viernes, 28 de noviembre de 2008

Trata de calmarte

Ayer pensé en escribir esta entrada. Lo decidí un instante después de mantener esta conversación con el hombre del espejo, a quien últimamente tengo muy abandonado.

HOMBRE DEL ESPEJO: Tío, relájate. Trata de calmarte. Mira cuánta vulgaridad hay a tu alrededor.

YO MISMO: Ya, pero yo tampoco soy la hostia.

HOMBRE DEL ESPEJO: Lo sé. No te tortures, no eres peor que nadie y eres mejor que muchos.

YO MISMO: Mejor que unos cuantos, en todo caso. No es esa la cuestión. ¿Qué más me da a mí que los otros sean gilipollas? No me vale con ser menos gilipollas que el resto.

HOMBRE DEL ESPEJO: ¿Tu te crees que a los demás les importa ser gilipollas? ¿Tu crees que los demás saben que son gilipollas?

De esta charla saqué varias conclusiones. Mi visión de mí mismo es exageradamente autocrítica, lo que a veces me lleva a ser muy exigente con los demás. Yo también participo de esa cantinela de que "no le pido a los demás nada que no me pida a mí mismo". Seguramente, si rebajo mis estándares, que está visto que no soy capaz de cumplir, seré igual de idiota pero más feliz.

Ya sé que me va a decir el hombre del espejo. "Vas a ser igual de infeliz que ahora. A ti lo que te molesta es la mediocridad. En tu persona y en los demás. Sobre todo en tu persona. Eso no lo vas a cambiar. Te repito lo de ayer. Trata de calmarte, es lo mejor".

Cuando ayer pensé en escribir esta entrada la iba a titular "Mediocridad". Tenía pensado citar los mil y un ejemplos de ineptitud que veo todos los días, todos los putos días. El panoli que se cree que por escuchar un grupo determinado, normalmente mierdoso, ya no es tan panoli. El supuesto profesional que sólo es capaz de aplicar la misma solución a todos los problemas que se le presentan. El político que sólo reparte consignas sin fondo, el periodista que se hace eco, el votante que se lo cree. El blogger que escribe con faltas de ortografía y que está encantado de haberse conocido. El novelista analfabeto que opina en las tertulias radiofónicas. El cineasta paniaguado y sin talento que se queja de que no le hacen caso. El cura que ve en la retirada de un crucifijo una señal del demonio. El economista "neo con" que quiere revisar, a estas alturas del tebeo, a Adam Smith, sin darse cuenta de que esa revisión la hizo en el siglo XIX un tal... Karl Marx. El niño pijo que se cree que por cumplir años deja de ser un niño pijo para convertirse en un empresario. El inútil al que le han puesto de jefe porque no sabe hacer nada. El mecánico ladrón que se permite opinar de todo sin haber abierto un libro en su vida.

Podría seguir así hasta mañana. Y podría poner nombres. Y lo haría si esta entrada la hubiera llamado "Mediocridad". Como se llama "Trata de calmarte" voy a parar aquí. Ahora lo que sería la hostia es que, de verdad, me pudiera calmar.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Temazo

El término "Pop" viene de "Popular". A menudo se le contrapone al concepto de "Música Culta" para resaltar el hecho de que el "Pop" es la música que llega a las masas y que es menos valiosa desde el punto de vista artístico. Este antagonismo es odioso, pero es cierto. No se puede comparar la Novena de Beethoven con un disco, cualesquiera, de "Pop". La complejidad de la obra de Don Luis y su universalidad están fuera de toda duda. En cambio, el Disco Blanco de los Beatles es una colección de cancioncillas, con rasgos melódicos notables, que sólo pueden ser disfrutadas por los miembros de la cultura anglosajona de adscripción judeo cristiana en la que vivimos. El peso en la Novena está puesto en la partitura. En "Helter Skelter", en el sonido y en la interpretación.

