miércoles, 31 de diciembre de 2008

61 segundos

No lo entiendo muy bien la razón, pero parece que el último minuto de este agonizante 2008 no durará un minuto, sino un minuto y un segundo. Mi mentalidad simbólica le ha estado buscando un significado oculto a este hecho, una clave que defina el año y el segundo de más con el que nos obsequia.

En lo personal he encontrado muchos argumentos para esa misión. 2008 ha sido un año repleto de acontecimientos para mí, de muchas emociones, a menudo incompatibles, de mucho trabajo y de muy poco tiempo libre. Ese segundo extra de 2008 viene a recordarme que aún tengo compromisos que atender, algo que me ha venido pasando muy a menudo en estos 12 meses.

En lo no personal, 2008 ha mostrado un completo rosario de accidentes, incidentes y sorpresas. Y también ha sido el año del que los libros de texto de nuestros nietos dirán que fue el principio del fin de un sistema económico que nos parecía intocable. También ha sido el año en el que se ha vivido el anticipo de una crisis, quizá la última gran crisis, de ese sistema. Ha sido un año que termina con la franja de Gaza convertida en un moridero ante la pasividad y/o inoperancia de la comunidad internacional, como en los mejores tiempos de la guerra en la ex-Yugoslavia. Y, más alucinante todavía, ha sido el año en el que ha accedido a la Casa Blanca un negro y en el que "El capital" de Marx se ha regalado con un periódico en España. Es normal que 2008 necesite un segundo más de vida, con todo el trabajo que ha acumulado.

Todo esto es bastante plausible y me permitiría terminar la entrada aquí mismo. Lamentablemente, mi mentalidad simbólica es mucho más exigente que antaño y no creo que lo ya expuesto explique o defina 2008 y sus últimos 61 segundos. He pensado y repensado y no me sale nada mejor.

En cambio, buscando una cosa he encontrado otra. Me ha salido una reflexión, sencillita y sin pretensiones, acerca del tiempo humano. He mirado en la wikipedia y he visto que un segundo es "igual a 9.192.631.770 períodos de radiación correspondiente a la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del isótopo133 del átomo de cesio (133Cs), medidos a 0 k". Lo mismo podía haber puesto que un segundo es "igual a 45.985.793.570.184.020 períodos de radiación correspondiente a la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del isótopo 138 del átomo del bario medido a 0,9857958709128759817918745 k". Es decir el tiempo es una convención, nosotros hemos decidido que exista y hemos decidido medirlo con criterios aparentemente arbitrarios. Lo hemos hecho por motivos prácticos, si no pudiéramos dividir el tiempo en unidades, seguiríamos subidos al árbol, como nuestros primos los grandes simios.

Lo que no entiendo es por qué tenemos que darle un significado metáforico y celebrar el paso del tiempo con grandes fiestas, como la que se van a pegar esta noche millones de ciudadanos en todo el mundo.

lunes, 29 de diciembre de 2008

¿Vuelve la izquierda política?


Aún no sabemos si sólo es pura cosmética, pero es evidente que corren tiempos nuevos en la izquierda española. La elección de Toxo como Secretario General de CCOO y la de Cayo Lara como Coordinador de IU ha dado minutos de calidad a sus respectivas organizaciones en la rotación de noticias del último mes de 2008. El tratamiento de la prensa ha sido más bien aséptico y eso que lo de CCOO podría considerarse una sorpresa. En general, de ambos dirigentes se ha destacado su carácter conciliador aunque marcando alguna diferencia, todavía sutil, entre ambos. De Toxo se ha dicho que va seguir la línea del diálogo social de Fidalgo, aunque integrando distintas sensibilidades en su órgano de gobierno. Es decir, el cambio en CCOO ha de leerse en clave interna y poco más. Algo francamente desalentador porque yo no le veo excesivo sentido a un sindicato que no hace mucho más que legitimar las políticas laborales del gobierno de turno. Yo creo que un sindicato tiene que estar a pie de obra, en posición eternamente reivindicativa. No debe “gestionar su responsabilidad“, debe exigir al patrón condiciones más ventajosas para los asalariados. Y, circunstancialmente, reunirse con el gobierno y la patronal con el objeto de acordar un marco de negociación para los convenios colectivos. Tiene que pisar menos moqueta y más asfalto.

