domingo, 31 de agosto de 2008

"El costo de agosto"

Durante mucho tiempo mi mes favorito era agosto. Yo creo que venía siendo así desde 1987, año en el que por segunda vez en mi vida experimenté el "ferragosto matritense" en toda su plenitud. Aquel mes me lo tiré jugando al billar todas las noches en el Pub Taxi. Llegaba a eso de las 7 de la tarde, me apuntaba en la pizarra, echaba 20 duros cuando llegaba mi turno y no me echaban de la mesa hasta bien entrada la madrugada. El único que podía ganarme era el Surnie, un tío de veintipocos años que ya estaba casado y con un hijo. Cuando él llegaba, a eso de las 10 de la noche, echábamos una partida. A veces ganaba él y a veces ganaba yo, pero fuera cual fuera el resultado, jugábamos a pachas hasta que nos echaran. Normalmente eran El Tato o El Luis, que llegaban a la 1 de la mañana, y que eran los mejores. Solo el Surnie y yo podíamos ganarles.

En ese mes de agosto de 1987 tuvo lugar el día en el que más me he reido de toda mi vida. Fue una tarde rara, en la que El Chino (le llamábamos así pero era cubano), El David y yo fuimos al Roto a pillar "costo de agosto". Nos fumamos el primer peta con el camello, sentados en el césped. Hablamos de que Reagan ya no podría ser reelegido y de los Hare Krishna. A propósito de esto último El Chino y El David se enzarzaron en una discusión acerca de ellos y de la seriedad filosófica de su propuesta. El David decía que se ponían hasta las trancas y El Chino argumentaba que no, que eran naturistas o algo parecido. Se cabrearon un huevo y no se hablaron hasta que llegamos al Pub Taxi. La cosa empeoró cuando El David perdió el resto de la postura de 100 duros que habíamos pillado. Se gritaron mucho mientras yo ganaba sin cesar partidas de billar a chavalitos que no sabían ni coger el taco. De pronto, El Chino hizo una figurita con el humo del último peta que nos quedaba. Eso fue como un pistoeltazo de salida. Nos descojonamos ruidosamente. Y, a partir de ahí, nos meamos de risa de cualquier cosa que pasara. Sobre todo, nos reimos de los pardillos a los que iba pasando por la piedra en la mesa de billar. Lo hacíamos en sus putas caras, lo que lo hacía aun más cómico. Por fin, El Chino y El David se fueron, quizá a volver a pillar o a buscar la postura perdida, ya no lo recuerdo. Y yo me quedé ganando y ganando partidas. Esa noche llegó El Luis a la 1 y media de la mañana, como siempre. Y le gané en dos entradas, dejándole todas las bolas encima de la mesa.

Fue un gran mes. Yo lo recuerdo con el sobrenombre de "el costo de agosto".

Hoy mi mes favorito no es el de agosto. Es todo lo contrario. Y lo es por muchas razones. En esta entrada solo voy a consignar una de ellas, quizá la que mayor carga simbólica tiene y la que mejor lo resume todo. En 2008 el Pub Taxi sigue existiendo. Está casi como entonces. Pero ya no hay una mesa de billar.

sábado, 30 de agosto de 2008

Borrador de entrada

Esta entrada iba a ir de hipocresía. De la de la sociedad en su conjunto y de la mía propia. Iba a ir de vanidad. De la ajena y de la propia. La he estado rumiando todo este día pero no me se me ocurrían más que improperios y salidas de tono. También quería hablar de mediocridad, aunque solo de la ajena (ya dije que soy vanidoso). Ahora, sentado frente a la minúscula pantalla del desvencijado PC de mi viejo, no me apetece demsiado. Es cierto que algún día, y será pronto, saldaré estas cuentas. Habrá que esperar, por lo tanto.

Esta entrada podría haber ido de un acontecimiento histórico. Hoy le he comprado a uno de mis mejores amigos un taco de billar. El jueves fue su cumpleaños y el regalo ha consistido en que los dos nos hiciéramos cada uno con ese instrumento tan noble para poder jugar, el uno contra el otro, a nuestro pasatiempo favorito. El mío es precioso, tiene como unas llamitas en el mango y un tacto acojonante. He metido bolas casi sin mirar. Y la funda que nos hemos pillado lleva la firma de mi jugador favorito de snooker, el extravagante Ronnie O'Sullivan.

