lunes, 23 de marzo de 2009

El efecto “Luis Aguilé“

Hace 3 años me explicaron por primera vez en qué consiste el “efecto Luis Aguilé“. Es muy sencillo. Tenemos un programa de televisión X, con sus presentadores, con sus contenidos y sus cosas. En un momento dado, se incluye una actuación musical. Según la experiencia acumulada en TVE, en ese instante, una gran cantidad de espectadores cambia de canal, se va al baño o apaga la tele. 

Mucho tiempo antes, cuando estaba en fortitiví, me dijeron que la gente, lo que quiere ver en la tele son vídeo clips. O sea, actuaciones musicales.

Estas dos posturas contrapuestas arrojan el siguiente balance:

1. Todo el mundo cree tener una teoría de por qué no funciona la tele musical en España.
2. Se puede sostener una cosa y su contraria perfectamente.
3. Para ser jefe sólo hay que repetir consignas cuya relación con la verdad sea anecdótica, como es la caso de las dos filosofías expuestas aquí.

Yo creo (sí, también tengo una teoría) que el “efecto Luis Aguilé“ tiene lugar en programas cuyo argumento principal no sea la música. Y que a la gente le puede gustar ver vídeo clips en programas cuyo argumento principal sea la música. Lo que pasa es que en España no hay tradición de video clip. No ha habido, ni por asomo, “cultura MTV“.

Algún día, alguien dará con la tecla y hará funcionar un programa de música en la tele española. Sin embargo, cualquier directivillo se lo cargará porque todos piensan lo mismo: “La música no funciona en la tele“.  Este es el verdadero “efecto Luis Aguilé“.

Esto era televisión. Seguro que en Italia no existe el “efecto Celentano“.

sábado, 14 de marzo de 2009

El astronauta

Ayer me puse por primera vez el vinilo rosa del último álbum de Lonely Joe. Se llama “Un toque de Lonely“ y es un disco de versiones. Se trata de un trabajo que conozco muy bien aunque hasta hace 20 horas no le había prestado atención. Es apagado y triste, poco adecuado para ser pinchado en la radio. Además, no cuenta con el favor de la crítica musical, siempre pendiente del último hype, ya sea foráneo o nacional. “Un toque de Lonely“ está concebido para ser disfrutado en soledad, en casa, sin prisas. Necesita ser paladeado. Cada acorde debe ser valorado, cada arreglo, masticado. Cuando haces eso te das cuenta de que la versión de “Somethin´ stupid“ de Lonely Joe es perfecta. El mundo se ha empeñado en que esa canción es un dúo. Si nos fijamos en la letra, vemos que sólo ha sido así porque Frank Sinatra quería hacer un dúo con su hija Nancy. Tiene más sentido concebida como un monólogo interior, algo que Lonely Joe ha comprendido a la perfección. 

También te das cuenta de que entre Los Planetas y Medina Azahara no hay una diferencia insalvable. O, por lo menos, entre “Segundo premio“ y “Necesito respirar“, las dos canciones de esos grupos a las que Lonely Joe aplica su tratamiento en “Un toque de Lonely“. De alguna manera, escuchar “Segundo premio“ me ha reconciliado por enésima vez con Los Planetas. (Con la banda de J y Florent tengo una interminable relación de amor/odio, la verdad).

Lonely Joe dice que lo suyo es Tristismo, una especie de categoría que se ha inventado para explicar su estilo, entre un Elvis otoñal y un Nick Cave despojado de su, en ocasiones, excesiva teatralidad. También explica que los acordes menores son los que dan peso a un tema, los que aseguran su permanencia en el tiempo. Esta convicción tiene mucho de ideológico, por eso el disco es apagado, lo que le impide llegar a las grandes masas, ya sean las del circuito de los superventas o las del circuito de la independencia. 

En su virtud está su penitencia. Y en su penitencia está lo que a mí más me gusta de este álbum, un vinilo rosa coronado por un precioso instrumental, con un melancólico piano en primer plano, llamado “The astronaut“. 

Quizá allá, en los confines de la galaxia, encuentre a otra persona a quien le guste “Un toque de Lonely“.


viernes, 13 de marzo de 2009

¿Qué se cuenta cuando no se tiene nada que contar?

La respuesta a esta pregunta es muy fácil.

Nada.

Pero, ¿qué pasa si uno quiere escribir en su bitácora? Eso es lo que me pasa ahora mismo.
Las opciones que se me presentan son las siguientes.

1. Escribir que no se me ocurre nada de lo que tratar.

Es un recurso chapucero y prometí que no iba a hacerlo más.

2. Pontificar de política.

Recientemente he publicado una entrada de esas características.

3. Escribir un mini cuento.

No me apetece.

4. Comentar alguna noticia, hacer una abstracción y terminar manejando un concepto de carácter universal.

Ninguna noticia me pone lo suficiente como para meterme en ese desafío intelectual.

5. Defender a un personaje público denostado/Atacar a un personaje público amado.

Es una opción muy sana, casi terapéutica. Lástima que me pase lo mismo que con la 4.

6. Dejarme llevar por el suave arrullo de la auto complacencia.

No es sano, pero proporciona mucho placer y, a veces, pocas, es bueno entregarse a esa molicie emocional. Quiero resistirme a esa tentación. Al menos, en el día de hoy.

