viernes, 30 de enero de 2009

¿Crisis? ¿Qué crisis?

Ayer, después de comer con algunos compañeros de trabajo, confesé que me gustan Supertramp. Hubo alguna que otra risita y bastantes miradas de suficiencia. Pocos minutos antes reivindiqué a Bruce Springsteen. Creí que me tomaban por un "exotismo histórico", lo acepté y decidí seguir con mi vida.

Una de las personas que permaneció en silencio durante mi aparatoso suicidio social, se me acercó y me dijo:

"A mí también me gustan Supertramp y Springsteen".

El tipo en cuestión tiene 4 ó 5 años más que yo. O sea, que llegó a tiempo a todas las cosas a las que yo llegué tarde por poco.

Una vez completada la confesión, me comentó otra historia.

"¿Te acuerdas cuando le regalaron a Zapatero el "Crisis? What Crisis?" de Supertramp? Eso sí que estuvo bien?"

Y ahora yo también digo: "¿Crisis?, ¿qué crisis?"

Yo siempre he estado en crisis. Mi sector, la música empaquetada, ha estado en crisis desde que yo trabajo en él. Siempre ha tenido sentido para mí escuchar alguna de las canciones de aquel magnífico disco de Supertramp.

jueves, 29 de enero de 2009

Tonto útil, para servirle a usted


Hace más de dos semanas que no actualizo. Nunca había dejado pasar tanto rato sin escribir en esta humilde bitácora. Me gustaría pensar que todo este tiempo transcurrido me ha servido para pensar mejor lo que voy a escribir, para aquilatar mejor mis reflexiones, pero no ha sido así. Esta entrada la tenía más o menos bosquejada desde un día antes de la toma de posesión de Obama. Hasta ahora no he tenido el tiempo y las ganas de escribirla.

El día anterior a la toma de posesión de Obama vi una cosa en la tele que me llamó la atención. Zapando me encontré una tertulia política (sic) en uno de esos infames canalillos de la TDT. Un señor mayor hablaba sobre un rótulo que se preguntaba “¿Cuándo decepcionará Obama?“ El señor mayor argumentaba que Obama tenía inmerecida fama de ser un gran orador porque “hay gente que le escribe los discursos“. Sin embargo, el tamaño infinito esta gilipollez es lo de menos. El pobre hombre no había llegado a su oficina, al Ala Oeste de la Casa Blanca, y ya había quien daba por hecho que la iba a cagar.

Me molesta esa actitud de sospecha hacia quien dice cosas regidas por el altruismo. En nuestra sociedad cínica se les tacha de tontos útiles o de seres malvados con una agenda oculta. Parece que no soportamos la hombría de bien, es una actitud que levanta sospechas. Recuerdo que cuando vi “Bobby“ pensé que el discurso de presentación de la candidatura de Robert Kennedy para Presidente de los USA era inviable hoy día. Esas palabras teñidas por el respeto al adversario, teñidas por el voluntarismo de que todo irá a mejor, teñidas por un aliento que buscaba inspirar más que convencer. Algo de ese estilo ha habido en la trayectoria de Obama, con lo cual se ha demostrado que yo no tenía razón. Mi cinismo me cegaba.

Obama no va a salvarnos de nada, no es el Mesías. Ha heredado un marrón y no tiene garantizado el éxito ni muchísimo menos. Lo positivo, a lo que quiero aferrarme, es que esta es la mejor oportunidad en décadas de tener en la Casa Blanca a un inquilino sensato y trabajador. ¿Por qué pensar que va a ser una decepción?

Hace mucho leí un artículo de prensa de Gabriel García Márquez al que le he robado el título de esta entrada. El Nobel colombiano, antes de ser Nobel, venía a decir que es mejor ser tonto útil que listo cínico.

Yo también.

PS: Prometo que antes de 24 horas escribiré otra entrada. La tengo ya redactada en mi coco.

lunes, 12 de enero de 2009

¿De qué planeta viniste?


Cuando Maradona eliminó a los ingleses en los cuartos de final de la Copa del Mundo del ´86, yo no estaba frente al televisor. Nunca podré verlo en directo, lo mismo que nunca asistiré a un concierto de Miles Davis, de Piazzolla, de Gardel o de Hendrix. En mi descargo sólo puedo aducir que tenía 16 años, que era verano y que seguro que tenía cosas mucho mejores que hacer que ver un partido por la tele. Máxime si el anterior partido de Argentina había sido una victoria por la mínima a una débil selección uruguaya, que había sido arrollada por Dinamarca en la fase de grupos.

