747

Esta entrada hace la número 747. Aún queda más de un pico para llegar a las 1000, momento en el que me replantearé si cierro o no esta humilde bitácora. Lo cierto es que nunca tomé la decisión de abrir este rinconcito. Un día quise escribir un comentario en un blog, me lié un poquillo y acabé componiendo el primer post. He sido bastante prolífico. Este año va a acabar con muchas entradas y eso que en los últimos meses apenas he tenido tiempo libre. Y encima he variado el rumbo y ya sólo escribiré textos más o menos largos y no colgaré fotos. Por lo tanto, tango que pensarme muy seriamente tanto el contenido de lo que voy a decir como la estructura. Es por eso que la entrada sobre la “desmemoria histórica“ se está haciendo esperar más de la cuenta.

¿De qué va a ir la entrada número 747? De maldecir el arte neutral, a la manera de Celaya. Y como “La poesía es un arma cargada de futuro“, este texto va a ser poco menos que un vómito. Es muy probable que cometa imprecisiones, que perpetre alguna pequeña injusticia. Todo ello me da igual, me la suda, me la sopla.

Yo creo que el arte neutral por excelencia de nuestros días es el cine. O la ficción audiovisual si lo preferís. Ir a ver una banda de rock, asistir a una función teatral, acudir a una exposición o sacarse el carné de socio de una Biblioteca Pública son actividades que demandan un esfuerzo intelectual por tu parte. Hoy, ir al cine, no lo es tanto. Es como el teatro del XIX para la pequeña aristocracia de aquella época. Entonces se trataba de dejarse ver, hoy se trata de tener temas de conversación. 

Hacer una película cuesta más dinero que escribir un libro o grabar un disco. Por eso, hay tan poco cine en relación a las otras artes. ¿Cuántos discos se publican en un año? ¿Miles? ¿Y cuántos libros? Algo parecido. En cambio, en una ciudad como Madrid se estrenan unas 250 o 300 películas al año. Es decir, si ves 100 películas, te has cascado más del 30% de la producción de ese año. Es muy fácil entender de cine. Te puedes tirar 5 años viendo ese 30% de producción anual, y bucear en la historia. ¿No tienes ni puta idea de la “nouvelle vague“? Fácil, te lees un par de artículos sobre Godard, te ves unas 4 películas de Truffaut, otras tantas de Rohmer y del ínclito Jean Claude y fuera. En 15 días eres un experto.

¿Quieres ser un experto en los Beatles? Bueno, léete un par de artículos sobre los Fab Four, escúchate la discografía completa de los de Liverpool y a ver qué tal. Estoy completamente persuadido de que el que haga eso tendrá que añadir algo más para lograr su objetivo. Tendrá que buscar grabaciones en vivo, porque ya no podrá ir a verlos en concierto. Tendrá que saber qué coño era eso del skiffle y la particular escena de Liverpool de principios de los 60. Quizá incluso deba tener nociones de la explosión del R&R en el Estados Unidos de mediados de los 50 y su conversión al pop. Tampoco estaría mal entender la realidad sociopolítica de la Gran Bretaña de la posguerra. 

La diferencia está en que la “nouvelle vague“ es un movimiento de pijos y para pijos. Y los Beatles, y eso que no son santos de mi devoción, surgen para el pueblo y por el pueblo. Hay más vida en “Love me do“ que en “Al final de la escapada“. Es la misma diferencia del cine moderno con respecto a las otras manifestaciones del arte popular. Hoy es un frío ejercicio de estilo casi siempre sin estilo llevado a cabo por niñatos y niñatas que no tienen nada que decir. Y lo mismo se puede decir de las series de TV. 

Comentarios

Kankoat ha dicho que…
"Hoy es un frío ejercicio de estilo casi siempre sin estilo llevado a cabo por niñatos y niñatas que no tienen nada que decir"

Esta frase me parece antológica.

Quizá el problema es que unos tíos muy cracks ya han dicho todo lo que se podía decir haciendo cine, y sólo les han dejado el estilo.

Y como no tengo nada más que decir, me callo.