Animal Collective vs. Fleet Foxes

¿Qué debieron pensar los fanáticos del jazz y del blues cuando vieron a Elvis en el programa de Ed Sullivan? ¿Y los del country?

¿Qué pensaron los talibanes del folk cuando Dylan se presentó con su guitarra eléctrica en Newport? (Bueno, eso lo sabemos bien. Le pusieron a caer de un burro)

¿Qué pasó cuando las niñas que gritaban en los conciertos de los Beatles encendieron la tele y vieron a Iggy y a los Stooges en el famoso Cincinati Pop de 1970?

¿Qué ocurrió en la desencantada Inglaterra de los 70, la misma cuya realeza había condecorado a los Beatles, cuando Johnny Rotten cantó aquello de “dios salve a la reina y a su régimen fascista“?

¿Y cuando Gary Numan metió “sintes“ en un éxito pop? ¿Y en el segundo “verano del amor“, el del Smiley?

Es obvio que a muchos les pareció una marcianada, que no entendieron nada y que pensaron que esa revolución a la que asistían en primera fila no iba a ser más que una moda pasajera. Ya he dicho antes en esta humilde bitácora que eso me ha pasado a mí con El Guincho. Y sigo sin entender nada aún. Como dice mi amigo Gustavo, “no sé qué droga hay que meterse para disfrutar de un directo de El Guincho“.

Hasta hace poco me ocurría lo mismo con Animal Collective. No era tan exagerado, pero no le veía el punto. Hoy puedo decir que, gracias a su nuevo disco, “Merriweather post pavillion“, ya lo voy pillando algo. “My girls“ me gusta bastante. Aún así, puestos a flipar con voces percusivas, lo de los Fleet Foxes me motiva mucho más. Para muestra, un botón: “White winter hymnal“

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