempo. Vas a quedar magullado, herido, en la lona.

El argumentario es manejable. Ya está en los filósofos griegos y, en general, en los pueblos que han amado la vida. Disfruta lo que puedas, haz lo que te gusta, no dejes pasar los trenes buenos, etc,... Más complicado se me antoja devolverle una tímida sonrisa al tipo del espejo cuando adivinas en él los primeros signos de decadencia. Cuando aceptas que, de haber cambios, serán a peor. Nadie dijo que pagar el precio de conocerse a sí mismo fuera para todos los públicos. Sientes muchas veces la tentación de optar por la inconsciencia y, así, ni sentir ni padecer. A la larga, es una solución ineficaz. Y, en un sentido distinto, tampoco es para todos los públicos. Desde luego, no lo es para mí.

Creo que uno de los subtextos de estos 5 años de entradas ha sido la fugacidad del tiempo. Al principio no tenía muy claro cómo encarar esta cuestión. Lo hice desde la comedia, desde la nostalgia, más tarde desde el drama. Eso sí, sabía que tenía que aceptar el desafío.



NOTA: Ya me lo imaginaba yo. Hace un tiempo escribí otra entrada con este mismo título. Esta.

Comentarios

Pink Freud ha dicho que…
Conocerte a ti mismo (lo mejor que puedas), y ser indulgente y exigente a la vez tiene un precio alto, pero merece la pena.
Procura envejecer "bien" y te daras cuenta que no todos los cambios son a peor. Las comillas las pongo para que tu te encargues de quitárselas con el tiempo.

Un abrazo