Sin embargo, si es verdad que Toxo ha integrado todas las corrientes de opinión, por fuerza deberá haber voces en CCOO que sean más radicales que la política apaciguadora de Fidalgo. Sería deseable, porque la era que vivimos demanda que la izquierda tome cartas en el asunto. No basta con la denuncia, airada o no, de las miserias y contradicciones del capitalismo. Hay que ofrecer soluciones, desde dentro del sistema y, también, desde fuera. En ese sentido, es más esperanzador el cariz de las declaraciones de Cayo Lara recién elegido Coordinador de IU. Habló de la posibilidad de una huelga general, algo que nadie había hecho desde que empezó la crisis. En este país se han hecho huelgas generales por mucho menos, así que la idea de Lara no es del todo descabellada. Más interesante es la filosofía que desprenden esas palabras. Yo las interpreto como el anuncio de que IU va a regresar a la calle, ahora que está al borde de ser una fuerza extra parlamentaria.

De estos últimos acontecimientos extraigo la conclusión de que la izquierda quiere regresar, siquiera de manera tímida, a las barricadas. La actual coyuntura socio económica así lo aconseja. 

A mí me parece que hay que pedir algo más que eso a la izquierda.

No sólo hay que volver a la lucha en lo social, hay que dar el callo en lo político. La izquierda no debe tener miedo a buscar la confrontación ideológica. Y también debe despojarse de su dogmatismo, su gran talón de Aquiles. La izquierda tiene una cosmogonía completa, o debería tenerla, y no la usa. Se limita a hacer reivindicaciones parciales con pequeños grupos o asociaciones. No existe una fuerza política en la que todos los ismos de la izquierda encuentren acomodo. Se suponía que eso iba a ser IU y ahora es un poco más que la marca electoral del PCE.

Llueven piedras, el sistema económico en el que vivimos presenta signos de agotamiento (en el mejor y más improbable caso) y la derecha se ha quedado sin argumentos. Hace 30 años empezaron a decir que había que bajar los impuestos y privatizarlo todo. Hoy no pueden aplicar esa misma fórmula seriamente. No sólo es un momento propicio para la resurrección de la izquierda. Es el momento en el que la izquierda vuelve a ser necesaria.


viernes, 26 de diciembre de 2008

El prólogo

El otro día leí una entrevista en el Rock de Lux a ese tipo de talento sobrevalorado que es Nacho Vegas. Algo tiene, todo hay que decirlo, pero es inferior a su vanidad. Además, no me parece que sea demasiado listo. En esa entrevista decía bastantes tonterías, algunas epatantes y otras realmente profundas. La mayor de todas es la de afirmar que no entiende por qué la música electrónica está diseñada sólo para bailar. La respuesta es tan evidente... Cansados del mesianismo de estrellitas del rock (entre nosotros, a Nacho Vegas le sienta como un guante ese disfraz) muchos ciudadanos buscan música de contenido estrictamente hedonista. El pop (en sentido amplio) no termina de ofrecer un verdadero desafío intelectual y muchas veces viene con la coartada de una falsa estatura artística. Existe música sólo para bailar porque es una necesidad humana, por eso existe desde siempre (valses, pasodobles, jazz primigenio, etc,...). Y porque hay demasiado soplapollas que se cree que por juntar 3 acordes y cantar una melodía sencillita con una letra ramplona ya es Bob Dylan.

Otra cosa que me llama la atención es que si hay una música intelectualizada en la actualidad, esa es la electrónica. Creo que es la disciplina de la que más libros tengo. Casi todos ellos en inglés y casi todos ellos sobre el Tecno de Detroit, un obsesión personal desde que entrevisté al inmenso Derrick May. Es decir, la música que más busca quedarse en la epidermis es la que más provoca reflexiones teñidas de ética artística e, incluso, socio política. 

Quizá la razón por la que la electrónica no haya llegado al primer plano de la comercialidad sea su vocación de resistencia, de confrontación con la jerarquía establecida. La electrónica no ha dejado de ser minoritaria, existen grandes capas de la sociedad que no tienen ni puta idea de qué es la electrónica. ¿Por qué el caso de Nacho Vegas no iba a ser diferente?

