¿He vuelto al gin tonic?

Pues no lo sé. Quizá.

Ayer quedé con Merx en los aledaños de Lavapiés, su barrio. Fue una tarde agradable y divertida en la que recordamos los años de trabajo que compartimos en la redacción de 40tv. Hay un periodo en esos 6 años y medio que me pasé currando como un cabrón en esa empresa que recuerdo con cariño. Nos dejábamos media vida en la planta 12 de el edificio de la Torre Picasso, es cierto. Pero aprendí mucho sobre mi profesión y sobre mí mismo. Y conocí a algunos de los mejores periodistas musicales de este país, según mi subjetivísimo criterio.

En esas estábamos cuando Merx y yo decidimos tomarnos una última caña. Ella sugirió la cafetería de la Filmoteca, por aquello del aire acondicionado, y yo accedí. Ese sitio está muy lejos de ser mi bar favorito, además de que no me gusta nada la tropa que se deja caer por ahí. "Solo va a ser una caña", pensé y por eso dije que sí.

Y entonces ocurrió.

Vi una tónica en una de las mesas. Con su rodajita de limón.

No tuve más hostias que pedirme un gin tonic. Ni una caña, ni un Santa Teresa. Un delicioso Gin Tonic.

Hacía mucho que no me tomaba uno y lo saboreé a conciencia. Me acordé de las razones por la que me gustaba tanto. No empalaga, tiene un sabor recio y sienta mejor al estómago que cualquier combinado con la Bebida del Imperio.

Creo que voy a volver.



La bebida de los que saben.

Comentarios

Elmusicodigital ha dicho que…
Eres un sabio. Ya estabas tardando a pasarte al gyn tonic...