La sonrisa de una vieja

En el portal de la redacción de la revista me acaba de sonreír una vieja. Ella salía y yo entraba. Creía que se iba a asustar, como siempre pasaba cuando llevaba pelo largo. Pero no. Me ha sonreído, yo he dejado que saliera con otra sonrisa y he entrado. Mientras subía las escaleras he pensado en escribir esta entrada.

Sólo quería consignar que, una de dos:

1. Estoy tan salido que si me sonríe una vieja ya me pongo cachondín.

2. Soy tan delicado y sensible que la sonrisa de una vieja me permite subir las escaleras con mayor entusiasmo.

Claro que también existe otra tercera opción, ahora que lo pienso. Estoy tan seco de ideas que hasta la sonrisa de una vieja me sirve para escribir en esta humilde bitácora. Esta va a ser.

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