No sé qué dios es el mío (ni cuáles son mis hermanos)


Yo no puedo ser antisemita. De verdad, no puedo. 

Admiro mucho, pero mucho, al pueblo alemán, que se supone que es el más furiosamente antisemita. Por lo menos, si nos atenemos al periodo nazi. Yo digo, no obstante, que los alemanes nazis fueron los más fieramente sinceros pero, a principios del siglo XX, toda Europa era básicamente antisemita. Ahí esta Francia y su escandaloso Caso Dreyfus o Rusia y el fraude de los Protocolos de los Sabios de Sión. Por mucho que queramos echarle la culpa a Hitler, Europa era antisemita. Y, en cierto modo, lo sigue siendo. ¿Qué hay de España? Nosotros también hemos sido (¿seguimos siéndolo?) antisemitas. En 1492, además de descubrir América y de culminar la Reconquista, el reino unido de Castilla y Aragón echó a los judíos españoles, los sefardíes, uno de los colectivos más pujantes en aquel tiempo y en aquel lugar. 

Decía que no puedo ser antisemita, a pesar de que crea que muchos de los males de la sociedad actual arrancan del ADN judeo-cristiano que Occidente lleva consigo. Marx era judío, y le admiro como a casi ningún otro pensador de la historia. Daniel Barenboim es judío, y tiene los cojones de tener cuatro nacionalidades, la argentina, la española, la israelí y.... la palestina. No puedo odiar ni a Marx ni a Barenboim ni a, por ejemplo, Albert Einstein, otro ilustre judío. No puedo y tampoco quiero.

Otro de los judíos que admiro se llama Jorge Drexler. Una tarde de septiembre u octubre de 2001 le entrevisté, con motivo de la presentación de su, para mí, mejor disco, “Sea“. Congeniamos bastante, porque yo le hice una entrevista a calzón quitado, de esas que ahora no podría, o no sabría, hacer. Le puse a prueba, le acusé de conformista y él aguantó el tirón, se defendió con argumentos y me convenció. Me dejó un corte histórico: “Toda esta fiesta latina me tiene los huevos llenos“.

Le acerqué a casa. En aquella época Jorge vivía en El Escorial con Ana Laan, su mujer entonces. Si yo hubiera sido de otra manera, quizá hoy seríamos bastante colegas, hasta tal punto conectamos aquella tarde. Pero yo no di el coñazo y lo dejé pasar. No me arrepiento, estas cosas no hay que forzarlas (como casi nada en esta vida).

Unos tres años después sacó “Eco“, un disco en el que hizo una “Milonga del moro judío“, basada en un poema de Chicho Sánchez Ferlosio

Me resulta muy fácil estar cerca de TODO el mundo, porque no puedo creerme más lo que dice Jorge Drexler (“vale más cualquier quimera que un trozo de tela triste“) en esta “Milonga del moro judío“

No me siento de nadie, por eso no estoy en contra de nadie.

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