Desmemoria histórica


En el último mes he sabido de dos historias. Las personas que me las han contado no se conocen entre sí, ni siquiera son del mismo lugar de España. Tampoco tienen la misma profesión o la misma edad. Ni siquiera estoy seguro que sean de izquierdas. Para lo que voy a contar, poco importa. Voy a tratar de despojar de la mayor parte de contenido político a este texto. Sólo en las siguientes frases voy a dejar clara mi postura. En la Guerra Civil ganaron los malos, los mismos que, primero, quisieron reventar desde dentro el sistema. Y los mismos que condenaron a este país que hemos convenido en llamar España a 40 años de ostracismo y algunos más de prórroga de ese ostracismo. Esta es mi opinión, hoy no tengo por qué extenderme, la pongo aquí para que se sepa de qué pie cojeo. Pero a quien lea este texto le pido que se olvide de esto, lo que voy a escribir aquí debería estar más allá de la contienda ideológica.

La primera historia me la contó mi amigo Klitos. Tuvo lugar en la Guerra Civil, en Villaverde, entonces un pueblo a las afueras de Madrid. Como sabemos ese trozo de España permaneció fiel a la República. Al parecer, los del pueblo mataron a unos cuantos de la CEDA y los metieron en una fosa común cavada a tal efecto. Cuando acabó la guerra y entraron los franquistas, se desenterraron los cuerpos de los de la CEDA y metieron allí a los muertos del PCE, que previamente habían sido pasados por las armas. Esa fosa, 7 décadas después, sigue sin abrirse.

La otra historia me la contó un compañero de trabajo. El tipo es de Málaga y me dice allí hay una especie de pacto de silencio acerca de un hecho conocido como La Gran Desbandada. Su padre jamás quiso hablar de ello. Sólo se sabe que el resultado de La Gran Desbandada es una fosa común con 2000 cadáveres, supuestamente la más grande de España. Mi compañero de trabajo dice que la República dejó a los malacitanos a su suerte cuando la ciudad cayó en manos de los Nacionales. Una gran columna de civiles salió de Malaga y alguien dio una orden...

La Guerra Civil es el acontecimiento más trascedente de nuestro siglo XX. Y todavía tiene un gran influjo. Es posible que sea baladí determinar quiénes eran los buenos y quiénes eran los malos. Saber eso, dictaminar eso, no va a detener el cambio climático, ni nos va sacar de la cultura del consumismo idiota que nos ha metido en la crisis económica actual.  Sin embargo, sería muy bueno que se contaran todas las historias que aún no se han contado. Es cierto que en casi todas las que quedan las víctimas son las del bando que perdió y eso es lo que más pica, ya se sabe, y es la verdad más grande del mundo, que son los ganadores los que escriben la historia. No creo que haya venganza en apelar a la memoria histórica, ni siquiera justicia. Es, simplemente, colmar nuestra necesidad de saber. Es como cuando tu colección de discos está desordenada, te puedes tirar días buscando “Sky blue sky“ y no encontrarlo. Entonces has de comprártelo de nuevo, lo que es una gran putada porque ya te habías gastado la pasta en su momento. Con todo y con eso, no es lo peor. Lo peor es la conciencia de que el no saber, o no saber querer, te ha obligado a andar lo que ya habías andado. 




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