Cada loco con su tema

Para mí, el mejor escritor de la generación "indie" fue un compañero que tuve en la universidad. Ni los Mañas, ni los Lorigas, el que más talento tenía era El Willy.

El Willy estudiaba ¿filosofía? en esa mítica primera mitad de los años 90. Era el decano de mi grupo, todos desheredados de lo académico. Pasábamos las horas jugando al mus y a la pocha, consumiendo aludes de cafés con leche en vaso y botellines. Yo formaba pareja de mus con el Willy. Siempre ganábamos, sobre todo porque El Willy era muy bueno. Como yo le caía bien, me permitía formar equipo con él. No era por mi habilidad porque, como él decía, su mejor pareja sólo podía ser "un espejo".

Era un borracho y un drogadicto. Un mujeriego y un machista. Era borde con todo el mundo. Llegaba al insulto con frecuencia y practicaba el noble arte del menosprecio al mediocre. Yo soy casi el negativo de él, quizá esa es la razón por la que nos llevábamos tan bien.

Le gustaba escribir. No enseñaba casi nunca lo que escribía, de hecho trataba de ocultarlo. A mí me pasó varios cuentos y una novela corta que me pareció extraordinaria. Era una historia caótica escrita como si fuera un vómito. Un agente de los GAL reclutado por la CIA, homosexual y drogadicto, investigando un asunto de un mercado negro de clones. Una cosa rarísima y, a su manera, de una gran altura poética.

Un día El Willy se descojonó de uno de los chavales a los que derrotábamos al mus. Este chico citó a un personaje, Zack, de una teleserie de finales de los 80 que se llamaba "Salvados por la campana". Se refirió a él como su "referente".

El Willy le dijo, casi con hastío:

"¿Ves? Esa es la diferencia entre tu y yo. Tu referente es ese niñato, el mío es Tony Manero".

Yo también soy de Tony Manero. Y no hace falta explicarlo.



No confundir con la Fundación Tony Manero.

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