Esta entrada, lamentablemente, va a ir de lo mismo que muchas otras. De mi sensación de desarraigo, de mi búsqueda de un centro de gravedad permanente, de mi confusión extrema. Hoy me le he levantado de una siesta larga y he notado una cosa muy rara. Me ha sorprendido que, durante unos segundos, me la ha sudado todo un huevo. Me imagino que eso es una "sensación de vacío", como dicen los cursis. Ha ido pasando la tarde, que ha caido con levedad, sin estridencias. Y todo aquello se ha ido diluyendo. Me inclino a pensar que la respuesta tiene que ver con lo de siempre, con eso de vivir. Una costumbre a veces molesta, a veces caprichosa, a veces necesaria y, casi siempre, incomprensible. ¿Será que por primera vez, a mis 38 años, estoy viviendo una experiencia vital completa?

Creo que muchas de las cosas que he puesto en esta entrada las pensé ayer a eso de las 5 de la mañana, cuando recorrí los 100 metros que van del portal de Marta a mi casa. Aunque ni siquiera de eso estoy muy seguro.

viernes, 29 de agosto de 2008

El entretenedor

Llevo varias días flipando con "Live at The Sands", un disco en directo de Sinatra. Mejor dicho, "el" disco de Sinatra. ¿Hay algo más perfecto que Sinatra arropado por la Orquesta de Count Basie cantando un repertorio de "standards" en un Hotel de Las Vegas? No lo creo, no se me ocurre.

En ese disco está todo Sinatra. El romántico, "I've got you under my skin" o "The shadow of your smile", el borracho impenitente, "One for my baby", el minucioso practicante de Swing, "Fly me to the moon" o "My kind of town",... También aparece el canalla amigo de sus amigos en los impagabales comentarios entre canción y canción. Bastante cómicas sus impresiones sobre los hábitos alcohólicos de Dean Martin y la faceta televisiva de Sammy Davis Jr. Hace incluso imitaciones, como una muy divertida de Joe Louis y otra de su padre. Filosofa sobre el paso del tiempo, "mi cuerpo puede que tenga 50 años pero yo tengo 28", y sobre la vida en general, "sentimos pena por la gente que no bebe porque cuando se levantan por la mañana ya no se van a sentir mejor el resto del día".

Pero, por encima de todo, está el entretenedor, ese tipo de artista, (¿lo que sería un cómico?), que pide disculpas por las obras del hotel y a continuación te deja sin aliento con un vibrante "You make me feel so young". Es decir, alguien que lo mismo anuncia el resultado de una rifa que canta una canción a petición del público. Eso que se cargó el maldito mesianismo del rock y el culto absurdo de la prensa musical al pop y al rock.

El futuro de la música está en el pasado, como bien saben los dj's, los entretenedores de nuestro tiempo.


Dos colosos.


domingo, 24 de agosto de 2008

Espíritu de lucha

2008 está siendo el año más difícil de toda mi vida. Miro a mi alrededor y me invade la sensación de que todo el mundo que conozco tiene menos dificultades que yo. O, por lo menos, pueden contar con más gente para afrontar los problemas. En mi caso estoy yo solo, nadie más puede echarme un cable en casi nada. Ni en lo nimio (poner una lavadora), ni en lo importante (que mi padre sea feliz, que mi vida laboral se asiente un poco).

Quizá por eso gran parte de las 115 entradas (116 si contamos esta) que llevo escritas en este 2008 tienen que ver con apelar a un cierto de espíritu de lucha. Haciendo balance he encontrado estas 15, en las que esa característica se ve más claramente.

"Contra el viento"

"Desarraigo"

"Pregúntale al polvo"

"El halago debilita, el insulto lesiona"

"Conversación con un "amigo"

"Reiniciar"

"Un día de mierda/Un buen día"

"Finales felices (el chico se tiene que ir con la chica)"

"De reclinatorio (III). "Luna de Avellaneda"

"Por qué soy del Atleti"

"38 y subiendo"

"Nota a mí mismo"

"El verdadero optimismo"

"Quiero ser como una canción de AOR de los 80"

"Todo es de coló"



A por el KO.

sábado, 23 de agosto de 2008

Bola 9

El jueves por la tarde vi uno de mis futuros posibles. Yo soy de la opinión de que en cualquier momento puede cambiar tu vida de manera radical y que siempre hay varios caminos susceptibles de ser tomados. Por ejemplo, yo podría estar, ahora mismo, viviendo en Buenos Aires. Y no tendría esta humilde bitácora y muchos de los que ahora son mis amigos serían perfectos desconocidos para mí.

