Trivial, anécdotico

Estoy en casa. Debería irme a dormir, porque mañana me levanto muy temprano y estoy cansado, aunque no tanto como ayer. La tarde ha basculado entre dos grupos escoceses. En el reproductor de discos compactos está puesto lo último de Mogwai y en el plato, el vinilo correspondiente al debut de Glasvegas. Creo que está por la cara “b“. Voy a pincharlo, me apetece escuchar la épica cotidiana destilada en los surcos de ese álbum, uno de los más brillantes del año.

Suena “Polmont in my mind“ y la quejumbrosa voz del cantante de Glasvegas, James Allan, me proporciona una paz desacomodada, pero placentera. O por lo menos, gozable.

Debería haberme afeitado. Acabo de pasarme la mano por la mejilla derecha y me he hecho cosquillas con los pelos de la barba de más de una semana que gasto. No es que no haya tenido tiempo de afeitarme. Lo he tenido. Tiempo, sí. Ganas, no. Llevo un año más o menos, desde principios de noviembre de 2007, sujeto a una frenética actividad, sobre todo laboral. Estoy tan ocupado que cuando tengo una tarde libre de citas o compromisos, me invento alguna actividad absurda. Podía haber aprovechado para afeitarme, pero mi inercia vital me lo ha impedido.

Suena la intro de “S.A.D. light“. Es suave y un poco naif. Parece una cajita de música.

Me gusta el sol otoñal y me gustan las tardes claras de noviembre. Y eso que siempre van asociadas a los días más cortos del año. Quizá eso es lo que más me atrae. Son tardes breves, la oscuridad va apareciendo en torno a las 6. Y empieza la noche, una noche como la de hoy. Una noche que no me asusta pero de la que no puedo disfrutar. Tengo que dormir, mañana madrugo.

La cara “b“ del primer disco de Glasvegas está terminando. Dentro de unos segundos, la aguja llegará al final de su camino y volverá a la posición de partida.

Las malas rachas no existen. Yo acabo de pasar una y aún no me creo que esté en un momento dulce. Aún así, digo que no existe la mala suerte. Shit happens. Que pasen cosas que son una mierda no tiene nada que ver con la suerte. Tampoco con nuestros merecimientos. Una vida cualquiera está formada por acontecimientos yuxtapuestos. Podemos calificarnos como queramos, esa es nuestra prerrogativa por haber desarrollado un cerebro como el nuestro. Aunque por mucho que nos empeñemos lo único real es que se producen eventos sin una lógica, aparente o no. Ni siquiera es el azar el que rige nuestras existencias. Las causas de lo que acontece se encuentran en la naturaleza y no en una categoría construida por el hombre o por algún ente suprahumano.

Me meo. Voy a echar una caña y a meterme en el sobre. Estoy cansado y no tengo sueño.

Ya no suena el vinilo de Glasvegas.


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