El padre de un amigo mío, nada futbolero, me dio la noticia, “Maradona ha metido un golazo, ¿no lo has visto?“. En ese momento pensé que no sería para tanto y cuando lo vi luego en el resumen, me reafirmé en mi tesis inicial. Sin embargo, llevo consumiéndolo con regularidad desde hace más de dos décadas y cada día que pasa me doy cuenta de que no ha habido nada igual. Personalmente, prefiero el otro gol, el de la “mano de dios“, pero es por motivos “filosóficos“ que ya expliqué en su momento. En lo estrictamente futbolístico, no hay discusión.

Maradona, en esa jugada, hace varias cosas casi increíbles. Primero, recibe de espaldas a la portería, parado, y se tiene que dar la vuelta. Después va regateando hacia los dos lados, algo que todos los que jugamos al fútbol sabemos que es muy difícil. Y, para terminar, define regateando al portero, en lugar de pegarla a voleo por el cansancio. Aquí en España, se ha comparado “el gol del siglo“ con dos obras maestras, una de Ronaldo al Compostela, en Liga, y otra de Messi al Getafe, en Copa. 

El de Ronaldo está bien, pero un par de escalones por debajo. Recibe en carrera, se vale de la potencia física que tenía a los 20 años y remata sin regatear al portero, casi exhausto. Lo de Messi es mejor. Recibe parado, con un tío encima, aunque de frente a la portería. Y luego mete el gol regateando al portero y rematando con su pierna mala. Sin embargo, Maradona mete su gol en cuartos de final de un Mundial que luego ganaría Argentina. Es, por encima de todo, un gol decisivo en un momento de máxima exigencia. El chicharro de Messi sólo sirvió para que el Getafe, equipo modesto donde los haya, acabara eliminando al todopoderoso Barcelona de una competición devaluada, como es la Copa del Rey. Messi todavía tiene años por delante para ser Maradona. Le queda muy poco, pero todavía no lo es y ahora resta lo más difícil.

El gol de Maradona, además, cuenta con un plus que le hace entrar en la categoría de legendario. Ese plus es la narración, en riguroso directo, que hace Víctor Hugo Morales para toda Argentina. Esta es la transcripción comentada por un servidor de aquello:

“Ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial“.

Una explicación perfecta y sencilla para la compleja primera maniobra con la que Maradona inicia la jugada.

“Puede tocar para Burruchaga“.

A los que hemos visto mucho fútbol nos pasa una cosa. Vemos lo que va a pasar dos segundos antes de que pase. Morales se da cuenta, en mitad de toda su excitación, que Maradona le puede pasar la pelota a Burruchaga. Era lo lógico, lo que 99% de los jugadores de fútbol hubiéramos hecho. 

“Siempre Maradona, ¡genio! ¡genio! !genio! tá tá tá tá tá tá“

Maradona no se la ha pasado a Burruchaga y sigue regateando contrarios. Víctor Hugo Morales ha comprendido que sólo cabe ya repartir adjetivos y onomatopeyas.

“Goooooool....Goooooool“

Maradona ha regateado a Shilton y ha “centrado“ a la red.

“¡Quiero llorar!, Dios Santo. Viva el fútbol.
¡Golaaaaaaaaazo! ¡Diegooooooool! ¡Maradona!.“

Da lo mismo que haya sido Maradona el que ha metido el gol. Esta es la Capilla Sixtina del fútbol y sólo cabe la emoción.

“Es para llorar... perdónenme“

Tanto en directo como luego, muchos años después, Víctor Hugo Morales pidió disculpas por haberse dejado llevar por el entusiasmo. Dijo que había faltado al deber del periodista de ser un observador imparcial. 

“Maradona, en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos.
Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés?
¡Para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina!“

Casi un poema épico, como si fuera la Canción de Rolando.

“Argentina 2 - Inglaterra 0
¡Diegol! ¡Diegol¡
Diego Armando Maradona.
Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas
por este Argentina 2 - Inglaterra 0“

Un perfecto broche de oro. Morales dice el marcador cuando la televisión mexicana muestra el rótulo con el resultado y los ingleses sacan de centro. Un prodigio de sincronismo.


sábado, 10 de enero de 2009

El futuro de la música empaquetada


Ya he opinado varias veces sobre el futuro de la industria del disco. Dije que volvía el vinilo, y no me equivocaba. También anuncié el regreso del single, aunque pienso que eso todavía está por verse. Y me atreví a enunciar mi “teoría de la partitura“.