Ocurrió jugando al billar en Gran Match. Iba perdiendo con Marco al Bola 8, el billar americano de toda la vida, cuando se me ocurrió una idea genial. Llevaba tiempo pensando en probar cómo sería medir mis fuerzas al Bola 9, al que juegan Paul Newman y Tom Cruise en "El color del dinero". A pesar de seguir perdiendo un rato más, una mala tarde siempre es una mala tarde, me divertí muchísimo. Es un juego donde no valen estrategias, hay que meter todas las bolas y dejarse de tonterías. Como se juega solo con las lisas más la bola 9, la mesa está siempre muy abierta y terminas metiendo mucho. Además, hay que tener nervios templados porque si fallas, el otro te vacía la mesa en un santiamén. Al final, equilibré un poco las cosas y gané varias partidas seguidas.

Puedo imaginarme perdiendo hasta la camisa con el Bola 9. Jugando por pasta todos los días y obviando todos mis demás vicios y hobbies. Puede ocurrir muy fácilmente.

La otra cosa destacable que ocurrió la tarde del jueves fue algo que me dio ascopena. Un sujeto se acercó a hacer comentarios de nuestras jugadas, molestándonos de manera clara. Cuando le mostramos nuestra incomodidad, el tío, ni corto ni perezoso, elogió nuestro juego peloteándonos cobardemente. Y nos dijo que fuéramos al Capitán, un club de billar sito en la calle Duque de Pastrana, donde según sus propias palabras "el nivel es altísimo, de billar, de tías, de todo...". No estaba borracho y jugaba como el culo.

Una cosa es segura, por mucho que caiga despeñado por la colina de la adicción al Bola 9 nunca acabaré siendo tan soplagaitas como ese tipo.




Mi vicio.


jueves, 21 de agosto de 2008

Falto de autoridad

No sé que me pasa últimamente. (Esto de citar involuntariamente a Un Pingüino en mi Ascensor no puede ser bueno aunque esta entrada no va de esto)

Hablo y hablo sin parar, como he hecho siempre. Me imagino que seguiré así hasta que me muera, no puedo evitarlo. La novedad consiste en que me noto sin ningún tipo de autoridad cuando expreso mis puntos de vista. Como está ampliamente documentado en esta humilde bitácora me lo tengo muy creído. ¿Por qué ahora, de repente, me entran melindres y creo que estoy diciendo gilipolleces a todas horas? Sí, ya sé que antes pasaba lo mismo, las gilipolleces que decía son análogas a las que digo ahora. Yo pensaba que eran pedazos de sabiduría y templanza que repartía alegremente por el mundo...

De todas maneras, me da igual. Diga o no diga gilipolleces, lo importante es transmitir la sensación de que sabes de que estás hablando (aunque no tengas ni puta idea). Yo solía ser bastante máquina en eso. Ahora, que pontifico sin autoridad, se me va a hacer más complicado.



Un hombre con autoridad:
Ira Kaplan de Yo La Tengo.


martes, 19 de agosto de 2008

Una canción para una tarde de verano

Te acabas de levantar de la siesta. Estás en paz contigo mismo. Incluso te apetece interactuar con tu entorno, con la gente que te rodea, con el que te odia, con el que te quiere, con el que le resultas indiferente.

Te pegas una ducha rápida. Miras por la ventana, pero aun pesa el sol. Enciendes el ventilador y abres la novela que estás leyendo desde hace unos días.

No tienes prisa. No suena el teléfono. Estás a solas contigo mismo.

Y entonces pones en tu equipo de alta fidelidad a Ella Fitzgerald y Louis Armstrong cantando "Summertime".

Termina de sonar la canción. Notas cierta tristeza en tu interior. El momento perfecto se ha esfumado. Con eso se puede vivir, basta con buscar otro momento perfecto. Lo que te jode de verdad es que ya no se hacen cosas como "Summertime" y que no hay nadie como Lady Ella y Satchmo.



