Borrador de entrada

Esta entrada iba a ir de hipocresía. De la de la sociedad en su conjunto y de la mía propia. Iba a ir de vanidad. De la ajena y de la propia. La he estado rumiando todo este día pero no me se me ocurrían más que improperios y salidas de tono. También quería hablar de mediocridad, aunque solo de la ajena (ya dije que soy vanidoso). Ahora, sentado frente a la minúscula pantalla del desvencijado PC de mi viejo, no me apetece demsiado. Es cierto que algún día, y será pronto, saldaré estas cuentas. Habrá que esperar, por lo tanto.

Esta entrada podría haber ido de un acontecimiento histórico. Hoy le he comprado a uno de mis mejores amigos un taco de billar. El jueves fue su cumpleaños y el regalo ha consistido en que los dos nos hiciéramos cada uno con ese instrumento tan noble para poder jugar, el uno contra el otro, a nuestro pasatiempo favorito. El mío es precioso, tiene como unas llamitas en el mango y un tacto acojonante. He metido bolas casi sin mirar. Y la funda que nos hemos pillado lleva la firma de mi jugador favorito de snooker, el extravagante Ronnie O'Sullivan.

Esta entrada, lamentablemente, va a ir de lo mismo que muchas otras. De mi sensación de desarraigo, de mi búsqueda de un centro de gravedad permanente, de mi confusión extrema. Hoy me le he levantado de una siesta larga y he notado una cosa muy rara. Me ha sorprendido que, durante unos segundos, me la ha sudado todo un huevo. Me imagino que eso es una "sensación de vacío", como dicen los cursis. Ha ido pasando la tarde, que ha caido con levedad, sin estridencias. Y todo aquello se ha ido diluyendo. Me inclino a pensar que la respuesta tiene que ver con lo de siempre, con eso de vivir. Una costumbre a veces molesta, a veces caprichosa, a veces necesaria y, casi siempre, incomprensible. ¿Será que por primera vez, a mis 38 años, estoy viviendo una experiencia vital completa?

Creo que muchas de las cosas que he puesto en esta entrada las pensé ayer a eso de las 5 de la mañana, cuando recorrí los 100 metros que van del portal de Marta a mi casa. Aunque ni siquiera de eso estoy muy seguro.

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