Cuando los Beatles sacaron "Yesterday", una melodía intrascendente que a Paul McCartney se le ocurrió supuestamente en sueños, se completó un absurdo proceso de equiparación del "Pop" a la "Música Culta". Una canción de cuna sumada a un arreglito de cuerda escrito por George Martin fue suficiente para que la parte más palurda de la aristocracia le adjudicara al Beatle bobalicón el título de El Nuevo Mozart. De esa época parte la humorada de decir que si Wolfgang Amadeus hubiera vivido en el siglo XX hubiera escrito canciones pop.

Sin embargo, poner en pie de igualdad el "Pop" con la "Música Culta" sólo logra un resultado en las mentes pensantes. Haciendo esta tontería se resaltan las profundas diferencias entre ambas. Y los distintos niveles.

Se intentó hacer lo mismo con el "Pop" que con el "Jazz". La diferencia es que el "Pop" no ha cambiado demasiado desde 1966. Y el "Jazz", en tan sólo 5 décadas, pasó de ser la música de baile de las clases sociales bajas de Nueva Orleans a explorar la Música Modal con el Free Jazz. De hecho, yo me atrevería a decir que si Don Luis hubiera vivido en el siglo XX lo más probable es que hubiera sido músico de Jazz. Dudo mucho que se hubiera dejado seducir por el híper intelectualismo de la Música Contempóranea, por los Stockhausen, La Monte Young y compañía. Y Bach hubiera sido Thelonius Monk, creo que de eso no me cabe casi ninguna duda.

Recuerdo que una vez leí la mejor definición de estética de la que jamás he tenido noticia. El irregular músico argentino Lito Vitale declaró a un periódico español a principios de los 90 que "la música que no te mueve un pelo no sirve". A pesar de lo que estoy vertiendo en esta entrada a mí la música que más pelos me mueve es el "Pop" en sentido amplio. Es decir, desde el Trash Metal de Kreator hasta las delicadas composiciones de The Zombies, pasando por el futurismo optimista del Detroit Techno. No juzgo necesario revestir de respetabilidad canciones sencillas que me llegan, que me emocionan. Canciones que, al sonar en la radio, me causan algún nivel de conmoción.

Este planteamiento tiene otro efecto colateral. La distancia que hay entre todas las canciones de "Pop" en sentido amplio es ínfima, a efectos intelectuales. Por eso, hoy puedo afirmar que "Tenía tanto que darte" de Nena Daconte es la canción del año.

Ahí queda eso.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Trivial, anécdotico

Estoy en casa. Debería irme a dormir, porque mañana me levanto muy temprano y estoy cansado, aunque no tanto como ayer. La tarde ha basculado entre dos grupos escoceses. En el reproductor de discos compactos está puesto lo último de Mogwai y en el plato, el vinilo correspondiente al debut de Glasvegas. Creo que está por la cara “b“. Voy a pincharlo, me apetece escuchar la épica cotidiana destilada en los surcos de ese álbum, uno de los más brillantes del año.

Suena “Polmont in my mind“ y la quejumbrosa voz del cantante de Glasvegas, James Allan, me proporciona una paz desacomodada, pero placentera. O por lo menos, gozable.

Debería haberme afeitado. Acabo de pasarme la mano por la mejilla derecha y me he hecho cosquillas con los pelos de la barba de más de una semana que gasto. No es que no haya tenido tiempo de afeitarme. Lo he tenido. Tiempo, sí. Ganas, no. Llevo un año más o menos, desde principios de noviembre de 2007, sujeto a una frenética actividad, sobre todo laboral. Estoy tan ocupado que cuando tengo una tarde libre de citas o compromisos, me invento alguna actividad absurda. Podía haber aprovechado para afeitarme, pero mi inercia vital me lo ha impedido.

Suena la intro de “S.A.D. light“. Es suave y un poco naif. Parece una cajita de música.

