"El costo de agosto"

Durante mucho tiempo mi mes favorito era agosto. Yo creo que venía siendo así desde 1987, año en el que por segunda vez en mi vida experimenté el "ferragosto matritense" en toda su plenitud. Aquel mes me lo tiré jugando al billar todas las noches en el Pub Taxi. Llegaba a eso de las 7 de la tarde, me apuntaba en la pizarra, echaba 20 duros cuando llegaba mi turno y no me echaban de la mesa hasta bien entrada la madrugada. El único que podía ganarme era el Surnie, un tío de veintipocos años que ya estaba casado y con un hijo. Cuando él llegaba, a eso de las 10 de la noche, echábamos una partida. A veces ganaba él y a veces ganaba yo, pero fuera cual fuera el resultado, jugábamos a pachas hasta que nos echaran. Normalmente eran El Tato o El Luis, que llegaban a la 1 de la mañana, y que eran los mejores. Solo el Surnie y yo podíamos ganarles.

En ese mes de agosto de 1987 tuvo lugar el día en el que más me he reido de toda mi vida. Fue una tarde rara, en la que El Chino (le llamábamos así pero era cubano), El David y yo fuimos al Roto a pillar "costo de agosto". Nos fumamos el primer peta con el camello, sentados en el césped. Hablamos de que Reagan ya no podría ser reelegido y de los Hare Krishna. A propósito de esto último El Chino y El David se enzarzaron en una discusión acerca de ellos y de la seriedad filosófica de su propuesta. El David decía que se ponían hasta las trancas y El Chino argumentaba que no, que eran naturistas o algo parecido. Se cabrearon un huevo y no se hablaron hasta que llegamos al Pub Taxi. La cosa empeoró cuando El David perdió el resto de la postura de 100 duros que habíamos pillado. Se gritaron mucho mientras yo ganaba sin cesar partidas de billar a chavalitos que no sabían ni coger el taco. De pronto, El Chino hizo una figurita con el humo del último peta que nos quedaba. Eso fue como un pistoeltazo de salida. Nos descojonamos ruidosamente. Y, a partir de ahí, nos meamos de risa de cualquier cosa que pasara. Sobre todo, nos reimos de los pardillos a los que iba pasando por la piedra en la mesa de billar. Lo hacíamos en sus putas caras, lo que lo hacía aun más cómico. Por fin, El Chino y El David se fueron, quizá a volver a pillar o a buscar la postura perdida, ya no lo recuerdo. Y yo me quedé ganando y ganando partidas. Esa noche llegó El Luis a la 1 y media de la mañana, como siempre. Y le gané en dos entradas, dejándole todas las bolas encima de la mesa.

Fue un gran mes. Yo lo recuerdo con el sobrenombre de "el costo de agosto".

Hoy mi mes favorito no es el de agosto. Es todo lo contrario. Y lo es por muchas razones. En esta entrada solo voy a consignar una de ellas, quizá la que mayor carga simbólica tiene y la que mejor lo resume todo. En 2008 el Pub Taxi sigue existiendo. Está casi como entonces. Pero ya no hay una mesa de billar.

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