En España esa carencia es aún más acusada. Se sabe poco y, lo que se sabe, siempre ha venido del extranjero, revestido de una pátina de respetabilidad. Sin embargo, aquí, en este país, se dieron a finales de los 80 y principios de los 90 tres fenómenos autóctonos y originales que han sido ignorados o, con más frecuencia, despreciados.

El primero es el Balearic Beat, la influencia que ejercieron un puñado de disc–jockeys ibicencos sobre la activa escena británica, la de las raves y la de “Madchester“. Los ingleses la reconocen, pero no en toda su magnitud. Los españoles la consideran una nota al margen. Por lo menos, no la repudian.

Eso es lo que se ha hecho con la Ruta del Bakalao. Una revolución pura, sin intenciones comerciales que arrastró desde el principio una mala fama que nadie quiso matizar. Eran chavales que curraban de lunes a viernes y que sólo buscaban evadirse los fines de semana. Si hubiera habido un Kerouac a lo mejor habría museos donde antes estaban Puzzle o el NOD. Ni se ha escrito una novela ambientada en uno de esos fines de semana enfebrecidos ni una película ni nada. Sólo existe un documental del Plus, con muchas carencias y realizado en la etapa en la que se inicia la decadencia.

Por lo menos, la Ruta del Bakalao atrajo cierta atención de los medios, aunque fuera de un signo negativo. El otro fenómeno que queda no hizo ruido y poca gente se acuerda, o se quiere acordar, de él. En el Madrid de la post–movida surgió un circuito de clubes de electrónica al que podemos considerar el prólogo de la escena actual. Aquel fue un movimiento dinámico, brutalmente moderno y que se desintegró con la irrupción de la heroína fumada en “chinos“. Pero existió, y duró tanto tiempo como había durado la dichosa Movida. Como no era un club de pijos, como sí fue lo de Alaska, Almodóvar y Cía, su recuerdo ha sido sepultado.

He aquí una misión para todos los que quieran aceptarla. Tenemos que investigar estos movimientos, ponerlos en valor. No sé si le interesará a alguien. A mí sí. Y mucho.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Desmemoria histórica


En el último mes he sabido de dos historias. Las personas que me las han contado no se conocen entre sí, ni siquiera son del mismo lugar de España. Tampoco tienen la misma profesión o la misma edad. Ni siquiera estoy seguro que sean de izquierdas. Para lo que voy a contar, poco importa. Voy a tratar de despojar de la mayor parte de contenido político a este texto. Sólo en las siguientes frases voy a dejar clara mi postura. En la Guerra Civil ganaron los malos, los mismos que, primero, quisieron reventar desde dentro el sistema. Y los mismos que condenaron a este país que hemos convenido en llamar España a 40 años de ostracismo y algunos más de prórroga de ese ostracismo. Esta es mi opinión, hoy no tengo por qué extenderme, la pongo aquí para que se sepa de qué pie cojeo. Pero a quien lea este texto le pido que se olvide de esto, lo que voy a escribir aquí debería estar más allá de la contienda ideológica.

La primera historia me la contó mi amigo Klitos. Tuvo lugar en la Guerra Civil, en Villaverde, entonces un pueblo a las afueras de Madrid. Como sabemos ese trozo de España permaneció fiel a la República. Al parecer, los del pueblo mataron a unos cuantos de la CEDA y los metieron en una fosa común cavada a tal efecto. Cuando acabó la guerra y entraron los franquistas, se desenterraron los cuerpos de los de la CEDA y metieron allí a los muertos del PCE, que previamente habían sido pasados por las armas. Esa fosa, 7 décadas después, sigue sin abrirse.

La otra historia me la contó un compañero de trabajo. El tipo es de Málaga y me dice allí hay una especie de pacto de silencio acerca de un hecho conocido como La Gran Desbandada. Su padre jamás quiso hablar de ello. Sólo se sabe que el resultado de La Gran Desbandada es una fosa común con 2000 cadáveres, supuestamente la más grande de España. Mi compañero de trabajo dice que la República dejó a los malacitanos a su suerte cuando la ciudad cayó en manos de los Nacionales. Una gran columna de civiles salió de Malaga y alguien dio una orden...

