En defensa de Javier Aguirre

Nuestra era será recordada por los eventos que están teniendo lugar en este momento en el mundo. La caída de las bolsas, el cuestionamiento del Capitalismo, la crisis financiera global. La fuente y el caudal de esta explosión se encuentra en la modificación traumática del guión de la obra. Una de las cosas que más perplejidad me han causado en los últimos tiempos es la confusión acerca de quién era el bueno y quién el malo y, sobre todo, la imposibilidad de saber cuál era el verdadero conflicto. En definitiva, nada era lo que parecía. A las derechas del mundo se les llenaba la boca hablando de libertad, cuando en realidad reclamaban una libertad basta, sin pulir. Una libertad que les servía para hacerse más ricos. “¿No puedo pagar lo que me salga de los cojones a mis empleados?, pero si encima les doy trabajo“.

Los personajes de la película también sufrieron enormes modificaciones. La indefinición, traducida para ser más aceptable en sutileza, hacía que los buenos hicieran cosas malas. Ahí tenemos el papel de los sindicatos en estos últimos 15 años. ¿Y cuando no hay ni héroes ni villanos, qué pasa con los antihéroes? La respuesta es muyyyyy simple. Desaparecen. No salen ni en los créditos, nadie se preocupa por hacerles sitio en el reparto. Y si lo hacen, les dan un cometido ignominioso, ser los perdedores, una veces “beautiful losers“ y otras, simples bufones. Una característica del antihéroe es que no quiere ganar, por lo menos no a toda costa. Le interesa más un beso en un portal, un turbio ron a las 4 de la mañana o una sonrisa en el momento exacto. No hay sitio para locos como esos, son peligrosos, hacen una enmienda a la totalidad de nuestro sistema de valores. Y ni siquiera sabemos por qué.

El Atleti era el ejemplo perfecto de Antihéroe. Por eso, sólo queda de él un recuerdo agridulce.

Los 90 y su sentencia Bosman hirieron de muerte al Atleti. De pronto, el dinero de las televisiones y la libertad absoluta de contratación consiguieron que equipos de pueblo, literalmente equipos de pueblo, pudieran codearse con las élites futbolísticas. Como un último canto del cisne, se consiguió el glorioso doblete del 96. El enfermo se levantó de la cama e hizo un último esfuerzo antes de empeorar. Recordemos que antes de ganar la Liga y la Copa del 96, el Atleti ya había coqueteado muy seriamente con el descenso. La suerte estaba echada con la contratación de Sacchi primero y Rainieri después. Hacia febrero de 2000, el enfermo entró en metástasis y murió poco después, con el descenso a Segunda. El equipo que se presentó en septiembre de 2000, entrenado por un tal Zambrano y patrocinado por la cadena de supermercados Idea, ya no tenía nada que ver con la escuadra imprevisible de la que nos enamoramos. Ya no era capaz de lo mejor y de lo peor, sólo lo era de lo peor, de lo más ridículo, de lo más patético.

Desde la Muerte del Atleti, sólo bajo la égida de Aguirre ese equipo que juega en el Calderón se ha parecido al Atleti. Dotado para meterle 4 al Barça en abril y palmar 6-1 con el mismo equipo en octubre.

No es un entrenador de mi agrado. Creo que su gran virtud no es futbolística sino humana. Me cae bien, es honesto, hace autocrítica y quizá sea eso lo que le ha permitido llevar a ese equipo que juega en el Calderón a la Champions. Yo preferiría, por cercanía a su concepto de fútbol, a ese licenciado en Filosofía que es Víctor Fernández. Dentro de unas horas ese equipo que juega en el Calderón se enfrenta a uno de esos equipos de pueblo de los que hablaba antes. Si pierde, Aguirre estará en dificultades serias. Por eso, antes de que ocurra, yo, desde esta humilde bitácora quiero defenderle. Porque es de bien nacido ser agradecido. Y porque, quién sabe, a lo mejor ha vuelto a sonar la hora del Antihéroe.

Comentarios

Pablo Gamo ha dicho que…
A mí no me gusta Aguirre por populista(demasiado humano), pero es cierto que a pesar de los altibajos ha conseguido volver a parecer un equipo serio.

Respecto a lo de Víctor Fernández amigo Vencido si recala alguna vez en el Calderón sopesaré abandonar. Sólo Juande Ramos me parece peor opción.

Un saludo
Miguel Á. Bargueño ha dicho que…
El Atleti del que nos enamoramos, como bien dices, era capaz de lo mejor y de lo peor, pero salía siempre con la mente puesta en derrotar al rival, a cualquier rival. Luego podía pasar cualquier cosa, pero tenía mentalidad de ganador. Yo creo que eso sólo lo podemos recuperar con jugadores y técnico que posean esa mentalidad. (De cagarla después ya se encarga la propia idiosincrasia de este club.)

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