Pregúntale al polvo

Vivimos un tiempo de cambio. La era del petróleo se acaba, las soluciones de los neo con se revelan insuficientes, puede que el año que viene haya un Presidente de los Estados Unidos negro, los precios suben, nos quedamos sin referentes. El Capitalismo ha sobrevivido unos años con la coartada de la caída del Muro de Berlín y ya no tiene nada que ofrecer. No hay un ciclo eterno de crecimiento económico, no puede haber pleno empleo en una economía liberal y tampoco puede haber grandes beneficios si alguien no tiene grandes pérdidas. El Tercer Mundo prefiere morir, o morir matando, a seguir pagando las facturas de Occidente.

Vivo un tiempo de cambio. Ya no soy joven, desde un punto de visto cronológico. Tampoco soy un hombre adulto, desde un punto de vista socio-económico. Las cosas que más ilusión me despertaban hace bien poco ahora me la sudan. He vivido unos años narcortizado por una vaga promesa de que todo iba a salir mejor, una promesa que no terminaba de difuminarse y tampoco terminaba de materializarse. Solo sé que tengo dos opciones, ambas igual de válidas. Una, hacer como si no pasara nada. Dos, caminar sin esperanza y sin perder paso. Creo que optaré por lo segundo.

Le he robado el título de esta entrada a mi novela favorita de John Fante.

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