7. Hablar de música.

Más allá del colapso de la industria no hay mucho de lo que me apetezca tratar. Como he hecho muchas entradas de ese tipo descarto esta opción.

8. Introducir algún elemento autobiográfico en la entrada.

Aquí lo divertido sería consignar una anécdota en la que haga el ridículo. Siempre hay material de sobra que cumple esos parámetros, por lo que sería muy fácil. Pero hay que estar inspirado y/o tener tiempo. Ninguna de esas circunstancias se da en esta mañana de viernes.

9. Crear una lista absurda, a la manera de "Alta fidelidad".

La objeción es la misma que la explicada en la 8.

10. Cagarme en todo.

Sencillo, acertado y efectivo. Lo voy a hacer.

ME CAGO EN TODO.

¡Qué guay! Sienta de puta madre. Se lo recomiendo a todo el mundo, menudo peso me he quitado de encima.

PS: Quiero cambiar la respuesta a la pregunta que titula esta entrada. En lugar de contestar "nada", quiero responder "cagarse en todo".

lunes, 9 de marzo de 2009

El periodismo musical rock

La sociedad española está enferma. El nivel de profesionalidad en todos los sectores ha bajado de manera dramática. Se hace eco de ese fenómeno el periodismo, como no podía ser de otra manera. No denunciándolo o documentándolo, sino poniéndose al frente de la mediocridad general.

En mi negociado, el musical rock, las cosas no son muy diferentes al del resto de disciplinas periodísticas. Hay circunstancias atenuantes que pueden servir de explicación, jamás de excusa. La materia que tratamos tiene algo bueno, que es muy fácil acceder a los rudimentos del pop-rock, y algo muy malo, que el pop-rock y derivados conforman un inmenso océano imposible de aprehender. Mucho más difícil que el cine, la literatura, el teatro, los tebeos o las Bellas Artes. Yo poseo más de 5000 cd's en propiedad y cerca de 500 vinilos (quizá más, no estoy seguro, por eso tiro por lo bajo). Aún así, conozco gente que tiene más material en casa y gente que tiene más información que yo. Esto del musical rock es una carrera que no termina nunca. Yo la empecé a los 17-18 años y, a mis casi 39, aun estoy lejos de la meta.

Otro factor interesante es que eso que llamamos "industria del disco" está manejada por analfabetos. Gente que se muere por ir a las zonas vip y que sólo quiere estar donde está el ruido. Mario Vaquerizo es el exceso de ese modelo.

¿Y los músicos? Bípedos con un perfil intelectual bajo y una arquitectura moral lamentable. Muy celosos de su integridad artística cuando no hay pasta y/o adulación de por medio. Suelen tener una buena idea, la primera, y luego se limitan a repetirla. A veces le cambian el vestido a la mona, pero sigue siendo una mona. Por eso, los mejores discos de una amplia mayoría de artistas rock (hay un huevo de excepciones, lo sé) son los primeros.

Así las cosas, un gran número de compañeros se limita a cumplir el expediente. Hacen lo más fácil, fusilar las hojas de promo. ¿Qué son las hojas de promo? Ni más ni menos que la información que te proporciona la compañía discográfica, es decir, la información que a ella le interesa que potencies. Sé de casos de ilustres radiofonistas que leen, literalmente, las hojas de promo en sus programas. Es perfecto, el ilustre radiofonista queda bien con el sello y el pueblo, ignorante de lo que ocurre, cree que esa frase tan bonita la ha dicho él, cuando la ha escrito el portero de la sede de Warner España.

Esta es la realidad del periodismo musical rock en España. Puede que en el mundo también sea así, no lo tengo claro. Tiendo a pensar, de todas maneras, que en esto no somos "Spain is different".

A modo de conclusión, dejo una pregunta en el aire. En el mundo de la televisión, el equivalente a las hojas de promo son los EPK (=montajes audiovisuales más o menos afortunados con declaraciones del artista en cuestión). Ofrecen más ventajas que las hojas de promo porque te limitas a montar un material a tu conveniencia, algo que te cuesta menos tiempo, dinero y disgustos que mandar a un redactorcillo a un hotel de lujo a charlar 10 minutos con la superestrella habiendo escuchado parte del disco una sola vez un rato antes en el vestíbulo. Y sin embargo, los EPK no se usan demasiado, no como las hojas de promo, en cualquier caso. ¿Por qué?

martes, 3 de marzo de 2009

Intolerancia

Yo pensaba que era intolerante con la mediocridad.

Me equivocaba.

¿Cómo no voy a tolerar la mediocridad si yo soy un mediocre?

Sí, sí, soy un mediocre. No pasa nada, es así. No todos tenemos que ser Einstein ni Bach. Soy un tipo normal que no aspira a otra cosa que a seguir siendo normal. Por lo tanto, no soy intolerante con la mediocridad, ni ajena ni, por supuesto, propia.

Eso sí, soy un intolerante. No con la mediocridad. Lo soy con otra cosa.

Con el atrevimiento del ignorante, con la arrogancia del que no sabe. Eso es lo que me saca de mis casillas. Puedo tolerar que la gente diga tonterías, lo que me jode es que las diga como si fuera la Verdad Absoluta.

Vivimos en la Era de Los Tontos Atrevidos. Tengo claro que yo soy un mediocre, y no me importa. Lo que no soy es un atrevido, como muchos...