Un momento cumbre:
Lady Ella y Satchmo
en el Waldorf Astoria
de NY
en 1971.

lunes, 18 de agosto de 2008

Una respuesta

No es verdad que lo importante en la vida sea hacerse preguntas. No vale para nada serio y es una tontería. Vivimos en una sociedad que tiene más preguntas que respuestas. O que solo ofrece respuestas que no están a la altura de las preguntas. Yo creo que el truco consiste en inventarnos respuestas que molan y luego buscar preguntas que casen. No tiene que ser tan difícil que como lo que llevamos haciendo desde que el mundo es mundo.

Lo voy a intentar.

RESPUESTA: Porque la gente tiene mal gusto.

Es una respuesta correcta. Yo creo que es de lo poco inteligente que se te viene a la cabeza casi sin pensar. ¿Qué más da cuál sea la pregunta? Busquemos una que esté a la altura. A ver qué os parece esta.

PREGUNTA: ¿Por qué la gente toma palomitas en el cine y no berberechos al vapor?



Son como pipas.


domingo, 17 de agosto de 2008

En precio

Un amigo mío, Kankoat, siempre utiliza una determinada expresión para definir ese momento en el que pagas la cuenta en un estabecimiento de restauración y no te sientes estafado. Él siempre dice en esas circunstancias que el sitio en cuestión "está en precio".

La entrada de hoy es un intento de elaborar una guía rápida de que está en precio y que no lo está en Madrid en 2008. Es más una pataleta que otra cosa, la verdad.

1. Cañas y cervezas.

Recuerdo que en los 80 pensábamos que una consumición normal (podía ser café, caña o refresco) no podía pasar de 100-125 pesetas. Una copa debía ser, como mucho, 300 pesetas, si era DYC, o 350 pesetas si era JB. Ni que decir tiene que eso pasó a la historia. Hoy, el límite para una copa debe ser 6 pavos, para una caña 3, para un refresco 3 y para un café 1,20. Estos guarismos son superados en Madrid todos los días del año, lamentablemente.

2. Comer de menú.

La realidad delimita una horquilla que va de 7 a 15 pavos por cabeza. Creo que es posible comer de menú de manera excelente por 10-11 pavos. Más de eso es un robo.

3. Comer en un buen restaurante.

Si no tomamos vino o lo tomamos de la casa, no pedimos postre y no hemos pedido demsiados entrantes ni muy caros, no se debe pagar más de 30 pavos por cabeza. Si es así, para no sentirte gilipollas al pagar la cuenta, tienes que haberte comido un plato excepcional, uno de esos que pasan los años y todavía de acuerdas.

4. Comer en un restaurante de Alta Cocina.

No tengo ni puta idea de cuál sería el baremo. No he ido nunca. Pagar 100 y pico pavos por cabeza o más por cenar me parece inmoral.

Uno de mis platos preferidos.


viernes, 15 de agosto de 2008

El tío Phil

Me da lo mismo lo que penséis de mí. No soy un degustador sofisticado de ambrosías musicales ni me gusta el lado friki-basura de la cultura pop. O sea, sí me gusta todo eso, pero no por hacerme el guay ni el raro ni el listo ni el glamouroso. Me gustan cosas que pueden entrar en esa categoría de "ambrosías musicales" o en la del "lado friki-basura". Me gustan porque me gustan. Y punto. Y también me gustan otras cosas.

Una de las cosas que me gustan que no entran en ninguna de esas dos categorías son las baladas de Phil Collins. ¿Tienes algún problema? ¿Sí? Pues lo siento por ti.

El mejor periodista musical de este país es una mujer. Se llama Patricia Godes y yo tengo el honor de ser su amigo. A ella no le gusta Phil Collins, como le pasa a mucha gente, lo cual no me sorprende. (Le gustan artistas mucho peores, aunque como yo soy un caballero no los voy a revelar aquí). Pero le cae bien porque en una entrevista que le hizo fue divertido, amable y no se enfadó cuando Pati le hizo preguntas poco conciliadoras. Antes al contrario, sonrió e hizo chistes.