Me gusta el sol otoñal y me gustan las tardes claras de noviembre. Y eso que siempre van asociadas a los días más cortos del año. Quizá eso es lo que más me atrae. Son tardes breves, la oscuridad va apareciendo en torno a las 6. Y empieza la noche, una noche como la de hoy. Una noche que no me asusta pero de la que no puedo disfrutar. Tengo que dormir, mañana madrugo.

La cara “b“ del primer disco de Glasvegas está terminando. Dentro de unos segundos, la aguja llegará al final de su camino y volverá a la posición de partida.

Las malas rachas no existen. Yo acabo de pasar una y aún no me creo que esté en un momento dulce. Aún así, digo que no existe la mala suerte. Shit happens. Que pasen cosas que son una mierda no tiene nada que ver con la suerte. Tampoco con nuestros merecimientos. Una vida cualquiera está formada por acontecimientos yuxtapuestos. Podemos calificarnos como queramos, esa es nuestra prerrogativa por haber desarrollado un cerebro como el nuestro. Aunque por mucho que nos empeñemos lo único real es que se producen eventos sin una lógica, aparente o no. Ni siquiera es el azar el que rige nuestras existencias. Las causas de lo que acontece se encuentran en la naturaleza y no en una categoría construida por el hombre o por algún ente suprahumano.

Me meo. Voy a echar una caña y a meterme en el sobre. Estoy cansado y no tengo sueño.

Ya no suena el vinilo de Glasvegas.


martes, 11 de noviembre de 2008

What if... (II)



¿Qué sería del rock sin la irrupción de la Velvet Undeground?. La respuesta es sencilla, un coñazo.

Y además tenemos una demostración perfecta. El pop español tuvo sus Beatles, (Los Brincos), sus Rolling Stones o sus Who (Los Salvajes) y su Elvis (Miguel Ríos, Bruno Lomas). También tuvo su cuota de psicodelia sinfónica (Triana), su punk (La Banda Trapera del Río), su New Wave (La Movida en general), su tecno pop (Mecano, Video), su escena electrónica (el Bakalao, Paco Pil, Ángel Molina, Óscar Mulero), sus boy bands (D'Nash - CORRECIÓN HECHA POR JOHN CONSTANTINE), su rock and roll revival (Loquillo & Trogloditas), su rock hispano (Tequila), su rock latino (Radio Futura), su movimiento indie (Los Planetas), su power pop comercial (El Canto del Loco) y un largo etcétera.

Pero no hay en la historia del pop español un artefacto comparable al grupo de Lou Reed, Sterling Morrison, Moe Tucker y John Cale. Más allá de que los 4 discos de la Velvet sean pluscuamperfectos, que lo son, no existe una banda que rompa con todo sin querer romper con nada. No existe una banda que buscara belleza en el ruido antes que nadie. Gracias a la Velvet se introdujo el riesgo en el pop, algo inexistente en el mundo de la música en España.

Un rock sin la Velvet sería un rock español. ¿No es deprimente?

domingo, 9 de noviembre de 2008

Miles


Estoy leyéndome la biografía de los Stooges escrita por Jaime Gonzalo. Está muy bien, aunque para mí no se puede comparar a “Adiós tristeza“ la mejor biografía rock escrita en español (por lo menos, que yo haya leído). Gonzalo la ha planteado al estilo de “Mátame. La historia oral del punk“. Es decir, se amontonan declaraciones de los protagonistas a lo largo del tiempo, cual si fuera un libro de historia escrito por Tucídides. Quizá debería haber menos palabras de Iggy Pop y más de Bowie o John Cale, pero gracias a esa sobre abundancia de declaraciones de la Iguana podemos trazar un perfil psicológico del personaje. Inocente hasta al extremo por un lado y, por el otro, una especie de manipulador con complejo de culpa. Otra cosa que no me gusta, y aquí reside la mayor diferencia con respecto a “Adiós tristeza“, es el estilo. Demasiado barrcoco, pisando terrenos del rococó, lo que me distancia un poco de esos textos que el autor, Jaime Gonzalo, intercala en medio de la batería de testimonios de Iggy e alrededores. 