La Guerra Civil es el acontecimiento más trascedente de nuestro siglo XX. Y todavía tiene un gran influjo. Es posible que sea baladí determinar quiénes eran los buenos y quiénes eran los malos. Saber eso, dictaminar eso, no va a detener el cambio climático, ni nos va sacar de la cultura del consumismo idiota que nos ha metido en la crisis económica actual.  Sin embargo, sería muy bueno que se contaran todas las historias que aún no se han contado. Es cierto que en casi todas las que quedan las víctimas son las del bando que perdió y eso es lo que más pica, ya se sabe, y es la verdad más grande del mundo, que son los ganadores los que escriben la historia. No creo que haya venganza en apelar a la memoria histórica, ni siquiera justicia. Es, simplemente, colmar nuestra necesidad de saber. Es como cuando tu colección de discos está desordenada, te puedes tirar días buscando “Sky blue sky“ y no encontrarlo. Entonces has de comprártelo de nuevo, lo que es una gran putada porque ya te habías gastado la pasta en su momento. Con todo y con eso, no es lo peor. Lo peor es la conciencia de que el no saber, o no saber querer, te ha obligado a andar lo que ya habías andado. 




miércoles, 24 de diciembre de 2008

Otro mini cuento de Navidad


Era todo lo gordo que un Papa Noel de mentira tenía que ser. Su cuerpo yacía reseco junto al portal. Nadie sabía quién era y qué hacía allí. Eso es, por lo menos, lo que los vecinos le dijeron a los policías. Los agentes de la ley tampoco se esforzaron demasiado, “algún mendigo que no pudo pasar la noche“. Llegó el juez, levantó el cadáver y le confió a su secretario, aún novatillo, que “la última noche había sido la más fría del año y que cosas como esta son normales en esta época“.

El joven secretario no se quedó satisfecho de la vaga explicación de su jefe e investigó por su cuenta. Había reparado en un niño de unos 8 ó 9 años que daba vueltas cerca del lugar del crimen escondiéndose de todo el mundo. Cuando se le acercó, el chaval quiso huir. No fue muy lejos. El secretario le pegó un bofetón.

 - ¿Qué sabes de todo esto?
 - Nada
 - Algo sabes, te vienes conmigo a Comisaría.
 - No tengo por qué hacerlo, tengo mis derechos.
 - Está bien, llamaré a la Policía.
 - Bueno, hablaré. Con una condición.
 - ¿Cuál?
 - Confesaré todo en casa de mi padre, en las afueras de Madrid.
 - Vale.

Al llegar a su destino, el niño sacó una pistola. Antes de reventar la tapa de los sesos del desdichado secretario, le dijo:

 - Sí, fui yo. Por mandato de los Reyes Magos. Hay que acabar con la amenaza de Papa Noel. España se rompe.

Las dos últimas frases las dijo a gritos.


lunes, 22 de diciembre de 2008

Declaración de intenciones (para lo que queda de 2008)


Sí, ya sé que es época de hacer planes, de trazar estrategias, de fijar prioridades, aunque para el año que viene, no para los pocos días que restan del corriente. Como yo pretendo cumplir TODO lo que vuelque en esta entrada me he puesto un horizonte tangible. Nada de “en 2009 voy a dejar de fumar“ y el 15 de enero amontonar toneladas de olvido sobre tan nobles propósitos. Los objetivos que hoy pongo negro sobre blanco deberán cumplirse antes de las 12 de la noche del 31 de diciembre de 2008. Dos de ellos tienen relación con esta humilde bitácora.

El 24 de diciembre publicaré mi tradicional mini cuento con el día de Nochebuena como telón de fondo. Como siempre, habrá sangre y asesinatos. De momento, es lo único que puedo anticipar.

El 25 escribiré sobre la desmemoria histórica. Tampoco habrá grandes sorpresas. El que ha haya seguido esta humilde bitácora ya sabrá cuál va a ser el sentido de mis palabras. Eso sí, espero sorprender con el enfoque y, ¿por qué no?, encender un pequeño debate.

