El verbo "echar"

Ayer releí, un vicio camuflado de virtud, la última entrada. Me di cuenta cuando lo hice que había repetido hasta 4 veces el verbo "echar" en el primer párrafo. Y lo más curioso es que lo usé con 3 significados distintos. "Echar" como "introducir moneda", "echar" como "jugar una partida" y "ser echado" como "perder el derecho a seguir en la mesa". Al principio pensé en editar el texto, cosa que hago con menos frecuencia de la que debería. Me gusta cuidarlos porque yo estoy en ellos completo y verdadero. En esta humilde bitácora se pueden encontrar todas las claves de lo que ha sido mi vida en los últimos 4 años. Para desentrañarlas adecuadamente hay que tener todas las claves. O sea, el único que puede hacerlo soy yo.

No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que esto de escribir aquí es una enorme paja, un vehículo para el lucimiento de mi ego. ¿Hay algo malo en ello? El que se acerca a este rincón no invierte otra cosa que su propio tiempo. Yo no le pongo una pistola para que entre en "Menosprecio...". Y soy sincero, asquerosamente sincero, innecesariamente sincero. Tendréis que reconocer que no siempre, como es mi caso, se practica el exhibicionismo hasta el final. De hecho, cuando se hace así, ya no es exhibicionismo narcisista. Yo diría que es terapia.

No voy a tocar las redundancias del verbo "echar". Yo creo que no quedan mal pero no dejo de corregirlas por eso. En esos usos repetidos del verbo "echar" hay una parte de mi, aunque no sea capaz de decir cuál.

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