El balance, no obstante, es positivo. Aún no lo he acabado, previsiblemente este fin de semana terminaré con él. Es una lectura muy recomendable, que se levanta muy por encima de esos libros de rastrillo que, habitualmente, componen la biblioteca rock escrita en español. 

Me gusta, sobre todo, lo bien reflejado que está el impacto de los primitivos Stooges, una banda de paletos marginales de Detroit comidos por el R&R. Constantemente se señala que, en la época, los MC5 son mucho mejor considerados que los Stooges. Y hoy, 40 años después, siguen sonando, con más vigencia aún, canciones de los Stooges como “Search and destroy“ o “I wanna be your dog“, mientras que los MC5 no son más que una referencia reservada sólo para iniciados. Leídas ahora, determinadas críticas de los dos primeros discos de los Stooges producen una sensación rara. En el NME fueron largamente despreciados, no se entendió ese sonido, esa actitud, todo ello prólogo del punk. No es fácil detectar una revolución cuando está empezando. Todo esto me ha hecho pensar en El Guincho. Su disco, el celebrado “Alegranza“, me parece una mierda pinchada en un palo. ¿Me estará pasando lo mismo a mí con El Guincho que lo que le pasó al redactor del NME que puso a caer de un burro el “Fun house“ de los Stooges?

No sé, la base de seguidores de los Stooges se empezó a formar con seres marginales (es decir, personas de verdad) y no de periodistas trendy. 

Otra de las cosas que me ha dado esta biografía escrita por Jaime Gonzalo es una certeza. O mejor dicho, la confirmación de una certeza.

Siempre que me preguntan, digo que mi músico favorito es Miles Davis. Al parecer, los Stooges dieron un concierto en Nueva York en 1971 al que asistió toda la intelligentsia de la escena musical de la Gran Manzana. Entre los que fueron a ese bolo se encontraba un tal Miles Davis, que en ese momento estaba cambiándole la cara al jazz, por enésima vez, electrificando, roquificando, su banda. Según se consigna en el libro de Gonzalo, a Miles le encantaron los Stooges, lo que no deja de ser de una coherencia extraordinaria. Él estaba capacitado como ninguno para reconocer el inicio de una revuelta, dado que había sido protagonista, o testigo privilegiado, de unas cuantas.

¿Qué pensaría Miles de El Guincho?


domingo, 2 de noviembre de 2008

"The times they are-a-changin'"

Hace unas semanas me fui con mi padre a un sala de cine de la sierra matritense. Era una tarde pre otoñal, con un sol que no picaba y un ambiente seco, pero agradable. Fuimos a ver un película de mierda, "Asesinato justo", protagonizada por unos Al Pacino y Robert de Niro en piloto automático, dejados a la intemperie por mor de un guión de suspense sin suspense. La tarde no tuvo nada de particular, si no fuera porque a mí me dio por pensar.

Como todos sabéis, antes de cada pase, en casi todos los cines del mundo, se suelen proyectar unos anuncios y unos trailers. En el pasado, en España, se podía ver el NO-DO, que ponía "el mundo entero al alcance de todos los españoles". Yo no llegué a ver ningún NO-DO, creo, y si vi alguno, no me acuerdo en absoluto. Puede que ese sea el primer cambio operado en nuestra sociedad. La gente ya no va al cine a informarse y entetenerse. Pero fue hace mucho tiempo, no voy a considerar en este texto esa mutación.

En esa sala de un multicine de Villalba vi un anucio de una casa de putas. Lo juro, era una casa de putas. Hablaba de ambiente selecto, total discrección, etc,... A lo mejor era más un picadero que un lupanar. Para el caso, da lo mismo. El Capitalismo, ya en su fase de desintegración, permite estos excesos.