Estos dos objetivos no son excesivamente complicados de cumplir. Voy a tener tiempo para pensar y tiempo para escribir. 

Llevo unas horas en Ibiza. Vuelvo a Madrid el sábado. Durante esta semana pretendo descansar y dormir. Quizá incluso me permita el lujo de reflexionar un poco, algo que no he podido hacer demasiado últimamente. Creo que va a ser la solución al estado de ánimo decreciente que me viene golpeando desde mayo de este año. Pasó el tiempo de las decisiones, ahora ha llegado el momento de hacer buenas esas decisiones.

Descansar, escribir y dormir. Tres de las patas de mi actividad los próximos días. La cuarta será expulsar toda la bilis y el resentimiento que los mediocres me han arrojado en la segunda mitad de 2008. Nada mejor para ello que cerrar esta bitácora con una descarga de mala leche. De Verdades como Puños. De Gritos en el Cielo.

Lo que más me jode de la gente que se conduce sin ética es que te obligan a ser moralista, algo desagradable en grado superlativo, por lo menos para mí. Todos conocemos a alguien que dice ser de una manera, que te tira su supuesta superioridad moral a la cara. La gente que es impresionable, como yo, se deja envenenar por esas manifestaciones. Nos creemos que el sujeto en cuestión es incorruptible y que nosotros somos unos miserables obsesionados por detalles sin peso real. Lo primero suele ser mentira y lo segundo, desgraciadamente, suele ser verdad. Por eso, cuando pillas a un Campeón de la Ética en un renuncio te sorprendes. Luego, al ver que el tipo no asume su error y le echa la culpa al empedrado, te cabreas, aunque a ti no te afecte para nada. Ni el renuncio ni la cobardía moral. Es lo que tiene ser impresionable.

Es triste detectar que este esquema se repite con frecuencia. Por eso hay que desconfiar de los que no se les cae la palabra “honestidad“ de la boca. De ellos puedes esperar muchas cosas, pero nunca un camino recto y sin fisuras. Si te los cruzas por la calle, cruza de acera, por las dudas. Y si vas en el metro con alguno, bájate en la siguiente parada, aunque llegues tarde a tu destino. No sólo son hipócritas, normalmente son hipócritas peligrosos.

Mañana día 23 hablaré “del gobierno“, como decían Tip y Coll. O por lo menos de algo divertido, ya veremos.

Stay tuned for more rock and roll.


sábado, 20 de diciembre de 2008

747

Esta entrada hace la número 747. Aún queda más de un pico para llegar a las 1000, momento en el que me replantearé si cierro o no esta humilde bitácora. Lo cierto es que nunca tomé la decisión de abrir este rinconcito. Un día quise escribir un comentario en un blog, me lié un poquillo y acabé componiendo el primer post. He sido bastante prolífico. Este año va a acabar con muchas entradas y eso que en los últimos meses apenas he tenido tiempo libre. Y encima he variado el rumbo y ya sólo escribiré textos más o menos largos y no colgaré fotos. Por lo tanto, tango que pensarme muy seriamente tanto el contenido de lo que voy a decir como la estructura. Es por eso que la entrada sobre la “desmemoria histórica“ se está haciendo esperar más de la cuenta.

¿De qué va a ir la entrada número 747? De maldecir el arte neutral, a la manera de Celaya. Y como “La poesía es un arma cargada de futuro“, este texto va a ser poco menos que un vómito. Es muy probable que cometa imprecisiones, que perpetre alguna pequeña injusticia. Todo ello me da igual, me la suda, me la sopla.

Yo creo que el arte neutral por excelencia de nuestros días es el cine. O la ficción audiovisual si lo preferís. Ir a ver una banda de rock, asistir a una función teatral, acudir a una exposición o sacarse el carné de socio de una Biblioteca Pública son actividades que demandan un esfuerzo intelectual por tu parte. Hoy, ir al cine, no lo es tanto. Es como el teatro del XIX para la pequeña aristocracia de aquella época. Entonces se trataba de dejarse ver, hoy se trata de tener temas de conversación. 