Yo también le entrevisté hace unos años. Al final de la charla me acerqué a él y le pregunté por un músico con el que ha tocado muchas veces. Un músico por el que yo siento una gran debilidad: Eric Clapton. Y él, fuera de micrófono, sin ninguna necesidad de demostrar nada a nadie, sonrió (como hizo todo el rato ese día) y me dijo:

"Hay gente en esta industria a la que conoces y gente a la que quieres. Eric es de los segundos. Mmm, hace tiempo que no hablo con él, le voy a llamar esta noche".

Una selección de youtubazos maravillosos para cerrar esta entrada:



Un tipo que se ríe de sí mismo.

lunes, 11 de agosto de 2008

De Reclinatorio (VI). "Dejad de quererme"

Cada vez que hablo de una película francesa siento la necesidad de justificarme, lo cual es absurdo. Siempre digo que me gusta el cine que se hace en el país vecino, pero esto también es una gilipollez. Clasificar las películas por nacionalidades es aun más ridículo que hacerlo por géneros. Unas me gustan (ahora) y otras no (ahora), esa es la única diferenciación que estoy dispuesto a hacer.

"Dejad de quererme" ("Deux jours a tuer") es de las que me gustan, ahora y entiendo que en el futuro inmediato. La historia es bonita, por un momento pensé que era una puesta al día, un poco más cínica, de "Un tipo genial". Lo más sobresaliente, para mí, es que tiene un cierto suspense. Es un guión "discursivo" pero, al contrario de lo que suele suceder, también "narrativo". Las cosas pasan cuando tienen que pasar y nos enteramos de ellas cuando tenemos que hacerlo.

Corred a verla. Sobre todo si queréis saber cuál es vuestra patria y la mía y la de todos.



Hacía tiempo
que no salía tan contento del cine.


domingo, 10 de agosto de 2008

Sitios asociados a recuerdos


La mente humana tiene un funcionamiento tan caprichoso que muchas veces se sorprende a sí misma. Quizá no es que sea un funcionamiento caprichoso, quizá es que no encontramos explicación. Hay cosas que yo, por lo menos, no entiendo muy bien. ¿Por qué cuando pasamos por determinados lugares nuestra cabeza empieza a traer imágenes de determinadas cosas que pasaron allí? ¿Por qué unas cosas sí y otras no? ¿Por qué unos lugares sí y otros no?

Ni puta idea.

Casi siempre, cuando paso por delante de la Casa do Brasil, situada muy cerca de Moncloa y la Ciudad Universitaria, me acuerdo de una noche muy graciosa.

En el Barça jugaba Ronaldo. Algunos amigos nos reunimos para ver un Barça-Depor en un bar de la Prospe. Para seguir vivos los blaugranas debían ganar al InfraDepor y no lo estaban haciendo. Faltaban cinco minutos para el final y el marcador reflejaba un 0-0 que le daba la Liga al Madri$. A esas alturas todos pensábamos en cerrar la noche e irnos a casa, cagándonos en todo. Pero apareció Ronaldo, metió un chicharro y el Barça se llevó el partido. Alguien propuso que fuéramos a celebrarlo a la Casa do Brasil y a todos nos pareció coherente. Bebimos y reimos. Creo que nos lo pasamos bien. Me acuerdo de dos momentos míticos.

1. Cuando Kankoat se cargó una cristalera. No sé cómo ocurrió pero estoy dispuesto a creer que fue por perseguir a una maravillosa mulata totalmente mamado.
2. Cuando el Líder Carismático, mientras apuraba una copa, sentenció reflexivo: "Lo que cambia la vida un puto gol".

Al final, el Madri$ ganó esa Liga, así que debería ser un recuerdo amargo. Sin embargo, cada vez que paso por delante de la Casa do Brasil mi rostro dibuja una sonrisa sincera, franca y nada exhibicionista.

Paquirrín, cuando no era Paquirrín.


sábado, 9 de agosto de 2008

¿He vuelto al gin tonic?

Pues no lo sé. Quizá.

