Hace frío

Esta es una segunda parte, o si nos ponemos cursis un spin-off, de la penúltima entrada de esta humilde bitácora intitulada "Mis 10 momentos más bochornosos".

Eso de escribir mis 10 momentos más bochornosos fue una idea que se me ocurrió una noche de copas, que es un momento en el que se suele estar bastante inspirado. La idea original era enumerar, y comentar, los 10 momentos más bochornosos de dos de mis amigos, cuyas vidas son muy divertidas. O más bien patéticas. Incluso, ¿por qué no decirlo?, grotescas. Hubiera resultado ser una entrada mucho más atractiva. El único problema es que me hubieran retirado el saludo. (Un momento, ¿de verdad eso hubiera sido un problema?).

Otro amigo me comentó que él estuvo tentado de escribir sus 10 momentos más bochornosos. Al parecer, se le ocurrieron muchos. Todos palidecían, sin embargo, frente a uno que me ha contado varias veces y que me gusta tanto que me hubiera gustado vivir en primera persona. Con su permiso, y espero que su entusiasmo, lo voy a contar aquí y ahora.

Mi amigo, al que llamaremos Ricardo por aquello de preservar su intimidad, acababa de dejarlo con su novia de toda la vida. Unos días después fue invitado a una fiesta en una masía, en pleno corazón de la campiña catalana. Ricardo fue solo, sin acompañante. Se lo pasó muy bien, bebió, comió y se sobrecogió con el espectáculo natural que se le presentaba a sus ojos. Estaba feliz, pleno. No tenía ninguna inquietud. El campanario del pueblo más cercano tocó las seis de la mañana, la temperatura era agradable. Todos se habían ido a dormir. Bueno, todos menos una chica a la que Ricardo no recordaba haber visto en toda la noche. La chavala, de pronto, le espetó:

- Hace frío.

Y Ricardo contestó:

- No, se está bien.

Ella no se mostró de acuerdo:

- Hace frío.

Ricardo siguió en lo suyo:

- Que no, coño, que hace un poco de fresco pero se está de puta madre.

Fuera de sí, la chavala se puso terminante:

- Déjate de tonterías, vamos p'adentro, que tú y yo vamos a hacer "guarreridas españolas".

Al día siguiente, el dueño de la casa se lo explicó todo:

- Vamos a ver, Ricardito, no es que tengas que ser premio Nobel para darte cuenta de que esta chica estuvo TODA LA NOCHE tirándote los tejos.

Así que, mi amigo y yo cada vez que tenemos que resumir una situación en la que uno de los protagonistas no se entera de nada utilizamos la expresión de la chica. O sea, decimos que "hace frío".

A mí me "hace frío" tantas veces que ya he perdido la cuenta.



Yo creo a mí me "hace frío" siempre.



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