Hacer una película cuesta más dinero que escribir un libro o grabar un disco. Por eso, hay tan poco cine en relación a las otras artes. ¿Cuántos discos se publican en un año? ¿Miles? ¿Y cuántos libros? Algo parecido. En cambio, en una ciudad como Madrid se estrenan unas 250 o 300 películas al año. Es decir, si ves 100 películas, te has cascado más del 30% de la producción de ese año. Es muy fácil entender de cine. Te puedes tirar 5 años viendo ese 30% de producción anual, y bucear en la historia. ¿No tienes ni puta idea de la “nouvelle vague“? Fácil, te lees un par de artículos sobre Godard, te ves unas 4 películas de Truffaut, otras tantas de Rohmer y del ínclito Jean Claude y fuera. En 15 días eres un experto.

¿Quieres ser un experto en los Beatles? Bueno, léete un par de artículos sobre los Fab Four, escúchate la discografía completa de los de Liverpool y a ver qué tal. Estoy completamente persuadido de que el que haga eso tendrá que añadir algo más para lograr su objetivo. Tendrá que buscar grabaciones en vivo, porque ya no podrá ir a verlos en concierto. Tendrá que saber qué coño era eso del skiffle y la particular escena de Liverpool de principios de los 60. Quizá incluso deba tener nociones de la explosión del R&R en el Estados Unidos de mediados de los 50 y su conversión al pop. Tampoco estaría mal entender la realidad sociopolítica de la Gran Bretaña de la posguerra. 

La diferencia está en que la “nouvelle vague“ es un movimiento de pijos y para pijos. Y los Beatles, y eso que no son santos de mi devoción, surgen para el pueblo y por el pueblo. Hay más vida en “Love me do“ que en “Al final de la escapada“. Es la misma diferencia del cine moderno con respecto a las otras manifestaciones del arte popular. Hoy es un frío ejercicio de estilo casi siempre sin estilo llevado a cabo por niñatos y niñatas que no tienen nada que decir. Y lo mismo se puede decir de las series de TV. 

domingo, 14 de diciembre de 2008

Graves carencias

Me imagino que es algo común. Vives casi toda tu vida en un país, y en una ciudad, y desarrollas cierta afección sentimental por él. También, tiendes a despreciar las manifestaciones superficiales de patriotismo y pronto desechas la idea de que lo tuyo es lo mejor. Llega un momento en que piensas que gastas tu existencia en el peor país de la Tierra. Pero no es eso, lo que pasa es que estás muy cerca del sujeto a examinar y pierdes perspectiva. Si tu temperamento es pesimista o crítico tiendes a ver sólo lo negativo. Si tu temperamento es optimista o complaciente tiendes a ver sólo lo positivo. No me reconozco claramente en ninguno de los dos grupos, aunque participo más del primero que del segundo. Ciertamente, esta entrada la escribiría un integrante del primer grupo porque voy a llamar la atención desde esta humilde bitácora sobre dos graves carencias de España como país.

Este es el trozo de tierra del “vivan las caenas“. No esperemos manifestaciones ciudadanas si no es para impedir que un equipo de fútbol baje a segunda división o para pedir abstracciones. Hablamos de un país cuya educación ha estado siempre, y recalco “siempre“, en manos de la Iglesia surgida del Concilio de Trento, la de la Inquisición y la del Índice de Libros Peligrosos. El nivel de intensidad con el que se alecciona a los niños ha variado según las épocas. Lo que ha permanecido inalterable es la política de “tolerancia 0“ para con el arte y la cultura, un campo reservado a las “señoritas“. En este apartado es especialmente sangrante el cerrojazo impuesto a la música.

Creo estar bien informado del hecho de que más allá de los Pirineos existen países donde se les enseña a lo niños a tocar un instrumento. Es el caso de Alemania, el país de la Filosofía y la Música. ¿Cómo es la asignatura de Música en España? Nos hablan de Beethoven, de Bach, de Mozart, de Wagner y de Verdi. A lo mejor de Chopin y, ya si el profe es la hostia de moderno, de Falla. No te explican qué es la música modal. No te hablan de armonías, apenas algo del ritmo del vals y del pasodoble. Te enseñan a tocar el “Cumpleaños feliz“ con una flauta dulce. ¿El resultado? Un país de sordos.

