Novísimo cuento de Navidad

Hacía mucho más calor del habitual en estas fechas. Incluso se había dado un bañito en el Pacífico antes de desayunar. Poco después recibió la llamada del gerente del hotel. Esa misma mañana había aparecido un cadáver, el del magnate inglés de los negocios John Smith. "Sólo los tontos trabajamos el día de Nochebuena", pensó mientras se dirigía en su propio y vetusto coche al Haçienda.

Fue a la habitación en la que habían encontrado el cuerpo. La policía había llegado ya y le explicaron lo ocurrido. Smith, junto a todo su séquito, mayordomo incluido, había llegado la noche anterior. Se habían escuchado, a eso de las 3 de la mañana, ruidos en la planta que ocupaba todo el personal del multimillonario. El recepcionista subió y no le pareció que hubiera nada raro. A las 7 y media, su mujer, una conejita Playboy que ha resultado ser la heredera universal, llamó a la policía porque Smith había muerto.

Lo primero que hizo fue hablar con la conejita Playboy. No tenía coartada. Tenía motivos, oportunidad. No pudo haber entrado otra persona en la habitación aparte de ella. El caso estaba claro. Ante tal cascada de pruebas en su contra, la conejita le sugirió hacer un trato por el que ella pagaba, en carne y en oro, para que él mantuviera la boca cerrada.

"Como en las malas películas, el asesino es el mayordomo", declaró Pietro Meneghin, detective privado, a la policía.

Esa noche la Navidad llegó al hogar de un detective privado y al de una conejita Playboy.

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