Clapton y yo

Fue el mayor piropo que he recibido en toda mi vida. Me lo hizo una chica hace más de quince años sin ser consciente de lo que decía. Incluso en ese momento yo sabía que lo que me dijo no era verdad. Un día, en la cafetería de la antigua Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, afirmó, sin el menor asomo de duda:

- Te pareces a Eric Clapton.

La llamábamos “la hippie” y no sé por qué. Quizá fuera porque se convirtió en la primera tía que conocíamos a la que le gustaba el rock y no los Hombres G. Al final de mi periplo universitario, allá por la primavera del 96, me reencontré con ella a la salida de la Biblioteca, esta vez de la nueva Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, y me dijo que su grupo favorito eran los Dinosaur Jr. Sí que sabía de música la chavala. Nunca más la volví a ver.

Lo cierto y verdad es que yo no me parezco a Eric Clapton. Entonces lo idolatraba y empecé a dejarme barba, allá por el 91/92, por él. Quizá esa el motivo que eligió “la hippie” para decirme aquello. A pesar de que mis gustos empezaron a evolucionar siempre quedó un lugar en mi corazoncito para él. Viajé a Barcelona sólo para verle tocar y fue muy decepcionante. Presentaba un disco muy aburrido para mí, “From the craddle”. Aún así, recuerdo que me emocioné cuando salió al escenario. Ya en este siglo XXI me desquité con un concierto que se celebró en el Palacio de los Deportes de Madrid, antes de quemarse. Entré de gorra porque un capo de Warner, me hizo pasar con los fotógrafos. Fue porque unos días antes había entrevistado, con gran éxito, a otro extraordinario guitarrista, John Frusciante, el de los Red Hot Chili Peppers. Clapton tocó esa noche "White room”, “Layla” y “Wonderful tonight”, nada menos.

Hace un par de días terminé de leerme su autobiografía. En el “Ruta 66” de este mes no la ponían muy bien. A mí me encantó porque es muy sincera, en cuanto a su vida personal y en cuanto a su trayectoria como músico. Es cierto que resulta demasiado escueta, pero ya sabemos que los solos de guitarra de Eric destacan por su economía de medios.

Dice que su “Unplugged” no le parece un disco bueno y que nunca entendió por qué vendió tanto. Recuerdo que a mí ese trabajo no me gustó nada. La versión acústica de “Layla” es una broma de mal gusto. El aspecto de profesor de Lenguaje que tiene en la portada tampoco ayuda demasiado. Comparar ese “Unplugged” con otros, como el de Nirvana sin ir más lejos, no deja a Eric en muy buen lugar. También da en el clavo, según mi punto de vista, cuando detecta el mayor mal de Cream, el trío que él formó junto al bajista Jack Bruce y al baterista Ginger Baker. Su teoría es que aquello fue una batalla de egos y que nunca podría funcionar a largo plazo. Además, coincide conmigo en señalar sus mejores discos. Yo también creo que “Eric Clapton” (1970), “461 Ocean Boulevard” (1974), “Slowhand” (1977) y “Journeyman” (1989) son estupendos.

También es muy emocionante cuando relata sus problemas con la heroína, con el alcohol y con las mujeres. Ni un gramo de auto compasión hay en sus palabras. Es honesto consigo mismo y con su, a menudo, deficiente comportamiento con los demás.

Esto no es una recomendación. Simplemente, es un homenaje a ese chico de Ripley, Surrey, UK. Su nombre es Eric Patrick Clapton y yo soy clavadito a él.

Si no os lo creéis, preguntadle a “la hippie”.


Comentarios

Tamel ha dicho que…
Hombre lo del parecido a Clapton yo creo que va más por el rollito del EGO ¿No?
Vencido ha dicho que…
Pues no. Ya he dicho que el parecido estaba en la barba. Ni Clapton ni yo tenemos un ego desmesurado. Me hubiera ido mejor de ser menos humilde, la verdad.

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