Un país en cuya capital se cierran de un día para otro salas de conciertos. Un país en el que uno de los máximos “entretenedores“ y jefazo máximo de un medio de comunicación quiere hacer un programa de TV al estilo del de Bernstein y no puede. No puede. Un país donde las tiendas de discos se van haciendo cada vez más pequeñas. Un país donde eres un tío raro si tienes más de 100 discos (cuando cumplí 19 años ya había alcanzado de sobra esa cifra, así que sé de lo que hablo). Un país donde la música no es considerada como las demás artes, como la Literatura o la Pintura, y eso que es la más accesible, de largo, de todas.

Un país donde no te pueden gustar, a la vez, Elton John, los Electric Prunes, Kurtis Blow, Alarma!!!, Death Cab For Cutie, Bach, Rocío Jurado, Miles Davis, los Plimsouls, Depeche Mode, 091, Gardel, etc,... Un país donde la música de la que eres seguidor te define, en lugar de definir tú mismo la música con la que gozas. Y esto vale para el indie como para el integrante del mainstream, para el jazzman como para el que va todos los domingos al Auditorio Nacional.

La otra grave carencia que tiene España como país es su desmemoria histórica. No voy a extenderme hoy con este tema. Lo haré en una de las próximas entradas. Sólo quiero advertir que no vale con decir que ya pasó hace mucho tiempo y que los dos bandos de la Guerra Civil cometieron atrocidades. Los alemanes (segunda vez que los cito como ejemplo, no creo que sea casual) ya han experimentado su propia catarsis y han purgado su pasado. Los italianos, también, aunque a su estilo. Nosotros no lo hemos ni intentado. 

Una pregunta que pretende ser esclarecedora. ¿Por qué los que se oponen a mirar al pasado son del mismo grupo ideológico? ¿Conciencia de que es algo que les va a salpicar? ¿Necesidad de mantener en la ignorancia a la población?

lunes, 8 de diciembre de 2008

Ya lo decía yo

En esta entrada elogié dos libros pertenecientes a la "literatura rock" española. Los rescaté del marasmo indecente que forma ese tipo de apuestas editoriales. Bien poco he tardado en encontrarme un nuevo ejemplo que confirma la regla. Y, de paso, uno de los personajes clave del rock español de los 80 ha caído varios puntos en mi consideración.

Me encontré "Limusinas y estrellas: medio siglo de rock 1954-2004" tirado de precio. Y me lo compré porque su autor, Sabino Méndez, me daba cierta confianza. Había leído de él "Corre rocker: crónica personal de los 80" y, en su momento, me había gustado. Esperaba encontrarme una historia del R&R subjetiva, con opiniones irreverentes, y con un cierto nivel de documentación. Las primeras páginas son así, dedicadas a glosar el rock primigenio. Ignora conscientemente a Elvis y a Johnny Cash, me imagino que porque supone que el lector ya sabe bastante de ellos, y se detiene sobre todo en Chuck Berry y Jerry Lee Lewis. A mí me resultó novedosa la premisa que usa Sabino para rastrear el origen del rock. Hace más un análisis semántico, porque a mediados de los 50 se llamaba rock and roll a los frutos de 5 tradiciones distintas y no necesariamente compatibles. Esta parte del libro está muy bien, tiene las suficientes dosis de erudición y distanciamiento crítico como para que te vayas enganchando.

Luego llegan los 60, los 70, los 80,... y la cosa cambia. Sigue siendo muy subjetivo, lo cual a estas alturas de mi vida es sólo una virtud, pero cae en alguna inexactitud y en numerosas lagunas. Cuanto más avanza hacia el presente más se parece a un trabajo escrito para aprobar una asignatura de Periodismo. Da la sensación de estar redactado sin comprobar datos, de memoria. Y lo que es peor, el enfoque, por lo menos para mí, original con el que se enfrenta al rock de los 50 desaparece por completo. Su línea editorial a partir de los 60 es como la de cualquier tipo de su edad y formación. Ni hay datos interesantes ni opiniones controvertidas y argumentadas. Parece un texto escrito en piloto automático.