También metieron un anuncio de una marca de telefonía móvil instándonos a apagar nuestro celular. Hace una década, más o menos, el móvil no formaba parte del paisaje y hoy hasta los niños de 10 años tienen uno. Para los que hemos llegado a la treintena sin este accesorio, sigue siendo un cuerpo extraño. Yo, por ejemplo, no me acostumbro a que mi número de móvil lo sea hasta que me muera. Me da vértigo.

Otro de los avisos que proyectaron fue el de un ciclo de óperas retransmitidas en directo para esos multicines. ¿Ópera y cine?. ¿Qué pensarán los puristas de la ópera? ¿Irán a ver "Aida" las familias de clase media alta y de nivel cultural medio bajo? Mmmm, será que ya no hay puristas y que todo se banaliza.

También anunciaron una historieta llamada Cinegames que no es otra cosa que jugar en una sala de cine a tu videojuego favorito. No se me podrá negar que esto, hasta hace bien poco, era impensable. Como lo de la ópera, será otro experimento fallido. Vivimos una era en la que hay demasiadas "buenas ideas" que no se llevan bien a la práctica.

En menos de cinco minutos me vino todo este caudal de información, esa es otra diferencia con el tiempo lento de hace 20 años. Y me vino en una sala de cine, algo que no tiene nada que ver con lo que era en, por ejemplo, los 80. Ya no hay sesión continua, por ejemplo, y cuando vas al cine, lo más normal es que en el mismo recinto haya varias pantallas con varias opciones disponibles y que estés muy cerca de unos cuantos establecimientos de restauración.

El negocio del cine ha evolucionado. Se ha adaptado a los nuevos tiempos, con mayor o menor fortuna. No podemos decir lo mismo del de la música.

BOB DYLAN - The times they are-a-changin' (1964)

sábado, 1 de noviembre de 2008

Periodistas

Lo reconozco.

Soy más tolerante con las mezquindades de los de mi gremio que con las de los demás. Se le puede llamar corporativismo, pero es más bien otra cosa. Es muy fácil meterse con los periodistas, es un trabajo que cualquier mindundi se cree que puede hacer, cuando la realidad es bien distinta. Pero como yo no soy un mindundi y, además, soy periodista, puedo ajustarnos las cuentas con conocimiento de causa (y con un cierto placer).

Vamos por partes, como Jack.

Los redactores de televisión

Pobres, son la última mierda. Cuando al cámara le da la gana, se rueda, y siempre como él quiere. Normalmente, si va un ayudante de realización se sigue haciendo lo que quiere el cámara. Lo que pasa es que al ayudante de realización se la suda y el redactor se empeña en decir cosas como "dame un poco de aire a la izquierda" o "quiero movimiento". Lo de hacer preguntas que huyan del tópico lo dejamos para cuando nos jubilemos.

Los locutores de radio

Suelen ser periodistas que escriben mal. Sienten envidia por los que curran en la tele y no honran a su medio. No pisan la calle, abusan del teléfono, se empeñan en hacer sus horarios y hacen pasillos como los mejores. Ya no leen periódicos, ni siquiera teletipos. Navegan por la red y terminan dando todos las mismas noticias. Por lo general, gilipolleces.

Los fenomenales compañeros de la prensa escrita

Me he cansado de verles en las Ruedas de Prensa, haciendo dibujitos y pendientes del cóctel. Supuestamente, son los que mejor escriben, aunque no lo tengo muy claro. Me da la sensación de que su trabajo es el más facilito. Me lo dijo uno de ellos: "Yo sólo necesito una libreta y un boli; tú, un operador de cámara, una cámara, un sonidista y a veces un ayudante de realización".

Los tertulianos y/o columnistas

Gente que opina de todo sin saber de nada. Analfabetos funcionales. La peor especie de periodistas, de hecho, yo no creo que lo sean. En este mundo en que vivimos no existe la prudencia, todos hablan y dan su parecer sobre las cosas. Es lógico que existan tertulianos y/o columnistas.