Ayer quedé con Merx en los aledaños de Lavapiés, su barrio. Fue una tarde agradable y divertida en la que recordamos los años de trabajo que compartimos en la redacción de 40tv. Hay un periodo en esos 6 años y medio que me pasé currando como un cabrón en esa empresa que recuerdo con cariño. Nos dejábamos media vida en la planta 12 de el edificio de la Torre Picasso, es cierto. Pero aprendí mucho sobre mi profesión y sobre mí mismo. Y conocí a algunos de los mejores periodistas musicales de este país, según mi subjetivísimo criterio.

En esas estábamos cuando Merx y yo decidimos tomarnos una última caña. Ella sugirió la cafetería de la Filmoteca, por aquello del aire acondicionado, y yo accedí. Ese sitio está muy lejos de ser mi bar favorito, además de que no me gusta nada la tropa que se deja caer por ahí. "Solo va a ser una caña", pensé y por eso dije que sí.

Y entonces ocurrió.

Vi una tónica en una de las mesas. Con su rodajita de limón.

No tuve más hostias que pedirme un gin tonic. Ni una caña, ni un Santa Teresa. Un delicioso Gin Tonic.

Hacía mucho que no me tomaba uno y lo saboreé a conciencia. Me acordé de las razones por la que me gustaba tanto. No empalaga, tiene un sabor recio y sienta mejor al estómago que cualquier combinado con la Bebida del Imperio.

Creo que voy a volver.



La bebida de los que saben.

viernes, 8 de agosto de 2008

Biografía de Gregorio Puñal

Hay momentos que definen toda una vida. La de Gregorio Puñal solo puede ser explicada a raíz de su famosa respuesta al rey de España. Un anarquista había atentado contra la vida del monarca, había sido apresado y comparecía ante la autoridad. En ese momento, el rey le ordenó a Puñal, su primer ministro, que lo fusilase. Y este le contestó:

"Majestad, no encuentro ninguna razón para obedecerle".

Gregorio Puñal nació en Atalaya de Cañavate, un pueblo situado en plena llanura manchega. Su padre era maestro de escuela y su madre, pintora de gran prestigio, llegó a exponer su obra en el extranjero.

El joven Puñal fue un estudiante pésimo. Era indisciplinado y, en ocasiones, violento. Ese aspecto de su biografía ha sido silenciado por los historiadores, temerosos de ensuciar la imagen del político español de mayor altura del siglo XIX. Al poco de cumplir los 18 años se trasladó, o más bien huyó, a Madrid. Desempeñó todo tipo de oficios, de afilador a tendero, para acabar escribiendo de toros en "El Liberal". Su faceta de periodista, en la que más cómodo se sintió según sus propias palabras, duró casi una década. Desde las páginas del periódico Puñal opinaba de todo, con rigor y coraje, lo que le valió convertirse en uno de los hombres más influyentes del país.

Cuando diversas personalidades de la política y la intelectualidad decidieron crear un partido burgués (el Partido Confederal), pero con vocación de llegar a las masas, pensaron en Puñal. Primero iba a ser una especie de asesor, con funciones equivalentes a las que tendría en la actualidad un jefe de prensa. Su personalidad arrolladora, no obstante, se impuso y fue elegido Secretario General con el apoyo de casi todos los militantes. Parecía que el Partido Confederal iba a correr la misma suerte que el Partido Republicano de Castelar, pero el empuje de Puñal fue capaz de romper el duopolio que en aquella época formaban el Partido Liberal y el Partido Republicano.

El rey se resistió un tiempo a nombrarle primer ministro. Incluso concibió el disparatado proyecto de formar un gobierno de concentración con el socialista Pablo Iglesias al frente. Puñal no se lo perdonó nunca y las relaciones entre ellos nunca fueron, en modo alguno, cordiales. La negativa a condenar a muerte al anarquista se convirtió en el último capítulo de una historia plagada de desencuentros. En la época se intepretó la actitud de Puñal en el contexto de esa enemistad. Era obvio que el primer ministro no soportaba al rey, al que consideraba inculto, caprichoso y poco preparado para liderar a España en el necesario camino a la modernidad. Hoy, la historiografía más autorizada opina que Puñal actuó por genuina convicción, aun cuando sabemos que no siempre se condujo de esa manera.

Poco tiempo después dimitió y volvió al periodismo taurino. Sus últimos años los dedicó a asistir a la tertulia que todos los miércoles se celebraba en el Café Sava, un local situado en frente del Museo del Prado, en Madrid. A esas reuniones asistían los jóvenes cachorros del regeneracionismo que pretendieron convertir a Puñal en una especie de patriarca, de líder espiritual. Pero él ya no estaba para bailarle el agua a nadie y, poco a poco, fueron abandonándole.