A estas alturas uno siente la tentación de detener la lectura y olvidarse. Yo no lo hice y me encontré con el mayor despropósito de este libro, la cobertura que Sabino hace de los 90. Aquí los pecados veniales se convierten en mortales porque su discurso desciende a niveles de taberna. Se carga el brit pop con el peregrino argumento de que es un estilo basado en la tradición y que los protagonistas lo negaban con su indiferencia. Esto es falso de toda falsedad. Para desprestigiar al brit pop hay mil y un argumentos. Por ejemplo, la manipulación que hizo del fenómeno la prensa británica, especializada y no especializada, o la desintegración artística de muchos de los grupos y artistas de aquel estilo. Pero de lo que acusa Sabino a los Noel, Liam, Damon (al que por cierto llama Brian o algo así y creo que confunde con Jarvis Cocker) y compañía nada hay de verdad. Precisamente una de las mayores virtudes del brit pop fue reivindicar a los Kinks. Y no sólo con vagas referencias en entrevistas prefabricadas, también con hechos, como tocar muchas veces con Ray Davies.

No estoy de acuerdo con su dictamen sobre el grunge y sobre Kurt Cobain. Su juicio me parece condescendiente, pero no pasa del ámbito de la opinión, lo cual es lo que iba buscando cuando me compré el libro. Donde ya se tira por el barranco definitivamente es en su visión de la música electrónica. Su ignorancia es tan acusada como atrevida. Para él, un DJ es alguien que programa en casa su sesión y luego le da al "play". Si no sabes de algo o no opines o infórmate con un mínimo de rigor.

Hace un año y medio entrevisté a Sabino para un programa de televisión. Tenía que hablarme sobre algunas canciones que están en la memoria de todos los españoles, temas de Serrat y cosas así. Me lo pasé bien, aprendí bastante. Pero sólo fueron 15 minutos, en los que habló de asuntos que él conocía bien. Lo mismo que las primeras páginas del libro. Tuve suerte de que la entrevista no pasara de un cuarto de hora. Algo parecido debería haber ocurrido con el libro.

domingo, 7 de diciembre de 2008

El futuro

La única manera de adelantarse al futuro es crearlo. Puede que sea cierto y puede que sea una frase de esas que se convierten en célebres. La verdad absoluta es que estamos a merced de las cosas que nos van a pasar. Que nuestra capacidad es tan limitada que no podemos influir en nuestro devenir. No digo que esté todo escrito de antemano, sólo afirmo que nos lo escriben. Y quien nos lo escribe es, básicamente, el azar. Sí, sí, el azar. Y aún diría más, las decisiones intrascendentes: aquel día que cogiste el coche en lugar del autobús lo que hace que tengas un percance y tengas que comprarte otro coche, esa copa de más que te permite conocer a alguien que será capital en tu vida, ese paseo sin rumbo en el que ves un letrero de "se alquila" en la casa que ocuparás los siguientes 15 años de tu vida. ¿Cómo saber de antemano que todo eso va a pasar? Es imposible. Por eso, el hombre ha buscado el consuelo de una manifestación ultra terrena porque no quiere ni considerar lo irracional de la existencia y lo poco que influye en ella.

El futuro sí existe. Se dice que no, que es sólo una ensoñación, como lo es el pasado. Que sólo cuenta el "ahora". Si te paras a pensarlo, esto es una soplapollez del tamaño de la Muralla China. Ninguno de esos conceptos es tangible, ni el pasado ni el futuro y mucho menos el presente. Vamos a ver, el presente con el que empecé a escribir esta entrada es pasado ahora. Con ese presente no he podido ni escribir una entrada en esta humilde bitácora. El presente no es ni un segundo. Ni siquiera se puede medir en magnitudes de décimas de segundo. Es más que unas décimas y menos que una unidad. No es tangible, como no lo son ni el pasado ni el futuro. Las tres cosas existen e influyen en nuestra vida. Y todo cuenta. En el presente influyen los futuros presentidos y la interpretación del pasado. En el pasado influyen nuestros futuros deseados (y posibles) y la interpretación del presente. En el futuro influye la interpretación de nuestro pasado y de nuestro presente.

Es domingo por la mañana. Y el futuro que presiento está jugando a las cartas con mi presente y sabe que siempre ganará. ¿Lo haré yo?