El periodismo musical rock

La sociedad española está enferma. El nivel de profesionalidad en todos los sectores ha bajado de manera dramática. Se hace eco de ese fenómeno el periodismo, como no podía ser de otra manera. No denunciándolo o documentándolo, sino poniéndose al frente de la mediocridad general.

En mi negociado, el musical rock, las cosas no son muy diferentes al del resto de disciplinas periodísticas. Hay circunstancias atenuantes que pueden servir de explicación, jamás de excusa. La materia que tratamos tiene algo bueno, que es muy fácil acceder a los rudimentos del pop-rock, y algo muy malo, que el pop-rock y derivados conforman un inmenso océano imposible de aprehender. Mucho más difícil que el cine, la literatura, el teatro, los tebeos o las Bellas Artes. Yo poseo más de 5000 cd's en propiedad y cerca de 500 vinilos (quizá más, no estoy seguro, por eso tiro por lo bajo). Aún así, conozco gente que tiene más material en casa y gente que tiene más información que yo. Esto del musical rock es una carrera que no termina nunca. Yo la empecé a los 17-18 años y, a mis casi 39, aun estoy lejos de la meta.

Otro factor interesante es que eso que llamamos "industria del disco" está manejada por analfabetos. Gente que se muere por ir a las zonas vip y que sólo quiere estar donde está el ruido. Mario Vaquerizo es el exceso de ese modelo.

¿Y los músicos? Bípedos con un perfil intelectual bajo y una arquitectura moral lamentable. Muy celosos de su integridad artística cuando no hay pasta y/o adulación de por medio. Suelen tener una buena idea, la primera, y luego se limitan a repetirla. A veces le cambian el vestido a la mona, pero sigue siendo una mona. Por eso, los mejores discos de una amplia mayoría de artistas rock (hay un huevo de excepciones, lo sé) son los primeros.

Así las cosas, un gran número de compañeros se limita a cumplir el expediente. Hacen lo más fácil, fusilar las hojas de promo. ¿Qué son las hojas de promo? Ni más ni menos que la información que te proporciona la compañía discográfica, es decir, la información que a ella le interesa que potencies. Sé de casos de ilustres radiofonistas que leen, literalmente, las hojas de promo en sus programas. Es perfecto, el ilustre radiofonista queda bien con el sello y el pueblo, ignorante de lo que ocurre, cree que esa frase tan bonita la ha dicho él, cuando la ha escrito el portero de la sede de Warner España.

Esta es la realidad del periodismo musical rock en España. Puede que en el mundo también sea así, no lo tengo claro. Tiendo a pensar, de todas maneras, que en esto no somos "Spain is different".

A modo de conclusión, dejo una pregunta en el aire. En el mundo de la televisión, el equivalente a las hojas de promo son los EPK (=montajes audiovisuales más o menos afortunados con declaraciones del artista en cuestión). Ofrecen más ventajas que las hojas de promo porque te limitas a montar un material a tu conveniencia, algo que te cuesta menos tiempo, dinero y disgustos que mandar a un redactorcillo a un hotel de lujo a charlar 10 minutos con la superestrella habiendo escuchado parte del disco una sola vez un rato antes en el vestíbulo. Y sin embargo, los EPK no se usan demasiado, no como las hojas de promo, en cualquier caso. ¿Por qué?

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Me interesa lo que mencionas de la mediocridad en el trabajo, pero yo lo veo de un modo algo distinto. En ciertos trabajos la mediocridad no es un defecto sino que debe ser una actitud que mantener. Es una manera de resistencia. Las empresas se nutren de ti, te digieren y luego te defecan, por dos duros, Y encima quieren que tu trabajo sea excelso. Ante eso, fusilamiento de promos, ¡y gracias!
Mahoumamau
Vencido ha dicho que…
Amigo Mahoumamau,

la mediocridad es lo que buscan las empresas. Buscan profesionales del montón para poder manejarlos a su antojo. Ojo, no es mal negocio para el mediocre, suele estar muy bien pagado. Habitualmente reciben la denominación genérica de "jefes". Si quieres resistirte a las empresas, pon cara de comprometido en las reuniones, de vez en cuando haz algo radical que no entienda nadie y que nadie se atreva a preguntarte, no des un palo al agua y llevátelo muerto.