Declaración de intenciones (para lo que queda de 2008)


Sí, ya sé que es época de hacer planes, de trazar estrategias, de fijar prioridades, aunque para el año que viene, no para los pocos días que restan del corriente. Como yo pretendo cumplir TODO lo que vuelque en esta entrada me he puesto un horizonte tangible. Nada de “en 2009 voy a dejar de fumar“ y el 15 de enero amontonar toneladas de olvido sobre tan nobles propósitos. Los objetivos que hoy pongo negro sobre blanco deberán cumplirse antes de las 12 de la noche del 31 de diciembre de 2008. Dos de ellos tienen relación con esta humilde bitácora.

El 24 de diciembre publicaré mi tradicional mini cuento con el día de Nochebuena como telón de fondo. Como siempre, habrá sangre y asesinatos. De momento, es lo único que puedo anticipar.

El 25 escribiré sobre la desmemoria histórica. Tampoco habrá grandes sorpresas. El que ha haya seguido esta humilde bitácora ya sabrá cuál va a ser el sentido de mis palabras. Eso sí, espero sorprender con el enfoque y, ¿por qué no?, encender un pequeño debate.

Estos dos objetivos no son excesivamente complicados de cumplir. Voy a tener tiempo para pensar y tiempo para escribir. 

Llevo unas horas en Ibiza. Vuelvo a Madrid el sábado. Durante esta semana pretendo descansar y dormir. Quizá incluso me permita el lujo de reflexionar un poco, algo que no he podido hacer demasiado últimamente. Creo que va a ser la solución al estado de ánimo decreciente que me viene golpeando desde mayo de este año. Pasó el tiempo de las decisiones, ahora ha llegado el momento de hacer buenas esas decisiones.

Descansar, escribir y dormir. Tres de las patas de mi actividad los próximos días. La cuarta será expulsar toda la bilis y el resentimiento que los mediocres me han arrojado en la segunda mitad de 2008. Nada mejor para ello que cerrar esta bitácora con una descarga de mala leche. De Verdades como Puños. De Gritos en el Cielo.

Lo que más me jode de la gente que se conduce sin ética es que te obligan a ser moralista, algo desagradable en grado superlativo, por lo menos para mí. Todos conocemos a alguien que dice ser de una manera, que te tira su supuesta superioridad moral a la cara. La gente que es impresionable, como yo, se deja envenenar por esas manifestaciones. Nos creemos que el sujeto en cuestión es incorruptible y que nosotros somos unos miserables obsesionados por detalles sin peso real. Lo primero suele ser mentira y lo segundo, desgraciadamente, suele ser verdad. Por eso, cuando pillas a un Campeón de la Ética en un renuncio te sorprendes. Luego, al ver que el tipo no asume su error y le echa la culpa al empedrado, te cabreas, aunque a ti no te afecte para nada. Ni el renuncio ni la cobardía moral. Es lo que tiene ser impresionable.

Es triste detectar que este esquema se repite con frecuencia. Por eso hay que desconfiar de los que no se les cae la palabra “honestidad“ de la boca. De ellos puedes esperar muchas cosas, pero nunca un camino recto y sin fisuras. Si te los cruzas por la calle, cruza de acera, por las dudas. Y si vas en el metro con alguno, bájate en la siguiente parada, aunque llegues tarde a tu destino. No sólo son hipócritas, normalmente son hipócritas peligrosos.

Mañana día 23 hablaré “del gobierno“, como decían Tip y Coll. O por lo menos de algo divertido, ya veremos.

Stay tuned for more rock and roll.


Comentarios

Arturo ha dicho que…
Y recuerden amiguitos: Odiar es guay!
N.Poe ha dicho que…
Yo tengo un Cuaderno del Odio y es genial!

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