Crisis de gobierno

Hoy hemos tenido una crisis de gobierno en España. Llevaba varios meses larvándose, entre otras cosas porque Solbes no ocultaba ya su ansia por dejar el Ministerio de Economía. Zapatero ha aprovechado para quitarse algunos lastres y para, sobre todo, satisfacer a las diferentes familias del PSOE. Me imagino que lo más transcendente es que, por primera vez desde 1993, hay un ministro de Economía que no es ni Solbes ni Rato, cuyas políticas han sido tan parecidas que sólo se han podido diferenciar en el matiz. Y, a veces, ni eso. Es decir, 16 años después, por fin ha llegado un cambio a la política económica española. ¿Será real ese cambio? ¿Se adaptará al nuevo desafío que supone el probable cambio de paradigma al que nos enfrentamos? No creo que los más sesudos comentaristas sean capaces de dar una respuesta concluyente a estos interrogantes. Aún menos podré hacerlo yo.

Yo quiero tratar de otra cosa. Para mí, si hay un error de concepto claro en los nuevos nombramientos ese es el referido al Ministerio de Cultura. Es un fallo que viene desde tiempos inmemoriales. Pensar que ese puesto lo tiene que ocupar alguien con prestigio en el mundo de la cultura es un contrasentido. Sí, es como si ponemos al lobo a cuidar de las ovejas. Es parte interesada, en el mejor de los casos (porque por lo menos alguien, los de su gremio, saldrán favorecidos), o es un zote sin el menor asomo de sentido práctico. Por mucho que le demos vueltas no hay otras opciones.

Permitidme un pequeño juego dialéctico para abrochar mi argumento. Hemos quedado que la política es el arte de lo posible. Luego, es absurdo pensar que una guionista, la nueva ministra de Cultura Ángeles González Sinde, acostumbrada a lidiar con la ficción, pueda vérselas con la realidad.

Definitivamente, quiero a un frío y gris tecnócrata en el Ministerio de Cultura. Y a un poeta loco en el de Economía.

Comentarios

Polkium ha dicho que…
Lo que me extraña es que no hayas dicho nada del nuevo Ministro de Deportes.

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