De reclinatorio (III). "Luna de Avellaneda"

Recupero mis "De reclinatorio", que son textos en los que ensalzo mis películas favoritas. Advierto que suspendo mi juicio crítico, nadie debe esperar ni un gramo de objetividad en las siguientes líneas.

Si hay una película que no me canso de ver es "Luna de Avellaneda" (2004, Juan José Campanella). Cada vez que la empiezo a ver no me muevo ni un milímetro del sillón. Eso es porque apela a cosas que son muy importantes para mí.

En primer lugar, retrata con mucho acierto el deterioro de la sociedad argentina. Y es capaz de ver belleza, cruel eso sí, en eso. Esa fiesta inicial en la que vemos la felicidad, la opulencia, de las clases medias porteñas contrasta con las penalidades que pasa en la actualidad el "Luna de Avellaneda" para pagar una deuda no demasiado exagerada.

También vemos cantos descreídos a la amistad y al amor. La historia entre el borracho y la bailarina es, por momentos, demasiado teatral y, por momentos, demasiado real. Pero a mí me emociona, especialmente la sencilla escena del columpio. Tres cuartos de lo mismo podemos afirmar de la relación que mantiene el protagonista con su mujer después de 20 años de casados.

Por encima de todo, lo que más me gusta es la escena de la asamblea. Muchas veces me he visto yo en situaciones parecidas y muchas veces me ha vencido, sólo transitoriamente, el pragmatismo. Igual que ocurre en la película y por parecido margen, sólo un puñado casi insignificante de votos.

Me gusta porque está hecha casi a mi medida. Puede que sean mejores muchas otras. No, seguro que son mejores. Pocas hay, en serio lo digo, que me interesen más que ésta.




Al final, el chico se va con la chica.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Recuerdo esas asambleas que comentas estimado Maestro

Comparto cada linea reflexiva sobre Luna de Avellaneda

Un abrazo!
Javi Metalkas