Gregorio Puñal falleció en su casa de Madrid, una soleada mañana de verano. Algunos dicen que fue envenenado pero lo cierto es que su muerte fue certificada como natural. Fue una fugura olvidada durante mucho tiempo, principalmente porque su pensamiento y su actividad política fue muy compleja, lo que impedía clasificarle dentro de algunas de las tendencias mayoritarias. Al margen de sus crónicas taurinas, recopiladas en varios volumenes, Puñal escribió un pequeño tratado que resumía su pensamiento, Apuntes para una España nueva, y una novela, Tijeritas, escrita en sus años de juventud.

jueves, 7 de agosto de 2008

Contra el viento

Voy a revelaros el secreto de la vida. Así, sin anestesia.

Todas las mañanas has de tener a tu disposición calcetines limpios y dinero suficiente para comprarte el periódico.

¿Os he convencido?

Bueno, pruebo otra vez.

El secreto de la vida consiste en huir de las pelis de Bergman.

Un poquito mejor, ¿no? Pero lo intento de nuevo.

El único plan que hay que seguir es el de seguir respirando.

Esta no me convence a mí. Es demasiado "emocional". Emoción de cartón piedra, además. Quizá la mejor sea esta.

Perder el tiempo buscando el secreto de la vida es una soplapollez. Sobre todo cuando se puede emplear en escuchar el "Against the wind" de Bob Seger.



Es más necesario que nunca.


La frase que lo resume todo

¿Cuántas veces nos hemos levatando confusos, sin saber si la noche anterior había sido buena?

Quizá demasiadas.

Yo tengo un truco infalible para que no nos vuelva a pasar.

Si a la mañana siguiente nos recorre la cabeza "la frase que lo resume todo" es que la cosa ha ido bien. La pronuncia el personaje que hace Steve Buscemi en la imprescindinble "El chico ideal".

"Se supone que eran putas, pero yo no recuerdo haber pagado".

Había escrito un análisis pormenorizado de la frase, pero acabo de borrarlo. No hay mejor explicación que la frase misma. Es lo que ocurre con las verdades desnudas.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Oda a mi calva

¿Qué haría yo sin ti?

Tendría que ir a la peluquería.
Tendría que elegir el peinado.
Tendría miedo de quedarme calvo.
Tendría que cuidarme el pelo.
Tendría que preocuparme de las canas que me van saliendo...
Tendría que renunciar a usar sombrero.

Eres mi compañera más fiel.

No me pides nada.
Siempre me escuchas.
Eres la primera en saber lo que pienso.
No me juzgas.
Tampoco esperas que te dore la píldora.
Mi destino está unido al tuyo.

Hasta hace poco no sabía lo que significabas para mí.
Estaba ciego.
Estaba sordo.
Te odiaba.

Y ahora no puedo vivir sin ti.

martes, 5 de agosto de 2008

Mi tripa y yo

Hoy me he puesto una camiseta blanca que me queda un poco justa. La curva de mi vientre se marca demasiado bien en ella. Esta circusntancia banal me ha dado la excusa para trazar una biografía de mi tripa.

1987: Soy un chico flaco. Un día, en el vestuario del colegio, saco tripa y me doy cuenta de que hay algo ahí. Todavía no sé por qué, pero me pongo contento.

Principios de los 90: No sé cuándo empezó a ocurrir, pero mi tripa ha ido creciendo y creciendo. No le doy mucha importancia, simplemente opto por vestir ropa más ancha y voy dando el pego.

1993: Un buen día decido ponerme una chupa vaquera que no usaba desde los 80. No me entra ni para atrás. Soy, oficialmente, un gordo de mierda. No tengo cuerpo de gordo de mierda, pero mi tripa sí es de gordo de mierda.

1994-1997: Intento (sin excesivo éxito y sin demasiada convicción) perder peso. Mis vaqueros de adolescente no me valen.

1997: Me emancipo (por primera vez). Paso hambre. Adelgazo muchísimo pero no se me nota demasiado. Mi tripa, por primera vez en mi vida, decrece. Ocurre en la primavera y el verano de ese año.