Si hay un denominador común en todas esa reflexiones, ese es el verbo “regresar“, y similares. El negocio vuelve hacia atrás y ya no hay vuelta de hoja. Como hace 40 años, la mayor fuente de ingresos de los músicos son los honorarios por sus conciertos, grandes o pequeños. La manera de sobrevivir de las discográficas independientes pequeñas de este país es convertirse en promotora de conciertos. Un tipo importante del indie nacional me decía el otro día que en su sello ya no quieren músicos que no toquen en vivo. Ellos sacan la pasta de artistas a los que les publican un disco, que les sirve para promocionar una gira de ese artista. Sólo con la venta de álbumes, tendrían que echar el cierre. Muchas indies se han dado cuenta y por eso, mal que bien, sobreviven. Eso es lo que no han visto las divisiones españoles de las multis, manejadas por gente sin perspectiva. ¿Resultado? Despidos en tropel.

Así que esa parece ser la manera de sacar a la industria a flote. Hay que volver a los inicios. Pero, ojo, en los albores de la era rock las cosas eran muy distintas. Lo demostraré con una serie de puntos que no requerirán ninguna explicación posterior:

1. No existía la globalización.

2. Era un periodo de optimismo y despegue económico.

3. La juventud pasó a ser la protagonista de la vida cultural.

4. La oferta de ocio audiovisual se limitaba al cine.

5. El rock era algo nuevo. Era fresco y excitante.
 
6. La mayor parte de la música se consumía en directo o por la radio.

7. El mundo vivía inmerso en una guerra fría USA-URSS.

8. La tele era en blanco y negro y no había realitys ni culebrones ni concursos de tele-llamadas (sic)

Sí, todo era muy diferente entonces. Por tanto, habrá que aplicar fórmulas distintas. Parecidas, pero distintas. Yo no sé cuáles son. En el caso de saberlas o de intuirlas, tampoco las pondría aquí.

Sólo una advertencia: Los conciertos son muy caros. Eso es lo que acabó con el formato CD. Si matamos esa gallina de los huevos de oro ya no habrá más comodines. Todo habrá terminado.

martes, 6 de enero de 2009

2008, el año de los postres

¿Cada cuánto tiempo es necesario acometer un cambio de actitud con respecto a tu propia vida? No creo que la respuesta a esta pregunta sea un número. En cualquier caso, tendremos que decir algo parecido a "cuando se necesite" o "cada poco tiempo". El problema es que decimos que vamos a hacer cosas y luego no las hacemos, por lo que, aunque hagamos propósitos de enmienda con cierta frecuencia, todo sigue igual.

El otro día, el domingo, en un restaurante, no pedí postre. Me apetecía tomarme un flan con nata y, aun así, no se lo ordené a la camarera. Me di cuenta, casi en ese preciso instante, que había tomado en 2008 más postres que en toda mi vida y que ese dato habría que tenerlo en cuenta. A mí no me gustan especialmente los alimentos dulces, así que es extraño que consumiera tantos a lo largo del año pasado. Creo que la explicación es más o menos sencilla. Lo dulce es fácil, parece diseñado para no pensar, incluso para dejarse ir.

Si comes muchos postres y no eres goloso, como es mi caso, algo ocurre. Entiendo que he identificado gran parte del problema. Necesitaba una tregua.

Ayer vi "El intercambio", la última película de Clint Eastwood. Me gustó mucho, para mi es una de sus mejores obras. Lo que más me seduce es el tono, sobrio pero no crudo. Hay que saber mucho para mantener ese equilibrio. Me imagino que es una cuestión a la que no escapa ningún elemento, todo tiene que ser sólido. La historia, la música, la foto, las interpretaciones,... todo. La protagonista de "El intercambio", una más que solvente Angelina Jolie, pelea durante todo el filme por enmendar una situación que, la mayoría de las veces, escapa a su control. No puede permitirse el lujo de pedir un alto el fuego. Por eso, necesita pequeñas prebendas, como me pasó a mi el año que viene con los postres.

Normalmente, en el cine de Hollywood, un héroe es un héroe todo el tiempo. No puede permitirse flaquezas. Y me parece muy bien, no quiero ver a John Wayne yéndose a pescar en mitad de "Centauros del desierto". Como mucho, puedo aceptar que una noche se pase con el güisqui y le meta mano a alguna mujerzuela. En "El intercambio", Eastwood y su guionista sí que le conceden a su heroína una suerte de "postre". Al final, vemos que esa mujer dura y valiente, y también llena de amor, es capaz de disfrutar con una fabulosa comedia de Capra, "Sucedió una noche". Una de esas películas de las que se dicen que como "esas ya no se hacen". Una película como "El intercambio".

Mmm, no tengo ni puta idea de cómo será 2009. Me gustaría no tomar tantos postres como en 2008.