1998-2001: Vuelvo a ganar peso y mi tripa vuelve a crecer. Pierdo pelo. Presento un aspecto muy poco juvenil. Descubro que, pase lo que pase, ya siempre voy a tener tripa.

2001: Padezco una violenta gastroenteritis que me obliga a hacer dieta. Pierdo 5 kilos en una semana. Pillo inercia y mi tripa vuelve a reducirse, esta vez más rápidamente.

2002: Mi tripa vuelve a los niveles de finales de los 80. Peso 70 kilos.

2002-2008: Recupero un poco de peso, mi tripa vuelve a hacerse visible. Me mantengo, más o menos, en 76 kilos. A veces, tumbado boca arriba, noto mi estómago redondeado y maldigo aquella primera vez, en 1987, en la que me dí cuenta de que tenía tripa.

NOTA: Esto de tener una humilde bitácora está muy bien. ¿A quién coño le iba yo a contar esta soplagaitez?

domingo, 3 de agosto de 2008

"Esta noche la llovizna de California es copiosa"

Eso es lo que le dice Debbie Reynolds a Gene Kelly segundos antes de que este se disponga a acometer la escena más famosa de la historia del cine.

Ayer me vi "Cantando bajo la lluvia" por enésima vez. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que la vi y me volví a divertir exactamente igual que la primera. No sé, me di cuenta de que el personaje que interpreta Gene Kelly tiene algo de autobiográfico, por ejemplo. O del tono vitalista de las canciones y de los números musicales. Destacan "Gotta dance" (Cyd Charisse en su plenitud), "Let them laugh", "Good morning" o la propia "Singin' in the rain". Un mundo que no existe que, por unos momentos, a veces nos parece más real que este en el que vivimos.

Ver ayer "Cantando bajo la lluvia" me hizo acordarme de las personas que cuestionan el género musical porque "en esas películas se ponen a cantar y bailar de repente y sin razón alguna que lo justifique". Primero, esa afirmación es falsa, los números siempre son parte de la trama si el musical es bueno. Y segundo, un mundo donde la gente se ponga a cantar y bailar como en una cinta de Minelli o de Donen es más entretenido que un mundo donde la gente se tira 1000 horas jugando a la Play.



La superioridad de la mujer (Cyd Charisse)
sobre el hombre (Gene Kelly),
certificada una vez más.


sábado, 2 de agosto de 2008

No soporto el deporte (español)

He sido, y me imagino que seguiré siendo, un consumidor de deporte, tanto por la tele como "in situ". Recuerdo con mucho cariño aquellas largas tardes veraniegas en las que TVE nos obsequiaba con el seguimiento completo de, por ejemplo, unos Campeonatos de Europa de Atletismo. Era muy divertido esperar unas horas a la participación de un, pongamos por caso, José Luis González en las series de 1.500. Un tiempo de expectativas que, normalmente, se veían frustradas porque no podía entrar, ni "por tiempos", en las semifinales. Luego venían las excusas, a cual más peregrina, para justificar que, aunque era aspirante al oro, se había quedado fuera a las primeras de cambio.

Ver a un español triunfar en su deporte, ser dominador incluso, como Nadal o Alonso, me causa una sensación extraña. No es perplejidad, mucho menos es alegría. Diría que es molestia, que se transforma en desprecio cuando veo a las personas españolas adorar a esos chicos como dioses y apelar al patriotismo de bandera.

Siendo todo eso bastante desagradable, hay otra cosa que me ha decidido a no seguir los Juegos Olímpicos de Pekín. Parece ser que para que se puedan celebrar los chinos han decidido que solo circulen por Pekín la mitad de los coches. El motivo es que la contaminación en la capital china está muy lejos de ser aceptable. (NOTA MENTAL: Joder, y menos mal que son comunistas (sic) y herederos de la afamada sabiduría oriental)

O sea, que para que tenga lugar un evento, con coartada deportivo-cultural, sí tomamos medidas eficaces contra el cambio climático. Es decir, para hacer negocio. Lo de salvar el planeta y cambiar a un modelo económico más justo lo dejamos para otro día.



El que está en segundo plano,
detrás de JLG,
es el gran Steve Cram.